Para innovar

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La semana anterior, tras una reunión de trabajo con un grupo de jóvenes que trabajan para ser innovadores, concluimos de forma conjunta, que una verdadera cultura emprendedora, necesita identificar flujos de información, como base de la confianza y del trabajo en redes que vincule a empresas, gobierno y organizaciones de la sociedad civil.

Esa misma semana leí  a Adolfo Zableh Durán, en su columna, Los emprendedores, y coincido con él. Hay mucho charlatán que aparece en los sitios más taquilleros de nuestras ciudades y en verdad, venden humo. Claro, no en la proporción del caso Theranos por ejemplo, pero sí de forma que estos personajes, gestionan proyectos que tras un determinado tiempo no muestran avances, ni cumplen con lo prometido y lo peor, siguen a expensas del humo: recaudando recursos públicos y privados.

Pregúntese ¿cuántos de este tipo conoce? ¿Ha escuchado de alguno? Mi respuesta al respecto es varios y si, sigo escuchando de los proyectos super guau, a los que no se les ve cara, ejecutorias y meno, beneficios.

Mi madre decía que el mejor maestro para lograr el éxito, era el fracaso más reciente y es cierto, del ensayo-error aprendemos siempre, al punto que es posible identificar aquella modificación, alteración o innovación, que personalmente considero, nos ayudan a agregar valor a lo que hacemos o por lo menos a modificar nuestra realidad.

En los Estudios de las Políticas de Innovación para Colombia, la OCDE recomendó  incrementar la innovación en el sector empresarial, de servicios e industrial, de la mano con la mayor inversión en recursos humanos; es necesario invertir la pirámide: replantear la financiación de educación superior y formar talento en actividades empresariales con alto componente de conocimiento, de tal forma que la movilidad laboral se haga realidad.

Es cierto que en algunas de las universidades, existen semilleros, grupos, pese a lo cual, aún falta mucho para consolidar auténticas alianzas con el sector empresarial. Otro punto es el bajo nivel de investigación de calidad que tenemos como plataforma para nuevos desarrollos. A muchos alumnos hoy, se les dice metodología, investigación, proyecto y de inmediato no tienen tiempo, están muy ocupados y nos tildan a quienes los motivamos a investigar, como “brontosaurios” aburridos y con poco o nada que aportar.

Es por eso que si queremos lograr que el sector empresarial, avale la innovación es necesario aterrizarla en acciones diarias y métricas e indicadores permanentes, que la midan y que se vinculen a los procesos y estrategia de las empresas, de los sectores, de tal forma que se agilicen, sean flexibles y se ajusten a las nuevas necesidades del mercado. Para que dejen de ser humo y se hagan realidad. Tal como ocurre con los requisitos que algunos inversionistas ángeles, plantean para apoyar el avance de startup por ejemplo.

En pocas palabras, con la coyuntura que vivimos ahora y de cara a los desafíos y brechas sociales que tenemos en esta bella y resiliente Colombia, hay que preguntarnos entonces, ¿Cuál es la efectividad de las innovaciones actuales, frente a la superación de los índices de pobreza multidimensional que tenemos como sociedad? Ahí hay mucha tela de donde cortar y mucha gente que en verdad se podría beneficiar con hechos tangibles y proyectos que traigan beneficio a todas las partes.

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