El armisticio

/ Opinión
Por: Álvaro Antonio Casas Trujillo

El armisticio

“El otro día me encontré con dos leones y los sometí… Los sometí a una serie de ruegos y llantos.”

GROUCHO MARX

Según  Kati Prudic, entomóloga de la Universidad de Arizona, USA las hormigas  llamadas esclavistas, emprenden redadas contra otras especies de  hormigas; y Newton Fischer, también norteamericano, observó el  comportamiento de los chimpancés y sostuvo que esta clase de animales  sostenían en sus comunidades relaciones altamente conflictuales.

El  término guerra no sería utilizable para calificar el enfrentamiento de  las termitas y los antropoides, invención irracional de los seres  humanos, pero sus verdaderas batallas, para desalojar a los intrusos,  podrían ser una forma provocadora de calificar la defensa de sus  territorios.

Lo  que sí es evidente es reconocer que con el correr de los tiempos los  leones y los venados, sin necesidad de rigurosos estudios, se  enfrascaron en una guerra sin cuartel, como se observa en los zafaríes y  las películas de National Geographic.

A  tal extremo llegó la destrucción de los venados que los animales, en un  acto de solidaridad, celebraron una gran asamblea y eligieron por  unanimidad a las jirafas y las águilas, por su habilidad visual y  disposición aérea para ejercer la vigilancia, como observadoras para  garantizar el éxito del ‘Primer Encuentro Universal Animal’, destinado a  hacer las paces y ponerle fin a una desigual y sostenida disputa por  los leones y los venados que pretendían ejercer control territorial  sobre los bosques y praderas de ‘Cerro Tranquilo’.

Para  celebrar el acatamiento de los acuerdos fueron invitados todos los  animales del continente a un festín estrictamente vegetariano, con miras  a que ningún animal comiera de su propia carne.

Sorpresivamente,  de manera insólita, los leones, en uno delos más temibles y  premonitorios rugidos escuchados en la Tierra rechazaron de manera  concluyente asistir al banquete de la concordia y el sosiego animales.

No obstante, los cérvidos leyeron una extensa comunicación que calificaron como: “Declaración de sometimiento para evitar la extinción y la muerte”, mediante la cual aceptaban, con algunas condiciones y exigencias, su asistencia al banquete de la paz.

Sostuvieron,  entre ellas, que los astros, los ríos, la lluvia y las plantas eran  símbolos ecodemocráticos de su medio ambiente desde tiempos inmemoriales  y que, ellos mismos, en ese entorno, eran agente de paz.

El  documento impresionó a la humanidad porque los venados manifestaron que  su comunidad era herbívora y había sido pacífica, apacible y tranquila,  y se encontraba ante el inminente peligro de extinción.

Animalistas,  de consagrada reputación, sostuvieron que la relación humano animal  estaba en crisis y que el abuso carnívoro de los leones era un simple y  mecánico traslado de la irracionalidad que en las guerras sostenían los  seres humanos, razón por la cual se requería implementar una visión  integradora de los seres vivos.

Finalmente,  considerando que los venados nunca habían ejercido el despotismo ni la  represión, ni mucho menos el monopolio de la violencia, como sí ocurría  con los seres humanos, se impuso la estrategia de salvar a las partes en  conflicto, prescindiendo de la fuerza y la violencia para garantizar  mejores condiciones de vida.

Las  enormes discrepancias, dudas y vacilaciones que, rayaron en la  perplejidad, fueron resueltas por los mediadores y mediante comunicados  urgentes se avaló el convite y despejaron todas las dudas surgidas en  torno a la realización del pacto animal.

Los  tratados, ratificados por homínidos de elevado rango universal, y  aceptados por las partes, fueron una fórmula salvadora para que los  leones, después de exterminar a los venados, no extendieran su acción  depredadora contra la naturaleza humana.

Inesperadamente,  pudo más la cizaña, introducida por las zorras, de avezadas prácticas  sociales, tanto que los leones cambiaron de estrategia y optaron por  asistir al “Primer Banquete Animal para Salvar al Mundo”, vestidos con impecable traje de ovejas.

En  el establecimiento ‘La Madriguera de la Paz’, esta vez engalanado para  el trascendental acontecimiento, patrocinado por faraones, reyes,  príncipes, nobeles de la paz, quedó para la posteridad y enseñanza para  los venados, ciervos, alces y renos, un impresionante reguero de huesos.

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