Carrasquilla: ejemplo de la diferencia entre la moral y la ética

/ Opinión
Por: Santiago Zambrano Simmonds

Carrasquilla: ejemplo de la diferencia entre la moral y la ética

Hace ya varios días trataba de explicar la diferencia entre lo ético y lo moral afirmando que la ética le pertenece a la sociedad y la moral al sujeto.

Ahora bien cuando un grupo humano comparte a grandes rasgos una misma moral, ésta se convierte en la ética de la sociedad y posteriormente se plasma en ley, sin embargo dentro de éste mismo grupo puede que exista una persona que moralmente no acepte la ética de la sociedad.

Un ejemplo que puede parecer tonto pero que sirve para el propósito del artículo: Para un rabino colombiano es moralmente inaceptable comer cerdo pero para nuestra sociedad es ético que alguien lo haga.

Entonces en orden cronológico primero es la moral del individuo, luego cuando se comparte entre muchos se convierte en ética del grupo y finalmente se normatiza en leyes. Sólo los Estados avanzados identifican cuando un problema ético debe llevarse a la ley de manera rápida de tal modo que encarne la moral de la mayoría.

Desafortunadamente en Colombia la normatividad que representa la ética de los individuos siempre va muy rezagada, por ésta razón es que muchas veces uno siente que no todo lo legal es éticamente aceptable, ejemplos muchos, basta con recordar el “Carrusel de las Pensiones”.

Carrasquilla: ejemplo de la diferencia entre la moral y la ética

Ahora bien, lo que  está pasando con el  Ministro de Hacienda es un claro ejemplo de la diferencia entre lo moral y lo ético. Para él es moralmente aceptable lo que hizo cuando fue ministro de Hacienda entre 2.003 y 2.007, pero para muchos es éticamente inaceptable, pero, como el Estado no ha normatizado dicha ética lo más probable es que no suceda nada incrementando así, el divorcio y desasosiego existente entre ciudadanía y Estado.

Oportuno hacer un recuento para que deduzcamos si el problema es ético, moral o no es nada: Carrasquilla fue  ministro de Hacienda entre 2.003 y febrero de 2.007, en marzo un mes después, sale el CONPES 3463 donde se establecieron los lineamientos para la estructuración de los “Planes Departamentales para el manejo Empresarial de los Servicios de Agua y Saneamiento” (PDA); en julio se aprobó el Acto Legislativo No 4  de 2.007 donde se autorizó comprometer vigencias futuras a los municipios y en el mismo mes, después de nueve meses de discusión se aprobó la ley 1151 “El Plan Nacional de Desarrollo” en el cual se estipulaban los recursos que aportaría la nación y el condicionamiento que para acceder a ésta ayuda era necesaria la cofinanciación de los entes territoriales, hasta aquí digamos que bien pues excepto, las altas tasas de interés que finalmente cobraron los bancos, los Planes Departamentales le permitirían a los municipios realizar las grandes obras de acueductos y saneamiento básico.

Pero finalizando el año el Congreso aprobó la ley 1176 que reglamentó los “bonos de agua” que fue un mecanismo alterno de financiación con vigencias futuras diferente a los PDA pero que tenían cosas muy atractivas para los alcaldes: Con estos bonos ellos tenían total discreción en el manejo de los recursos y los proyectos no eran sometidos a la rigurosidad técnica de revisión que hacía el Viceministerio de Aguas a los del PDA. Es decir con esos empréstitos los alcaldes podían contratar a través de su empresa municipal de servicios públicos el proyecto que se le antojara, por esta razón muchos alcaldes rápidamente tramitaron en sus respectivos concejos la disminución de participación en los PDA y aumentándola en lo que en ese entonces se conoció como “Plan Carrasquilla” pues el en ese entonces ex ministro a través de su empresa, que había fundado con algunos de sus sub alternos, ayudaba a “colocar” el capital extranjero que administraba, en algunos municipios. En síntesis a partir del 2.008 el ex “servidor público” Carrasquilla le montó competencia a los Planes Departamentales de Agua que el mismo había ayudado a estructurar, sólo que a mayor plazo, a unas tasas de interés más altas y sin tanta rigurosidad técnica. La pregunta que nos debemos hacer ¿Es ese proceder éticamente aceptable así sea legal?

Resta decir que la gente cada vez está más cansada de funcionarios que gobiernan sólo con su moral y no con la ética que demanda la población. La gente no es boba, está mamada y tiene rabia, sabe quiénes son los alcaldes que suben a hacer negocios propios, saben de gobernadores que dilapidan regalías, de congresistas que hacen gestión a cambio de “maniobrabilidad” en la contratación y de ministros vende-patrias. Ojalá el Señor Presidente y sus consejeros entiendan que si no cambian y gobiernan con la ética que quieren los colombianos los cambian pero tal vez no con una propuesta de reconciliación si no de revancha.

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