La noviolencia contra la violencia

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La Defensoría del Pueblo se viene posicionando en el escenario de la paz como un organismo del Estado llamado a convertirse en una institución que convoca a la Noviolencia en toda la geografía nacional.
 
Esa caracterización, que ha salido de los protagonistas de la guerra, de los actores de la paz y gestores de la convivencia, gana espacios en todos los sectores que vivieron la confrontación armada y sufrieron los rigores de un enfrentamiento absurdo que convivió con una forma de vida que no rompió la unidad del país pero desgarró a la sociedad.
 
La noviolencia es una práctica social, política e ideológica que tiene sus raíces en nuestros propios muertos y hunde su historia en Carlos Pizarro, José Antequera, el Coronel Franklin Quintero, sin contar las víctimas del holocausto que nos dejó la muerte de Guadalupe Salcedo y la figura sin par de Jorge Eliecer Gaitán, como la de Galán y Álvaro Gómez Hurtado, que son la consecuencia de un país moldeado por el odio.
 
Más allá del ámbito colombiano la noviolencia tiene su doctrina en Gandhi, Luther King y Nelson Mandela, desconocidos, ensombrecidos, opacados y olvidados, con excepción de La Defensoría del Pueblo colombiana, que acuñó una frase que ha ofrecido credibilidad y confianza en la convivencia pacífica: “Derechos Humanos Para Vivir en Paz”.
 
La noviolencia que hoy se plantea en las disertaciones formuladas por el Defensor Carlos Negret Mosquera es una posición que valora los lineamientos de la institución más admirada en el país, respaldada por sus  acciones frente al desplazamiento forzado, las minas antipersonas, el secuestro, la amenaza, el homicidio por razones políticas, el reclutamiento de menores, las ejecuciones extrajudiciales, la desaparición forzada, el despojo de tierras, entre otras infracciones, que ha dejado el torbellino de la guerra.
 
Son enfoques defensoriales no solo contemplados en la Constitución Nacional, sino que también hacen parte de construcciones sociales,  como el sentido de la fraternidad, la resistencia y condena al uso ofensivo y provocador de la fuerza y el poder.
 
Esa tesis no planteada, pero vivida, expuesta en los foros ciudadanos, es de carácter ético, espiritual y humanístico; renuncia al uso de las armas,  es una abdicación a la violencia, una exigencia de hacer valer los derechos humanos y quitarle el piso a quienes muchas veces desde el Estado acuden al terror para imponer sus criterios y pasiones.
 
La noviolencia procura e intenta reducir el sufrimiento humano y terminarlo; por eso la familia de la Defensoría no solo es bien recibida por las comunidades sino que la sienten como propia.
 
¿Cómo no hacer de la noviolencia un comportamiento social que responda a la naturaleza de la vida, si es una sana conducta que en el ámbito del conflicto militar, que hoy llega su fin, impugna los métodos bélicos para imponer argumentos?
 
No obstante, no será fácil implementar la reconciliación, la cultura de la guerra hay que desarmarla en las próximas generaciones con la paz cultural, la paz social y la paz estructural.
 
Tampoco podemos que confundirla, frívolamente, con la firma de un acuerdo, la paz debe ser un camino para vencer las violencias, que se manifiestan en la construcción de estructuras de poder que impiden dar solución colectiva a las necesidades humanas.
 
Son tiempos de los desheredados y necesitados, de los despojados y excluidos, de los limitados y los que no han gozado de protección y defensa; tiempos, como lo ha dicho el propio Presidente Santos, para invertir en desarrollo equitativo lo que se malversó en la guerra.
 
Viene un futuro para la búsqueda de la verdad, que tiene aristas sensibles que exasperan a los artífices de la confrontación, que requiere un lenguaje que no  ofrezca a las palabras razones para justificar la fuerza bruta sino buenas razones para vivir en paz, crecer en paz y morir en paz.
 
Valorar la filosofía de la noviolencia nos tiene que llevar a rechazar la muerte, la tortura y la esclavitud en todas sus modalidades; nos debe conducir a humanizarnos y reprobar toda acción contra la vida.
 
La noviolencia, que  se desprende de las enseñanzas de la Defensoría, no es simplemente un enunciado institucional, una formula vacía, tuvo éxito con Gandhi; la noviolencia implica asumir moralmente total indiferencia contra la violencia, impugna la violencia directa, la violencia cultural, y la violencia estructural, le rinde homenaje a la vida.
 
Lo decimos en otros términos: es una forma de lucha no armada contra la injusticia, hasta que democráticamente podamos construir un Estado que corrija, rectifique y enmiende la injusticia social y ponga punto final a los poderes nepóticos, la corrupción, el autoritarismo y la arbitrariedad. Hasta pronto.

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