El derecho a la reconciliación

/ Opinión
Por: Álvaro Jesús Urbano Rojas

El derecho a la reconciliación

La reconciliación del Cauca será un proceso de reconstrucción de tejido social edificado desde el respeto al derecho ajeno y a las instituciones legítimas y legales, bajo un orden democrático, cohesión social y diálogo abierto; capaz de erradicar los innumerables conflictos recurrentes a lo largo de nuestra historia. Será un ejercicio honesto y sincero, encaminado a consolidar acuerdos sobre lo fundamental y así construir un proyecto económico-social, factible para todas las colectividades en esta tierra de promisión.

Estamos en una encrucijada con vicios de inviabilidad como proyecto social, por nuestra dispersión geográfica y la falta de liderazgo de una decadente dirigencia que no ha podido descifrar las tensiones sociales y constituir un bloque político para representar nuestros intereses colectivos con gobiernos locales genuflexos ante un poder central cada vez más avasallante en contra de cualquier vestigio de autonomía regional.

La población del Cauca  es multiétnica y pluricultural, el 56,3% es mestiza, el 22,2% Afrocolombiana,  y el 21,6%, Indígenas. Tenemos el mayor porcentaje de población indígena del país, 190.069 personas con 8 grupos étnicos, establecidos en 26 de los 42 municipios del Cauca.

Los caucanos  incurrimos en equívocos que  agudizan la brecha entre pobres y ricos; tantas tragedias y desatinos ensombrecen y perturban nuestro entorno social: corrupción, deficiencias en el servicio de salud, tomas a la vía panamericana por las comunidades indígenas y campesinas para  lograr el cumplimiento de compromisos de Estado, eventos que hacen parte de nuestra cotidianidad y que traen como consecuencia el desarraigo de las nuevas generaciones que ante la imposibilidad de forjar emprendimientos, emigran a otras latitudes en busca del éxito personal y profesional.

Es inadmisible que la causa de nuestro males sea nuestra principal riqueza: la diversidad, que al desnaturalizarse, se trasmuta en factor detonante de conflictos sociales, étnicos, políticos y económicos en temas como la tenencia de tierras, emergencias ambientales por su uso del suelo y de explotación ilegal de recursos naturales. Lo que además de ser factor de violencia, provoca acciones de choque como mecanismos de presión que polarizan y hacen inviable y desestabiliza la economía y la competitividad  del sector turístico, transporte de carga y pasajeros, industrial, agropecuario y comercial.

Llegó la hora de construir en el  Cauca un proyecto Político-Económico, de todos y para todos, en el cual sea posible identificar vínculos cercanos relacionados con nuestras  actividades económicas, nuestro perfil histórico-cultural y nuestras condiciones físico-ambientales, fuerzas antagónicas pero complementarias  con vínculos e intereses conciliables que pueden convertirse  en potestades socio políticas  capaz de vencer y destronar la inequidad, la injusticia y la pobreza.

Los caucanos debemos converger en un proyecto socio-económico que garantice nuestra convivencia pacífica, el trabajo, la justicia, la igualdad, el conocimiento, la libertad y la paz, dentro de esquemas democráticos y participativos, que propendan por la instauración de un orden político, económico y social justo para alcanzar el bien común como principio rector de nuestra caucanidad.

Llegó el momento de dirimir nuestra diferencia a partir de un proyecto político-económico incluyente, participativo de unidad social, que resuelva nuestros problemas sin agudizar las diferencias, enfrascados en lucha de clases o resentimientos raciales, sociales o de género que agudicen la crisis en nuestro ya fraccionado departamento.

El Cauca en el siglo XIX era el departamento más grande e influyente del país, hoy no es más que una entidad territorial desmembrada e inviable, con actores incapaces de liberarse por la vía electoral de una clase dirigente decadente, mediocre y desgastada que  se niega a ceder espacios a las nuevas ideas de región.

Por nuestra incapacidad para construir la unidad desde la diferencia, el Cauca involuciona ensimismado en una decadencia dañina. En la década del setenta, el sector agropecuario caucano participaba con el 30% en la economía nacional, hoy no supera el 1.5%. Debemos entender que mientras no le apostemos a proyectos de región de alto impacto, coherentes, incluyentes y participativos, no resolveremos este conflicto social que nos hace inoperantes y nada competitivos en el contexto económico nacional e internacional.

Industria de licores del Cauca
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