El ‘estruendoso’ silencio del Concejo de Popayán

Nada o muy poco ha dicho el Concejo Municipal de Popayán frente al posible caso de corrupción de uno de sus integrantes. Ni la mesa directiva o la bancada liberal, ha emitido concepto alguno respecto al escándalo del concejal Luis Sánchez, señalado de hacer uso de maquinaria pública en terrenos privados que luego serían vendidos para desarrollar proyectos de urbanización.
En el lío también está envuelta la Secretaría de Infraestructura de Popayán, dependencia responsable de la administración y manejo de toda la maquinaria empleada para intervención y arreglo de vías en veredas y corregimientos de la zona rural de la ciudad. Por tanto, no es una, sino dos las partes, hoy en duda entre la ciudadanía payanesa.
Frente al caso, el silencio es rey entre los concejales. Todos han guardado silencio, al menos en público. En privado todos los corporados hablan pero públicamente impera el miedo. Salvó tímidas declaraciones, -obtenidas con ganzua por periodistas locales-  todos sin excepción, prefieren hacerse los de ‘la vista gorda’.
Y aunque ellos no deben responder por los escándalos de un solo corporado, deja mucho para pensar su pasividad y calma. (¿O alcahuetería?) Sobre todo cuando varios se hicieron elegir con discursos de transparencia y honradez, y juraron ante sus electores velar por el interés público.
Ese silencio, insisto, incuba la sospecha y la duda. No es bueno callar cuando un escándalo está sobre las mismas mesas donde sesionan para los ciudadanos. Y no lo es porque está de por medio la protección de lo que Antanas Mockus considera sagrado: el patrimonio público. Por eso enmudecer no ayuda, al contrario, acolita. Es un aplauso a la corrupción. Y en Colombia eso nos da asco.
No es la primera vez que la Corporación edilicia local acapara titulares de prensa. Uno de ellos, la polémica aprobación mediante la cual se privatizó el servicio de aseo urbano. Proceso, hoy en el ‘ojo del huracán’, por el regular tratamiento de residuos sólidos en el Relleno Sanitario Los Picachos. Problema que ya le huele mal a todos los payaneses. La lista de ejemplos en las que no queda bien parado el Concejo, es larga. Podríamos seguir.
En estas coyunturas es cuando el ciudadano espera más de sus representantes. Ni por un momento los concejales deben olvidar que son ciudadanos sentados en un curul otorgada por la gente. Por eso la defensa de lo público debería ser suficiente para llevarlos a pedir acciones jurídicas. Es lo mínimo en una corporación que se precia de ser honorable y de estar al servicio social. No es un pedido del otro mundo, es su obligación.
El Concejo Municipal no puede convertirse en una caja llena de manzanas podridas. Dejar contaminar ese recinto es permitir anidar todas esas cosas que los ciudadanos del común rechazamos. La corrupción, la tajada y el serrucho, no deberían ni siquiera aparecer en el orden del día. No puede haber, en este caso, ni proposiciones ni varios.
Por supuesto, no todo es malo. Hay concejales decentes cuyo principio rector no nos deja perder la esperanza. Pero también el silencio de esos ciudadanos buenos le da fuerza a la corrupción. Eso también es complicidad. Se peca por acción pero también por omisión.
He aquí el reto del Concejo Municipal: romper el silencio y ayudar a que este caso, que no es de poca monta, tenga una investigación célere y eficiente. No se trata de personalismos sino del interés de toda una ciudad. ¿O caerá el Concejo en esa premisa del que calla otorga?

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