Ecuador nos dio cátedra de dignidad

/ Opinión
Por: Julian Andres Valencia Fernandez

Ecuador nos dio cátedra de dignidad


"En Colombia hemos demostrado que la violencia tal vez nos volvió tolerantes con la injusticia, la violencia y la desgobernanza".

La semana  anterior presenciamos cómo un pueblo se emancipó de esas políticas  capitalistas y neoliberales que siempre terminan por empobrecer a las  clases emergentes; políticas excluyentes, a las que nosotros los  colombianos nos hemos acostumbrado a vivir y sobre todo a aguantar desde  la simple cotidianidad.

El pueblo ecuatoriano, digno en su conciencia de derechos,  encontró que el decreto 883 era una medida que volvería a la clase media  ecuatoriana más pobre y aumentaría la vulnerabilidad de las clases con  menos alternativas económicas del país.

Por eso estas protestas indígenas y sindicales, que estallaron el  jueves 3 de octubre, rechazaron las medidas económicas que adoptó el  ejecutivo como parte de un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional  (FMI) para recibir créditos por USD 4.200 millones con los que pretendía  “reducir “el alto endeudamiento del país.

Los cerca de 20.000 indígenas que protestaban en Quito objetaban la  eliminación de los subsidios al diésel y a la gasolina conocida como  "extra", la de mayor consumo nacional; la reducción de 30 a 15 días de  las vacaciones anuales para empleados públicos; la disminución en un 20%  de los salarios en la renovación de contratos ocasionales y el aumento  del aporte obligatorio mensual de un día de salario. Así mismo, exigían  la renuncia de los ministros de gobierno, María Paula Romo, y de  Defensa, Oswaldo Jarrín. Todos estos acontecimientos económicos los  hemos vivido los colombianos por años.

Recordemos, nos subieron el IVA del 12 al 15 %, después del 15 al  16%, luego del 16 al 19%, este último para financiar problemas de  corrupción; impusieron el 2 x mil y luego el 4 x mil; hicieron  modificaciones al Código Sustantivo de Trabajo; suben el precio de la  gasolina cada mes; proponen pagarle menos que el mínimo a los egresados  menores de 25 años, además de reformas laborales y pensionales que van  en contra de la clase trabajadora; roban continua y descaradamente los  recursos públicos, entre otros.

El pueblo ecuatoriano estalló con la décima parte de lo que hemos  tenido que tolerar los colombianos. Tal vez los colombianos hemos sido  víctimas de una manipulación de la información y sobre todo de nuestra  poca e irrisoria conciencia de derechos, ausencia que no nos ha  permitido cuestionar en qué clase de Estado social de derecho es en el  que estamos viviendo o si es que nuestro país verdaderamente es un  pueblo soberano y democrático.

Es importante reflexionar sobre el tema, pues en Colombia hemos  demostrado que la violencia tal vez nos volvió tolerantes con la  injusticia, la violencia y la desgobernanza. La ciudadanía se siente  huérfana en la toma de decisiones, pues el Congreso termina legislando  para los poderes económicos y muy poco, por no decir nada, en favor del  pueblo colombiano.

El problema que tiene nuestra sociedad es que la gran  mayoría de organizaciones sindicales gozan de corruptelas que no les  permiten ser la verdadera voz de un pueblo. Por ahora los indígenas,  campesinos, docentes y estudiantes son los únicos que han logrado  movilizarse y tener resultados, pero no de un gran calado. Se necesita  unión y conciencia de clases para que se pueda determinar la máxima de  Gaitán: “El pueblo es superior a sus dirigentes”.

Para terminar, me gustaría que reflexionáramos sobre la importancia  de un pueblo empoderado en sus derechos: en Ecuador pagaban $5.900 (COP)  por galón de combustible, subieron el precio a $7.648 (COP) y la  ciudadanía estuvo a punto de dar un golpe de Estado; mientras tanto en  Colombia, el galón de gasolina corriente ronda por los $10.000 y la  extra por los $12.000, y todos siguen muy tranquilos.

Tal vez el día en que todos los colombianos tengamos plena conciencia  de los derechos podremos dar un salto cualitativo en la interpretación  del país, por ahora tocará aplaudir la dignidad del pueblo ecuatoriano  mientras nos reunimos y nos disponemos a ver Yo me llamo.

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