El planeta se quedó pequeño

Cuando conocí a Fidel Castro Ruz, con motivo del Encuentro Internacional de Solidaridad con Cuba, en diciembre de 1994, en el auditorio del Hotel Nacional, realizado en momentos que en La Habana, para ser explícitos, se habían acabado las palomas y los gatos.

Tal era el bloqueo, sistemático, ordenado, persistente e inhumano, que en esa oportunidad se conoció como “periodo especial” y se llegó a cocinar por cuadras.

Las penurias y necesidades, provocadas por “el embargo económico”, eran inconcebibles, y solamente la solidaridad universal y el valor de la sociedad cubana pudo salvarlos.

Escuchamos esa semana de diciembre a Fidel y, Sergio Corriere, de quien me había hecho amigo, miembro del Consejo de Estado, dramaturgo, escritor y poeta, nos ubicó en un lugar donde apreciamos de cerca la intervención y pudimos saludarlo.

El bloqueo llevaba ya 30 años. Comenzó su intervención explicando que el encierro era igual a la forma como se cercaban las ciudades de la Edad Media.

El hambre se podían observar en el pueblo, era ostensible el deseo de abandonar la Isla.

Recuerdo que el Presidente se refirió al apetito de la Guerra Fría, ya terminada, pero que permanecía como un propósito colonial.

Cuba había pertenecido a Estados Unidos, económicamente, hasta enero de enero de 1959, cuando adoptó un modelo diferente.

Allí supimos que Cuba había erradicado el analfabetismo, la segregación racial, de sexos, -cuando nosotros apenas hablamos de discriminación de género-, distribuyó más equitativamente la riqueza, otorgó, en la práctica, igualdad de oportunidades para todos, dio educación gratuita y servicios de salud, pero sobre todo devolvía el orgullo de país, como se vio en los millones de Cubanos que despidieron a su líder.

Recuerdo que dijo: “Los que pensaron que con la desaparición de La Unión Soviética era el fin de los días tendrán que aguardar”, y en efecto todavía siguen esperando.

Sergio Corriere me dijo en sentido metafórico una cita muy común en la Isla: “Si cuando nos quitaron toda la tecnología norteamericana nos amputaron las manos, con la caída del Bloque Soviético nos cercenaron los pies”. Los soviéticos paliaron el hambre durante años.

Estados Unidos no escucharon a la opinión mundial. Hasta hace poco la ONU pidió levantar el embargo.

Habló de las reformas que estaban haciendo para integrarse a las nuevas realidades internacionales, y sostuvo que quien dijera lo contrario era un ignorante o era víctima de la gigantesca maquinaria propagandística o mentía premeditamente, como aún ocurre.

Hay frases que no pueden olvidarse: “Si hacemos reformas, como ocurrió en la agricultura, cuando se permitió ser propietario de pequeñas fincas, era ir a un capitalismo salvaje, no hacerlas era ser antediluvianos, renegar a los principios”. “Palo porque bogas y palo porque no bogas”, lo que produjo risas.

Recordó que en esa fecha se conmemoraba cien años de la caída en combate de José Martí, donde cayó un payanés, cuyo nombre no recuerdo, y el General Avelino Rosas, bisabuelo de Miguel Fernández.

Su alusión termino diciendo. “Amigos de todo el mundo, a quienes damos una fraternal bienvenida a este encuentro que, desde ya, es una nueva victoria en ese largo recorrido caminado hacia la equidad, la justica y la libertad”, como lo ha reconocido la ONU y la UNESCO.

El evento giraba en torno al bloqueo, que era lo que necesitábamos saber y escuchamos, de primera mano, que Estados Unidos había prohibido realizar cualquier actividad comercial con su país, como venderle maquinaria, alimentos, petróleo y medicinas.

Una Aspirina era prohibitiva en Cuba, un anticancerígeno no se conseguía, una droga para atenuar el sufrimiento de los enfermos terminales, impensable. Hoy Cuba es pionera mundial en salud.

Entendimos el bloqueo: ¡Nada, absolutamente nada, se le podía vender a Cuba, ni un bombillo!

Recordamos, como si fuera hoy, cuando Fidel señalo: “La Nación más rica del mundo, no está a 90 millas, sino a unas pulgadas de nuestras costas, en el territorio ocupado de La Base de Guantánamo, el poderoso imperio no está cerca de nosotros, sino que está dentro de nosotros, con sus ideas y su propaganda del “sueño americano” y, en efecto, esa noche sintonizamos una emisora de Miami.

Cábela al Presidente Obama, con ideas liberales, redimir el comercio y el turismo, tímidamente, y permitir que los cubano-americanos regresaran a su patria, a sentir la cubanía, lo más sensible para un isleño.

Cuba está allí, rechazando la guerra, que alguna vez auspició, con millones de hombres y mujeres que en La Habana y en el mundo despidieron a “Caballo Grande”, como el pueblo también lo conocía afectuosamente. El planeta se quedó pequeño.

Sobre Estados Unidos dijo una frase inolvidable en el encuentro: “El campeón de los Derechos Humanos mató búfalos e indios y acabó, incluso, con los búfalos”. Hasta pronto.

Comentarios

comments