Unicauca

A nuestro querido amigo Diego Luis Plaza Rivera


Por: Humberto el "Tita" Polanco

A nuestro querido amigo Diego Luis Plaza Rivera

‌‌‌‌Nos encontramos reunidos para despedir a nuestro gran amigo Diego Luis, tarea nada fácil y triste, muy triste, contraria a lo que irradió él en su trasegar por esta vida, la cual llenó de alegrías y anécdotas todos los días, que hacían de los momentos en su compañía iluminar la vida de todos nosotros, llenarla de optimismo y de su visión particular de la vida, la cual finalizó haciendo una de las cosas que más le gustaba hacer y rodeado de sus amigos de trabajo con los que tantas jornadas deportivas y sociales compartió.‌‌

Al pensar en Diego y querer describirlo en palabras, se viene indispensablemente a la mente su sonrisa con mirada de loco, llena de sinceridad y aprecio, su compañerismo y profesionalismo en el trabajo, su voz de aliento, empuje y arengas en la cancha de fútbol cuando los partidos se ponían difíciles, pero también los momentos agradables en los terceros tiempos, cuando indiferente a la victoria o la derrota hacía de esos espacios un escenario lleno de risas, cuentos y anécdotas, algo que queríamos repetir cada martes y jueves en la tarde después de los entrenos y los fines de semana al terminar los partidos, que nos hacían olvidar el resultado y ayudaban a escapar del estrés normal en el que todos vivimos.‌‌

Ingeniero de minas de la Fundación Universitaria de Popayán y futbolista de raza, formado como la mayoría de nosotros los de la vieja guardia, por los profesores Yayo González y TICO Balcázar en las canchas de la Villa, Diego tuvo en esos dos aspectos una formación de tipo académica y competitiva, la cual unida a la formación de su hogar, llena de amor, ejemplo y nobleza por parte de sus padres, don Julio y doña Aura, sus hermanas Mabel, Isabel, Regina y sus  hermanos Julián y Bermans en primera instancia y de su esposa Ana Milena e hijos Manuel, Angélica, Valentina, Pablo y su nieto Aslan, ya en su madurez, forjaron un excelente ser humano, que junto al SENA, nuestra amada institución, le permitieron crear un escenario en el que combinó todo lo que lo hacía feliz y permitió que nos hiciera felices a todos los que lo rodeábamos y departíamos el día a día profesional y deportivo con él.‌‌

En nuestros recuerdos quedan las vivencias en los juegos deportivos zonales y nacionales, las semanas de confraternidad, las reuniones de fin de año, las ediciones de neurastenia, el torneo de futsal de funcionarios (donde encontró la eternidad), su dignidad deportiva, la cual a pesar de las lesiones físicas propias del paso de los años, le hacían entrenarse y exigir titularidad aun en circunstancias adversas, y tantas cosas en las que por su don y naturalidad se convertía en el eje central y luz que nos permitían vivir momentos especiales, llenos de alegría que solo él podía crear y por ello se convirtieron en inolvidables.‌‌

Agradecemos a su familia el habernos dado un ser tan único, genuino y especial, esa fuente de amistad, alegría y amor, que hoy desgraciadamente despedimos, pero que mientras estuvo con nosotros, colaboró, y en qué forma tan grande, a que este trasegar por la vida de cada uno de los que tuvimos el privilegio de compartir su amistad, fuera más amable y alegre en medio de los tiempos de turbulencia de este país en el que vivimos y manifestamos nuestro apoyo y solidaridad incondicionales en lo que se viene para ellos.‌‌

Nos harás mucha falta negro querido, estamos seguros de que donde quiera que estés, ya estarás estableciendo amistades, haciendo reír y felices a tus nuevos acompañantes, entre los que no nos cabe duda, estará José Hernán Leiva, para que te haga compañía y juntos llenen de alegría los espacios donde estén y los hagan indispensables e irremplazables, como lo han sido para nosotros en este espacio de tiempo en el que nos tocó compartir la vida.‌‌

Hasta siempre mi hermano, Dios quiera que nos encontremos en algún lugar más adelante, que zapatees a los ángeles jugando al fútbol, hagas muchos goles y formes cantidades industriales de mineros celestiales, iluminando como siempre los alrededores con tu alegría, porque aquí nos has dejado una gran sombra con tu dolorosa e inesperada partida.