12 de octubre: día de las víctimas indígenas y afro-descendientes

/ Opinión
Por: Periodicovirtual.com

12 de octubre: día de las víctimas indígenas y afro-descendientes


Por: Gabriel Bustamante Peña

En el año 2011, en medio de las concertaciones para la construcción de lo que sería El Decreto Ley 4633, que estipula el derecho a la atención, reparación y restitución de derechos territoriales a las víctimas de las comunidades indígenas, surgió la pregunta de ¿Qué fecha debería tomarse para efectos del derecho a la verdad histórica y la reparación simbólica de estos pueblos? Ante lo cual, un viejo taita Misak dijo sin titubear: “Si realmente quieren reconocer el proceso de despojo histórico y la continuación del genocidio indígena, la fecha de referencia para un proceso reparador debe ser el 12 de octubre de 1492”.

El Decreto Ley 4633, o Ley de Víctimas de Pueblos Indígenas; y el Decreto Ley 4635, o Ley de Víctimas para Comunidades Afro-Descendientes, es una legislación especial que desarrolla el principio constitucional de protección a la diversidad étnica y cultural de la nación, que ratifica y refuerza los pronunciamientos de la Corte Constitucional, cuando en su jurisprudencia, especialmente en los autos 04 y 05 de 2009, de seguimiento a la sentencia T-025 de 2004, declara la vulnerabilidad histórica de los pueblos indígenas y afros, denuncia su peligro de extinción física y cultural, y ordena su protección diferencial inmediata, su atención específica y su reparación integral.
De esta forma, las leyes de reparación étnica trajeron importantes prerrogativas: como la obligación del Estado a reconocer las injusticias históricas cometidas contra estos pueblos; el derecho a la reconstrucción de la verdad histórica, desde la mirada indígena y afro-descendiente, y a conocer y difundir dicha memoria histórica y ancestral; el deber de recordar las causas y mecanismos de dominación, como fundamento de la superación de la actual opresión y discriminación; el derecho a la reparación simbólica, por hechos ocurridos en cualquier época, tendiente a eliminar todas las formas de discriminación estructural, al reconocimiento público de los hechos, y al restablecimiento de su dignidad. Proceso de reconocimiento que fue reforzado en el Capítulo Étnico del Acuerdo Final de Paz, incluido ante la protesta de las comunidades indígenas y afrodescendientes por su exclusión en el proceso de la Habana.
Por este motivo, sería incoherente y contradictorio que el Estado colombiano, o entidades civiles y eclesiásticas como la iglesia católica, o la comunidad internacional que acompañan el proceso de reparación integral a las víctimas, y la aplicación del proceso de paz, sigan tomando el 12 de octubre como una fecha de celebración absurda de falacias como el descubrimiento de América, el día de la raza, el día del idioma o el día de la evangelización.

Este 12 de octubre se cumplen 528 años de la invasión imperial europea a un territorio que tenía sus propias existencias temporales, materiales, políticas, culturales y cosmogónicas. Celebrar el “descubrimiento” de América es continuar negando la existencia de todo un continente y sus habitantes, los cuales fueron masacrados y esclavizados por su oro y por su plata, en un proceso de expoliación que, aún hoy, no termina.

Mucho menos podemos celebrar el 12 de octubre como el día de la raza, o el día del idioma, o el día de la evangelización, cuando lo que estamos festejando fue el criminal exterminio de etnias enteras, la esclavitud de pueblos indígenas indefensos, y el secuestro y vejación de seres humanos cazados en África, y traídos a América como animales para servir a la codicia europea. La conquista desapareció para siempre pueblos indígenas y africanos, asesino a más de 50 millones de seres humanos, borró de la faz de la tierra la mayoría de sus dialectos y lenguas, que jamás volverían a ser escuchados, y sacrificó sus dioses y creencias, imponiéndoles una cruz, ajena totalmente a su forma de vida material y espiritual.

Hoy, 528 años después de iniciado el genocidio a los pueblos indígenas y afrocolombianos, son estas comunidades las principales y más vulnerables víctimas del conflicto armado; son los condenados al atraso y al abandono histórico del Estado; los que registran más muertes infantiles, más enfermedades, más analfabetismo, más despojo y más condiciones de miseria estructural.
Por esto, este 12 de octubre fuera de celebrar situaciones desatinadas y ofensivas con las víctimas de estos pueblos, deberíamos hacer un debate crítico como nación. Las universidades en vez de jornadas culturales insulsas, deberían realizar una reflexión profunda de lo que fue la conquista española, sus consecuencias y su nexo histórico con la situación actual de los indígenas y afrocolombianos, y el racismo estructural de la sociedad colombiana; los colegios deberían promover un minuto de silencio para las víctimas del genocidio, al que fueron sometidos los que habitaron antes de nosotros este territorio, y por los arrancados de su hogar en África para ser esclavizados y masacrados.

El Estado colombiano debería establecer el 12 de octubre como día nacional de las víctimas indígenas y afro-descendientes, y promover actos de reparación simbólica y sensibilización masiva contra la discriminación; y por último, en un acto de paz y reconciliación histórico, el embajador de España en Colombia, Pablo Gómez de Olea, debería pedir excusas públicas a los pueblos que sometieron y masacraron sus antepasados, y Monseñor Luis José Rueda Aparicio, en nombre del Catolicismo, debería pedir perdón por el papel de la iglesia en el genocidio y esclavitud de indígenas y negros, producido en la conquista de lo que hoy llamamos América.
Ahora bien, una vez reconstruimos la dolorosa verdad de la conquista, nos reconciliamos con ese pasado de opresión, y avanzamos a construir un proyecto de nación donde quepamos todos, es bueno entender que Colombia más que una sociedad pluriétnica y multicultural, es una nación híbrida. Lo que somos hoy es el fruto de un encuentro, violento si, pero al final encuentro simbiótico entre tres mundos, tres continentes y tres razas: la europea, la africana y la indígena, y la violencia que sufrimos ha existido sobre la base de la exclusión, y seguirá brotando mientras la exclusión persista, incluida la exclusión furiosa contra lo europeo, por eso no debemos compartir el esnobismo vándalo de tumbar estatuas.

Sin negar el proceso de opresión histórica que representa la conquista, también hay que decir que de Europa no solo llegó la bárbara violencia, junto a los conquistadores llegaron sabios como Humbold, que emprendió la expedición botánica; maestros como los jesuitas, que instalaron las famosas misiones; artistas como Alonso de Narvaéz, quien pintó la imagen de Nuestra Señora del Rosario, más conocida como la Virgen de Chiquinquirá; hombres religiosos de buena fe que lucharon contra la esclavitud como el Catalán San Pedro Claver.
Además, a los días de haberse efectuado la conquista, europeos, indígenas y negros, se entregaron en brazos de la venus terrenal a procrear y poblar estas tierras, mezclando su sangre y sus costumbres, y generando una descendencia confusa, y con miedo a reconocerse a si misma, a la que llamamos colombianos.
TWITTER: @GabrielBust2020

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