'Después de la cuarentena habrá apertura por grupos y en horarios': ministro de Salud

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Por: Periodicovirtual.com

'Después de la cuarentena habrá apertura por grupos y en horarios': ministro de Salud


En diálogo con El Espectador, el ministro de Salud, Fernando Ruiz,  explica qué sucederá después del 26 de abril, cuando acabe el período de  aislamiento. Dice que esperan hacer 15 mil pruebas de COVID-19 cada día  y superar las dificultades de los insumos médicos. En el caso de los  ventiladores, comenta que su precio en el mercado pasó de US$15 mil a  US$50 mil.

No es la primera vez que Fernando Ruiz Gómez, hoy ministro de Salud,  tiene que enfrentarse a una epidemia. Entre 2014 y 2015, mientras era  viceministro de Salud Pública de Alejandro Gaviria, llegó a Colombia un  virus detectado medio siglo antes en Tanzania: el chikunguña. Solo medio  año después de que terminara empezaron a identificarse los primeros  casos de otro virus también transmitido por los mosquitos Aedes: el  zika. Identificado en Uganda, llegó a más de 80 países con una  complicación mayor: si lo adquiría una madre en embarazo su hijo podía  nacer con microcefalia.

Días después de que fuera identificado en Colombia el primer caso de  COVID-19, Ruiz recordó su “mala” suerte con una broma. “Siempre me tocan  las epidemias”, dijo. Entonces, la Organización Mundial de la Salud no  había declarado la enfermedad causada por el virus SARS-CoV-2 como una  pandemia, pero la experiencia de China y de países europeos mostraban  que esta vez el precio sería muy distinto. Como Ruiz cuenta ahora, los  cálculos del Gobierno sugerían que, si no se tomaban acciones drásticas,  a mediados de mayo el país tendría el mayor número de infectados. En  las camas de los hospitales habría cerca de 900 mil personas con el  coronavirus casi de manera simultánea. La mala noticia era que las camas  de cuidado intensivo no llegaban a 5.400. El sistema de salud habría  colapsado.

Para seguir preparándolo y evitar una catástrofe, esta semana el  presidente Iván Duque extendió la cuarentena hasta el 26 de abril (11:59  p.m.). Los nuevos días, angustiosos para muchas personas y muy  difíciles para varias industrias, le darán tiempo al Ministerio de Salud  para que dote mejor a los hospitales, amplíe la atención domiciliaria y  haga más y más pruebas. “Necesitamos tiempo para tener proyecciones más  precisas y tomar mejores decisiones”, dice Ruiz ahora. Después de que  se agote ese lapso empezarán a poblarse las calles nuevamente. Será por  grupos y horarios específicos.

¿Qué esperan que suceda cuando culmine el nuevo período de cuarentena?

Esperamos, fundamentalmente, tres cosas: conocer el comportamiento de la  epidemia en Colombia, tener mejor preparados los servicios  hospitalarios y haber implementado el modelo de atención para las  poblaciones de mayor riesgo. La foto de la epidemia que tenemos hoy nos  refleja los resultados de las medidas adoptadas antes del aislamiento  preventivo obligatorio, como fueron la cancelación de vuelos, el  aislamiento de mayores de 70 años, la prohibición de eventos y la  suspensión de clases. La foto que tendremos en las próximas dos semanas  nos mostrará los efectos del aislamiento preventivo obligatorio.  Necesitamos más tiempo de datos para tener proyecciones más precisas y  tomar mejores decisiones. Por otra parte, queremos contar con un mayor  número de pruebas y mejor dotación en los hospitales, así como ampliar  la atención domiciliaria para los adultos mayores y las personas con  enfermedades de base.

¿Qué nuevas medidas están analizando?

Buscamos poner en práctica una cuarentena flexible, pero con todas las  precauciones. El objetivo número uno es evitar muertes, y con esto nos  referimos tanto a las que pueda ocasionar el virus como a las que pueda  producir la crisis en sí misma. Tenemos un abanico de estrategias que  hemos venido usando para proteger a las poblaciones de mayor riesgo y  lentificar la propagación del virus, como han sido el aislamiento para  mayores de 70 años, el cierre de colegios y universidades, la  cancelación de eventos, el distanciamiento físico y la cuarentena para  la mayor parte de la población. Antes del 27 de abril informaremos al  país qué sectores podrán salir. Será una apertura muy organizada, con  grupos y horarios determinados. Solo de ese modo podremos garantizar que  se mantenga el distanciamiento físico.

Los modelos matemáticos han resultado cruciales para tomar  decisiones. ¿Nos podría explicar cuál es el de Colombia? ¿Quiénes lo  hicieron?

Nos hemos basado en el modelo matemático del Observatorio Nacional de  Salud del Instituto Nacional de Salud, que fue realizado con el  acompañamiento y la retroalimentación de distintas organizaciones  nacionales e internacionales. Todos los países parten del supuesto de  que toda la población es susceptible y de que la epidemia decaerá cuando  aproximadamente el 70 % de la población se haya infectado o vacunado,  si llegara a desarrollarse una vacuna. Específicamente en Colombia, los  cálculos nos indican que durante la epidemia unos cuatro millones de  colombianos van a requerir atención hospitalaria y alrededor de un  millón, cuidados intensivos. De acuerdo con ese modelo, si no hacíamos  nada, íbamos a tener el mayor número de infectados a mediados de mayo.  Habrían sido unos 900 mil colombianos con el virus de manera simultánea,  y luego la epidemia estaría terminando hacia julio. Evidentemente eso  ya no ocurrirá así. Las medidas que hemos tomado buscan dosificar esas  cantidades a lo largo del tiempo para reducir la presión sobre el  sistema de salud.

¿Por qué esos cálculos no han sido mostrados de una forma más abierta?

Los cálculos han sido presentados abiertamente en diversos escenarios,  pero siempre como supuestos y no como hechos. Recuerde que las  proyecciones iniciales fueron elaboradas a partir de experiencias  extranjeras: la de Wuhan, la del crucero Diamond Princess y más  recientemente las de Italia y España, por mencionar algunas. Los datos  no son estáticos. La más pequeña intervención hoy cambia drásticamente  el resultado en el futuro. Por eso estamos observando detenidamente la  dinámica de la epidemia en Colombia. Queremos basarnos en nuestros  propios datos y en nuestros propios hechos.

Las grandes ciudades han ido tomando medidas. Pero poco sabemos  de los pequeños municipios. ¿Cuál es la estrategia para garantizar los  servicios en estos territorios y que no resulten perjudicados cuando  empiecen a aparecer casos?

Elaboramos un mapa de redes de hospitales para que aquellos con poca  capacidad o escasa tecnología puedan apoyarse en otros cercanos que  estén mejor dotados. Con la Organización Panamericana de la Salud  estamos trabajando en un plan para dotar a las capitales de los  departamentos de la región de la Amazonia con unidades de cuidado  intensivo durante la emergencia. Será una solución temporal, pero  aspiramos a que, una vez haya talento humano suficiente en aquellas  capitales, se haga permanente.

Varios alcaldes se han adelantado a hacer anuncios sobre nuevos  casos de COVID-19. ¿Le parece problemático? ¿Ha sido difícil coordinar  la estrategia con ellos?

La mayoría de las entidades territoriales, a pesar de tener autonomía,  han comprendido las razones de la necesidad de trabajar de manera  coordinada. Nuestro principal objetivo cuando solicitamos prudencia al  comunicar casos es evitar que los datos suministrados faciliten la  identificación de los pacientes. Apostamos por una información  transparente que no atente contra la intimidad de las personas. Nos ha  ocurrido, afortunadamente en muy contadas ocasiones, que los datos dados  por los alcaldes sumados a los dados por el Ministerio de Salud han  permitido ubicar los domicilios de las personas. Por eso procuramos  comunicar solo la ciudad, la edad y las comorbilidades de los pacientes.

Pronto más laboratorios empezarán a hacer pruebas diagnósticas.  ¿Cuál es la capacidad máxima que podría alcanzar Colombia? ¿Tienen algún  plan para resolver el desabastecimiento de los insumos necesarios para  llevarlas a cabo?

Ya llevamos más de 30.000 pruebas realizadas. Calculamos que cuando  todos los laboratorios estén operando, al ritmo que anunciaron,  estaremos haciendo unas 15.000 pruebas al día. La estrategia más  importante para asegurar el abastecimiento rápido ha sido la de  declararlas vitales no disponibles, lo que reduce el número de  requisitos para importarlas. Bajo esta modalidad, el Invima ya autorizó  la importación de más de 1’300.000 reactivos y pruebas rápidas a más de  ocho compañías. A eso se suma que 10 compañías ya contaban con registro  sanitario.

Evitar la saturación de los hospitales es uno de los grandes  desafíos. ¿Han identificado algún caso que ya esté en aprietos? ¿Cómo  van a monitorear esa situación en todo el país?

Por ahora, lo que hemos venido observando ha sido una liberación de  camas en unidades de cuidados intensivos (UCI). Esto se debe a que las  cirugías no vitales están siendo aplazadas y a que, gracias a las  medidas de higiene, el aislamiento y el distanciamiento físico, se  redujo el número de accidentes y de enfermedades infecciosas. De las  5.300 camas que tenemos en las UCI, en este momento menos de 100 están  ocupadas por pacientes con COVID-19. Obviamente, cada día habrá más  casos. Para monitorear las tasas de ocupación desarrollamos un mecanismo  de comunicación con los diferentes reguladores de urgencias y  emergencias (CRUE) que tenemos en todo el país.

Otro punto clave en estas semanas ha sido la escasez de  elementos médicos. ¿Hay o no desabastecimiento? Si sí, ¿cómo lo están  remediando?

Este ha sido uno de nuestros mayores desafíos y, particularmente, el  relacionado con la adquisición de ventiladores. La demanda mundial es  impresionante, los precios aumentan cada día y los plazos de entrega se  corren. Ventiladores que a finales de marzo costaban US$15.000 y con  promesa de entrega antes de julio en Colombia, hoy están a más de  US$50.000 y con promesa de entrega después de julio en China. Alcanzamos  confirmar 2.100, que se suman a los 5.300 que ya tenemos en las UCI.  Seguiremos buscando, porque nuestra meta en la fase crítica es contar  con 10 mil.

¿Y de otros productos?

Declaramos varios productos vitales no disponibles, y eso ha facilitado  la importación y mejorado el abastecimiento de varios elementos, desde  hisopos y termómetros infrarrojos hasta extractores de ácidos nucleicos.

¿Qué opina del debate del tapabocas como recomendación de uso masivo?

El coronavirus es un virus nuevo. A medida que lo conocemos vamos  cambiando nuestras estrategias. El uso del tapabocas en la población  sana es una de las recomendaciones que han cambiado. Aunque no hay  evidencia concluyente, por razones de precaución la Organización Mundial  de la Salud recomendó que las personas que no tienen síntomas también  lo usen cuando estén en espacios públicos. Como se ha observado, las  personas infectadas, pero sin síntomas, pueden ser transmisoras del  virus. Por eso, el uso del tapabocas prevendría que las pequeñas gotas  de saliva queden en las superficies o caigan en el rostro de otras  personas. Ahora bien, la persona que use tapabocas no debe relajarse con  las otras medidas. El distanciamiento físico y el lavado de manos  siguen siendo más importantes.

Tengo entendido que las pruebas rápidas no son útiles para  descartar casos. La OPS tampoco recomienda su uso, pues tienen  sensibilidad baja. Dice que hay que tener precaución al utilizarlas.  ¿Por qué invertir en ellas? ¿De qué manera le serán útiles a Colombia?

Las pruebas rápidas pueden ser una herramienta útil para confirmar  casos, pero no para descartarlos, pues existe una alta probabilidad de  que arrojen falsos negativos. Las incorporaremos con dos propósitos,  especialmente: por una parte, para identificar y aislar oportunamente a  cada paciente que tenga un resultado positivo y, por otra, para hacer  exámenes aleatorios que nos permitan medir los niveles de circulación  del virus en población que no presenta síntomas. Sin embargo, debemos  ser claros en algo: las pruebas tampoco reemplazan las otras medidas.  Son una parte de la estrategia, pero no su componente principal.

¿Cuál cree que es el mayor punto débil en nuestra respuesta al COVID-19?

Nuestra mayor debilidad es que no somos una sociedad disciplinada. Mire  cuántos carros están regresando hoy de vacaciones de Semana Santa.

Nota tomada de: https://www.elespectador.com/

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