Cara y sello

/ Opinión
Por: Maritza Zabala Rodríguez

Cara y sello


Muchos satanizan al COVID-19, yo agradezco que al visibilizar las fracturas sociales que llevamos a cuestas, nos dio un empujón de mínimo dos décadas, de tal forma que cambió modelos de vida profesional, requerimientos, producción, esquemas de administración y prácticas de ciudadanía corporativa necesarias para complementar los esfuerzos del gobierno para soportar los impactos de la pandemia y sobrevivirla.

Los ajustes en la producción industrial, la distancia en la economía, el comercio digital, la asistencia médica, la salud y el cuidado virtual, la telemedicina, a la par de la automatización, la inteligencia artificial, no son ficción. Ya se acomodaron en nuestros días y tienen sitio preferencial en la conducta del consumidor. Habrá que esperar para ver si estos cambios permanecen tras la crisis, y conocer entonces sus impactos en diferentes sectores.

Y es que el encierro planeta en el que estamos, nos mueve a cambiar el tipo de relatos y narrativas que empleamos. Si este ajuste se logra se tendrán discursos sólidos, innovadores, colaborativos, inclusivos y positivos para informarnos, entender y lograr los cambios sociales del mundo post coronavirus.

Como el planeta cambió, sus necesidades, modelos y requerimientos también. La respuesta no puede ser la que daban muchas personas, al plantear cambios: “así lo hemos hecho siempre” “hasta ahora nos ha funcionado”.

Ahora la explosión de plataformas, contenidos, accesos y formas para conectarnos en la esfera individual, colectiva, social, empresarial y gubernamental, hizo tangibles los beneficios de la transformación digital y su innovación graduó a todos los interesados en trabajo remoto, flexibilidad laboral y teletrabajo.

Zoom, Teams, Skype, o GotoWebinar son tan usados hoy, como el Word o el Excel. A este respecto y con el freno que tuvo el crecimiento económico global y que nos acompañará un buen rato, aprendemos ahora a hacer más con menos con nuevas formas de operar, que son simples, económicas, rápidas y suceden en tiempo real.

Además, este 2020 nos ratifica que la salud humana y la del planeta, están unidas como la cara y el sello de una moneda y que así no sean parte de las noticias o lecturas diarias, la ciencia debe ser una de las variables a tener en cuenta en el ejercicio de la ciudadanía, la política y la comunicación en beneficio del bien público.

Mensajes como el de no apoyar a la Organización Mundial de la Salud, OMS, dan un recado contrario a lo que vivimos: frente a la incertidumbre, la única certeza es el método y ante amenazas globales la colaboración y resiliencia global son indispensables, porque en esto estamos juntos y en verdad, es oportuno que intercambiemos información, vivencias y lecciones aprendidas para que juntos podamos superar y aprender de estas experiencias, adaptarnos y no desfallecer.

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