De la tempestad a la calma

/ Opinión
Por: Álvaro Jesús Urbano Rojas

De la tempestad a la calma


En mi forzado confinamiento, recibo mensajes de todo linaje: optimistas, apocalípticos, esperanzadores, agresivos, chispeantes, musicales y alguno que otro de humor negro, picaresco o subidos de tono.

El que más me impactó,  fue el enviado vía Whatsapp, por mi amigo, el Ingeniero Carlos Alberto Martínez, sobre la  percepción Judía de la pandemia.  Una analogía del  Mitzraim (El éxodo) y el Pesaj (La pascua);  por parte del Rabino Manís Friedman, publicada en Youtube.

Con la reverencia del Rabino, me apropio de sus palabras  para  invitar a una reflexión sobre la  realidad que nos ofusca.

Vivimos en un tiempo de grandes avances, creemos ciegamente en que la ciencia, los científicos, los  expertos y los doctores  lo solucionan todo y aun así, repentinamente no encontramos solución para lo elemental y es muy bueno para el alma que nos lo recuerden. Hay temas de sobrevivencia que no sabemos afrontar. Entendimos que no hemos  descifrado el universo y jamás dominaremos la naturaleza. Nos falta mucho camino por recorrer y por aprender.

La gente indaga, ¿por qué Dios permite tal virus, tal pandemia, tal desgracia?  Pensamos que las cosas pasan porque Dios lo permite. Es como aceptar que  la cosas no pasan, porque Dios interviene. Nada pasa sin la voluntad de Dios, pero  todo sucede por un plan divino, de otra manera no puede ocurrir. Todo lo que experimentamos está concebido para nuestro propio beneficio.

El mundo abandonó sus costumbres, sus pensamiento, su manera de entender la vida. ¿De qué están hechas nuestras rutinas?  Avanzamos, retrocedemos, vamos de un lugar a otro, hacemos algo de esto o aquello, para ganarnos el sustento. De repente, sin que nadie haga nada, nos confinan, nos aíslan, cierran las ciudades, los teatros, los bares, los restaurantes y el mundo se paraliza, no hay deportes, fiestas, ceremonias, estudio ni trabajo, no hay viajes y todas nuestras rutinas quedan suspendidas y aplazadas.

Sin contar con nuestra opinión, el universo nos libera del entorno que nos esclaviza y domina, agresivo, competitivo y agreste, encadenándonos a nuestro diario vivir: ir al trabajo,  la escuela, a la iglesia, al teatro, viajar, ir de compras, y en eso se convierte nuestra vida. Pero ahora entendemos que no es así, la virosis ha roto estos hábitos, siendo una oportunidad fantástica para reorientar nuestras vidas, rompiendo paradigmas que nos hacen daño.

Si el tiempo pasa y no cambiamos,  desperdiciaremos una magnífica oportunidad de hacer una reingeniería a nuestras  vidas. El mundo cambió sin nuestro consentimiento, ahora podemos tener la vida que merecemos, la amenaza nos  obliga repensarnos, ¿dónde ponemos la energía?  ¿Para  qué estamos viviendo? ¿Para qué nos levantamos en las mañanas? El mundo va a ser mucho mejor tan pronto como esto termine, cada generación debe salir de su esclavitud. Así como el pueblo judío fue expulsado de Egipto, no salieron voluntariamente, el éxodo fue hecho para ellos. Lo aprovecharon y mantuvieron  la calma para llegar a la tierra prometida, a la libertad.

Podemos tener una vida más saludable, un planeta menos maltratado. Todos los supuestos, ahora pueden ser cuestionados, los hábitos ahora pueden ser desafiados, los miedos descartados, dejarnos de preocupar por China, Cuba, Venezuela, o por Estados Unidos, por el precio del Euro, del Dólar o del petróleo. Hoy nos estamos tranquilizando, todo está cambiando y está cambiando para bien.

Volvió a ser importante la vida, por  sobre la economía, la política, el dominio del otro; hoy estamos madurando como especie humana y eso es algo hermoso, no es una advertencia, ni castigo, no es el juicio final; esto va a pasar y nos vamos a encontrar en un mundo más limpio, amable, humano, leal, más sano desde el punto de vista político, geográfico, financiero y personal.

Entonces, es el momento de pensar no en nosotros sino en los otros,  de estar más vivos, más entusiastas  en nuestra misión y propósito, vamos a hacer la liberación que no hemos logrado, porque que nos sobrará tiempo,  para estar en casa, convertirnos en mejores madres, padres, hijos, mejores hermanos, mejores esposas, mejores maridos,  porque no tenemos opción, no tenemos donde ir.

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