Cauca: entre votos, coca, oro y guerra

/ Noticias del Cauca
Por: Juan David Ortega

Cauca: entre votos, coca, oro y guerra


Cinco candidatos se disputan la Gobernación y ocho la Alcaldía de  Popayán. Así están las fuerzas políticas en un departamento que ha  sufrido mucho la violencia en este proceso electoral.

El Cauca está en el puesto once de los departamentos en número de  habitantes del país. En sus montañas, ríos y costas viven más de  1’400.000 personas y hay poco menos de un millón de votos que, en estos  tiempos, valen tanto o más que el oro. Ese que sale a “retros” llenas de  Timbiquí o Guapi, por la salida del Naya, o el de las peleadas minas de  Buenos Aires y Suárez, donde a comienzos de septiembre asesinaron a la  candidata liberal a la Alcaldía, Karina García, junto a cinco personas  más. Hoy, en plena disputa por el poder local y regional, el Cauca es  una mezcla de votos, guerra, coca y oro.

iene 42 municipios con estrepitosas diferencias de geografía, clima y  cultura. Desde la región Pacífica, pobre y aislada, al “polvorín” del  norte, región donde las Farc echaron raíces que, tras su  desmovilización, se expresan ahora en disidencias. Según la Misión de  Observación Electoral (MOE), es el cuarto departamento en riesgo de  fraude electoral y, a juzgar por las noticias judiciales, uno de los más  violentos de Colombia. Un informe del Instituto de Estudios para el  Desarrollo y la Paz (Indepaz), a julio de 2019, revela que allí es donde  más líderes sociales y excombatientes de las Farc han asesinado desde  la firma del Acuerdo, en 2016, con 148 de los 837 documentados.

La historia del departamento, de los más antiguos, está construida  por manos esclavas, gigantescas mingas indígenas y una poderosa clase  política y económica que puso presidentes y militares desde los tiempos  de la Independencia. Un fortín del liberalismo de Tomás Cipriano de  Mosquera, que hoy en día nuevos partidos e intereses se disputan palmo a  palmo. Cinco candidatos buscan la Gobernación; sin embargo, conocedores  de la política local aseguran que solo dos tienen posibilidades de  hacerse con el poder.

El movimiento indígena, tan fuerte en el noroccidente del  departamento, se dividió en dos candidatos: Jesús Enrique Piñacué  Achicué, exsenador e histórico comunero de los resguardos del norte del  Cauca, avalado por Autoridades Indígenas de Colombia (AICO); y Gilberto  Muñoz Coronado, exalcalde de Toribío, avalado por el Movimiento  Alternativo Indígena y Social (MAIS), quien obtuvo el apoyo del Consejo  Regional Indígena del Cauca (CRIC). Pero las candidaturas no despegaron y  hoy se dan por descontadas en la carrera por la Gobernación.

El otro candidato que, según los barones electorales del  departamento, ya no tiene posibilidad de ganar es Heriberto Arrechea  Banguera, avalado por el Partido de Reivindicación Étnica (PRE). Se  trata de un administrador de empresas que se metió en la política de la  mano del exsenador condenado por parapolítica Juan Carlos Martínez.  Llegó a ser concejal de su natal Timbiquí y representante a la Cámara;  luego, en el esplendor del Negro Martínez, fue asesor de la  Gobernación del Valle e integró las juntas directivas de la Licorera del  Valle, Infivalle y la Plaza de Toros de Cañaveralejo.

Con el poder de Martínez en el ocaso, cuatro parlamentarios, los  grandes electores del departamento, coinciden en que la Gobernación se  la disputan, cabeza a cabeza, otras dos fuerzas. De un lado está Víctor  Libardo Ramírez Fajardo, avalado por el Partido Liberal, la Alianza  Verde y Colombia Justa-Libres. Ramírez fue alcalde de Popayán, tiene  allí el centro de su votación y goza del respaldo del senador Luis  Fernando Velasco y de los representantes a la Cámara Carlos Julio  Bonilla, Crisanto Pizo, John Jairo Cárdenas, Darío Samboní, Óscar Ospina  y Farith Achinte, coordinador de la Alianza Social Independiente (ASI),  entre otros. Aun así, hay quienes piensan que hay apoyos que le suman,  como el de Cárdenas, y otros que le restan, como el de Velasco, uno de  los senadores caucanos con menos votos en su tierra, aunque se sabe que  agitar el trapo rojo en el Cauca no es cualquier cosa.

El candidato sorpresa, pero no con menos apoyo de los pesos pesados,  es Elías Larrahondo Carabalí, inscrito por el movimiento independiente  Porque Sí Es Posible, pero quien rápidamente recibió el aval del Partido  de la U, Cambio Radical y Colombia Renaciente. Larrahondo fue  secretario de Educación departamental y alcalde del municipio de Buenos  Aires. Cuenta con el respaldo de los senadores Temístocles Ortega y Roy  Barreras, así como el del presidente de Colombia Renaciente, John Arley  Murillo. Es abogado, docente, exdirector de Tránsito de Santander de  Quilichao, exsecretario general de Buenos Aires y expersonero. Un  representante a la Cámara que está en las huestes de Ramírez asegura que  Larrahondo ha realizado una campaña con mucha plata, que tiene el apoyo  de la administración departamental y que camina sobre los andamios de  la estructura de Cambio Radical.

“Pero el apoyo de Temístocles no implica sus votos, porque él fue  elegido senador con votos liberales y algunos de la U. Además, el apoyo  de Colombia Renaciente no significa mayor cosa, ya que es un partido muy  joven que no tiene disciplina ni jefatura”, aseguró otro parlamentario  caucano. A lo que agregó otro curtido político de la región: “Tiene la  inercia de la administración, pero también despierta un sentimiento de  minorías étnicas, pues nunca ha habido un gobernador afro en el  departamento. Mientras Ramírez tiene los votos de Popayán, en donde  triplicará la votación de Larrahondo, este tiene un fuerte apoyo en el  sur del departamento y en la zona del Pacífico y podría dar el palo”.

Por la Alcaldía de Popayán

Así las cosas, en esta semana que queda de campaña, las fuerzas vivas  del gran Cauca redoblarán esfuerzos para hacerse con el poder. Más  despejado, en voz de los conocedores de la política patoja, está el  pulso por la Alcaldía de Popayán, pese a que son ocho los candidatos. Y  eso va muy de la mano con lo que mostró una reciente encuesta de  intención de voto en la capital caucana.

De acuerdo con los resultados de una medición realizada por  Mosqueteros, la intención de voto la encabeza, con el 37,7 %, Juan  Carlos López Castrillón, conocido como El Pollo, quien aspira  por el movimiento Creo en Popayán. Cuenta con el apoyo de casi toda la  clase política del departamento. Aquí, los que se dividen para  Gobernación están unidos para Alcaldía.

López es conocido a escala nacional porque fue presidente del club de  fútbol Millonarios, con muchas críticas de por medio. Fue director del  programa Colombia Mayor, del Ministerio de Trabajo en el gobierno  Santos, ha sido concejal de Popayán y en 2011 aspiró por el liberalismo,  sin éxito, a la Gobernación del Cauca.

Detrás de él, con 28,1 %, está Rosalba Joaquí, cercana al actual  alcalde de la ciudad, César Cristian Gómez Castro, suspendido por tres  meses por “presuntamente utilizar su cargo para favorecer a una  candidata”, dijo la Procuraduría, sin dar nombres, aunque todo mundo  sabe de quién se trata. Los analistas aseguran, sin embargo, que ni con  el apoyo de la maquinaria municipal, Joaquí le dará pelea al Pollo,  cuyo principal talón de Aquiles es haber reconocido públicamente su  admiración por el expresidente Álvaro Uribe en un departamento  fuertemente antiuribista. Y si Rosalba no tiene posibilidades, los  restantes seis candidatos no son más que teloneros en la contienda.

En la baraja están Mario Bustamante, con el aval del Centro  Democrático; Nino Erazo, de la Alianza Democrática Afrocolombiana (ADA);  Carlos Alegría, del Partido Conservador; Santiago Zambrano, de AICO;  Ferney Silva, apoyado por la ASI, y Jorge Bastidas, del movimiento  Popayán Recuperemos el Rumbo.

El norte del Cauca

Un capítulo aparte en la lucha por el poder político en el Cauca es  la zona norte. Históricamente, ese fue el epicentro del conflicto, y la  confrontación armada entre las Fuerzas Militares y las Farc se  desarrolló en gran parte de la cordillera Central o en sus faldas, en  las zonas urbanas y rurales de municipios como Toribío, Corinto,  Miranda, Caloto, Santander de Quilichao, Buenos Aires, Suárez, Padilla,  Puerto Tejada, Villa Rica, Jambaló y Caldono. Una región que sigue  convulsionada hoy con la presencia de las disidencias y otros grupos  armado ilegales (se habla incluso del cartel de Sinaloa), que se  disputan las rutas del tráfico de drogas y de armas en la salida hacia  el Pacífico, por el Naya, además del control de la minería ilegal.

“Las actuales generaciones crecieron en el marco del conflicto, y la  paz debe implicar otro tipo de opciones de vida. Y si hay alguien que ha  sido muy vulnerado en el conflicto han sido las mujeres. Las mujeres de  las zonas de conflicto estamos llamadas a hacer política para decir,  desde nuestros territorios, que sí es posible la paz y para  comprometernos con esa sensibilidad social de construir familia y ser  ejemplo y referentes de otras mujeres y personas, de que con nuestra  lucha se pueden generar oportunidades y cambiar nuestra realidad. El  reto es lograr que nuestra gente viva, que niños, niñas, adolescentes y  jóvenes logren traspasar la edad de los 29 años y florezcan las  oportunidades y las sonrisas”, dice Lucy Amparo Guzmán, candidata  liberal a la Alcaldía de Santander de Quilichao, municipio que, junto a  Jamundí (Valle), es considerado epicentro del narcotráfico.

De hecho, tras la firma del Acuerdo de Paz, Naciones Unidas definió  125 municipios del país como “los del posconflicto”, veinte de ellos en  el Cauca y nueve en su zona norte. La clasificación se hizo basándose en  los parámetros de “análisis de municipios de mayor prioridad, según la  presencia de las Farc, las acciones armadas con participación de esa  guerrilla, desarrollo y pobreza, necesidades humanitarias y capacidades  locales”. La idea es que en estas localidades se priorice la  intervención no solo del Estado, sino de la misma comunidad  internacional. Algo que, a decir de sus gentes, no se ha cumplido. De  ahí que las elecciones del próximo domingo sean fundamentales de cara a  la construcción de una nueva realidad para el norte del Cauca, donde la  guerra parece no haberse ido nunca.

Nota tomada de: https://www.elespectador.com

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