El mundo cambió y con él, la dinámica laboral.

Según el HR Trends 2016 de Deloitte, que entrevistó a más de 7.000 líderes de recursos humanos en más de 130 países, las organizaciones eficaces, están soportadas en equipos cualificados que se articulan con nuevos modelos de gestión.

Según el informe el 92% de las empresas encuestadas, ve el rediseño de sus empresas, como estratégico, para dar paso a una jerarquía vertical, con redes de equipos autónomos, habilidades comunicativas y flujos de información, de la mano de la tecnología y el trabajo colaborativo.

Esta nueva cultura compartida deberá reinventar el lugar de trabajo, apoyado en nuevas tecnologías, la estrategia del negocio, la diversidad y la inclusión. Al respecto, quiero destacar algunos elementos que pueden orientarnos:

Primero, los equipos de trabajo pequeños son más productivos a la hora de lograr resultados rápidos, mejorar la participación de la gente, y estar más cerca de su misión. La lógica es sencilla: entre grupos pequeños, sus miembros se conocen mejor y aprovechen sus fortalezas de comunicación.

Segundo, hacemos parte de un nuevo contrato social entre empresas y trabajadores: la relación empleador-empleado es distinta: hoy con la flexibilidad organizativa abundan trabajadores para tareas específicas, freelance y de tiempo parcial.

Tercero, la revolución digital alteró lugares de trabajo, formas de trabajar y modelos de negocio, lo que nos obliga a realinear los equipos con los dispositivos móviles, web y aplicaciones existentes, para laborar de forma horizontal, compartir material, y estar al tanto de las interacciones del cliente y las respuestas a sus inquietudes.

Cuarto, la velocidad de cambio se acelera cada vez más. La disrupción tecnológica es evidente y el ritmo de los cambios demanda organizaciones más ágiles, con modelos de negocio novedosos y respuestas rápidas a los retos del mercado, con la innovación como común denominador.

Quinto: la movilidad social y la transformación demográfica, han obrado cambios en la mano de obra y en su enfoque de inclusión. Hoy los Millennials representan más de la mitad de la fuerza de trabajo y su gestión aporta novedosas oportunidades de aprendizaje y desarrollo.

Sexto: el empleado es un centro de generación de experiencias, lo que demanda de las organizaciones que los escuche continuamente y diseñe experiencias diferenciales para enamorar y retener a sus talentos.

Séptimo: el poder de lo simple. Es necesario hacer todo más sencillo y fácil y en esta labor de simplificación, la tecnología es transversal a muchos procesos.

Octavo: La cultura de la organización que incluye valores y creencias que impactan en el comportamiento de las personas, es estratégica. Ella impulsa o retrasa a la compañía, en la medida en que está alineada o no a la estrategia empresarial, la innovación y el servicio al cliente. Aquí hay un cuello de botella: muchas empresas deben poner atención en sus procesos de consolidación, medición y manejo.

Resumiendo: En esta época de ajustes, el cambio de organización es transversal y necesario para apuntalar la estrategia de su empresa. Antes de hacer cualquier cambio, sería ideal identificar las prácticas que deben ajustarse, para luego, gestionar la cultura de forma alineada con los objetivos de negocio. Es un proceso iterativo que requiere hacer mucho PHVA: planear, hacer, verificar y ajustar.

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