El entramado de la lucha electoral

Mateo Malahora

Es más fácil engañar a la gente que convencerlos de que han sido engañados.

Mark Twain

Si pudiéramos borrar este pedazo de la historia colombiana con más cincuenta años de enfrentamiento bélico la sociedad estaría más tranquila, pero no se puede.

Por ahora, los adversarios de la paz que se pactó en La Habana consideran que lo estipulado es procedente y la firma de Cartagena tampoco es simbólica, mientras por fuera de la votación los propios antagonistas del proceso, si hubiese otra elección, en teoría votarían por que cese el conflicto. La terminación del conflicto no está acribillada.

Lo que subyace en el entramado de la paz es la lucha de dos bloques políticos, -Gramsci-, que amalgama a las clases dominantes en torno al poder presidencial, tanto para acceder a él como para mantenerlo.

Se trata, para entender el escenario actual, revivir la fábula del zorro transformado, que nos recuerda cómo logró mejorar su imagen, desembarazarse de la perfidia, sacarse ante los pastores (me refiero a los cabreros) el diablo del cuerpo, posar generosamente y mostrar una careta generosa.

En otras palabras, el uribismo debe aparecer como el “salvador supremo”, para que los ciudadanos electores respalden sus teorías y propuestas que, incluso, pueden ir más allá de los convenios aprobados. Para que los novicios lo entiendan: es un juego donde ellos se pueden restear.

En un tipo de democracia como la nuestra el engaño, como en la guerra, es legítimo y permitido, sus estrategias se consideran válidas. No es perfidia.

Los protagonistas consideran que la ortodoxia no es arma confiable sino en ciertos momentos históricos, pasado el conflicto electoral, donde subyacen intereses personales, los guerreros cambian la estrategia. El éxito radica en quedarse con la opinión ciudadana, moldeable y dúctil por los medios masivos de comunicación.

Todo, para ponerlo en otros términos, se trata de no dejarse imponer coyunturas ajenas, sino “trabajar, trabajar y trabajar” para tener la posibilidad de crear las propias.

El expresidente Álvaro Uribe Vélez sabe para dónde va. No peca de ignorante, como lo catalogan sus más enconados adversarios; si para que uno de sus mejores palafreneros, como Iván Duque, Carlos Holmes Trujillo y Alejandro Ordóñez tiene que aspirar al poder y debe aparecer como un amansador de caballos, no tiene ninguna dificultad en ostentar que fue un domador experimentado.

Para su faena democrática disfruta de alfiles que no tiene la partidocracia, hábiles en argucias y, sobre todo, en marrullerías y trapisondas. Tienen, además, inteligencia y talento.

En la base de los electores rasos goza de una credibilidad rayana en la feligresía, superior a la de Alejandro Ordóñez, que es un simple monaguillo; si dice ante los medios que lo convenido en La Habana ha deteriorado la instituciones, que comienza en la justicia y la igualdad ante la ley, lo dicho por él se convierte en una plegaria. Lo mismo ocurre si dice lo contrario.

Francisco Grossi ha dicho que no hay situación más funesta que dilapidar la confianza en las instituciones y vivir con temor indisoluble. Esa fue su tesis de “poder volver a la finca” de recreo, no finca productiva y le dio resultado.

Esto me hace recordar a un conferencista que en un seminario de ciencias políticas señaló:

“Usted puede decir lo correcto respecto a algo y nadie lo escuchará. Tiene que decirlo en tal forma que la gente lo sienta en sus entrañas. Porque si no lo siente, nada sucederá”.

“La verdad no es tal hasta que la gente cree en usted, y no puede creer en usted sino sabe lo que dice, y no puede saber lo que dice sino escucha, y no le escuchará si usted no es interesante, y sólo será interesante si dice cosas en forma imaginaria, original, fresca”.

Verdades tediosas y soporíferas, -como las que dicen los senadores Serpa y Benedetti-, nunca fueron tomadas en cuenta.

Parte de estas apreciaciones se hicieron en la reunión de organizaciones sociales convocada por el Cima el martes de la presente semana y que coincidió con las apreciaciones del Gobernador Oscar Campo y los alcaldes del departamento. Además en ella se ratificó el Cese al Fuego y de Hostilidades Bilateral y Definitivo; trazó la necesidad de una Diálogo Nacional con el Eln; la presencia de los estudiantes y las mujeres, la Sociedad Civil Popular en la Mesa Nacional; realizó un análisis de la confrontación plebiscitaria; desveló la personalidad política vulnerable del Expresidente Uribe, así como las debilidades del Presidente Santos y las visibles decisiones de los cuatro departamentos del sur occidente colombiano que rechazaron la continuación de la guerra en la disputa electoral pasada. Al general Londoño le decimos que guarde los fusiles porque el pueblo colombiano se está organizando para la paz y que los grandes enemigos son las corporaciones económicas, como ya está demostrado. Hasta pronto.

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