El fantasma que acecha a la economía de Japón

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Por: PeriodicoVirtual

El fantasma que acecha a la economía de Japón

Los porcentajes de natalidad decrecieron llamativamente en los últimos años a la vez que creció el nivel de expectativa de vida; los subsidios y planes del Estado para el futuro

TOKIO (Enviado especial). Detrás de la vida apacible de los japoneses, de sus autos de lujo y de ciudades altamente desarrolladas se esconde un fantasma temible que acecha silenciosamente a este lejano país y que se resume en dos amenazas latentes: la baja de natalidad y la extención de la vida longeva como determinantes centrales que podrían afectar la economía de Japón en el futuro inmediato.

Los datos duros resultan ser escalofriantes no sólo en el presente sino también en la proyección futura. Según el Instituto Nacional de Población Seguridad Social de Japón (IPSS por sus siglas en inglés), el índice de natalidad llegó en el 2015 a su punto máximo desde 1940 hasta estos días con una tasa promedio de 1,4% y las proyecciones indican que esas cifras bajarán sustancialmente en los próximos 15 años.

No es casual que el primer ministro Shinzo Abe haya puesto énfasis especial en el tema de la tercera edad y el futuro del empleo como ejes de debate en la cumbre de presidentes del G20 que comenzará a fines de junio en Osaka.

El estudio de estadísticas que presentó a Infobae Setsuya Fukuda, director del Departamento de Planificación del IPSS reveló otro dato alarmante de la población japonesa: los niveles de longevidad llegaron a su punto máximo en el 2015 y se dispararán en los próximos 10 años. Hasta el 2017 la tasa de mortalidad era del 87% y en promedio los japoneses viven más allá de los 75 años aunque las nuevas medicinas sumado al buen nivel de vida hace que esa edad se incremente con el paso del tiempo.

El año pasado, por tercer año consecutivo, menos de 1.000.000 de japoneses llegaron al mundo en un país donde viven 126 millones.

Las dos caras de la misma moneda poblacional de Japón hacen que se produzca desde estos días un efecto unánime: la amenaza al crecimiento de una economía pujante y las dificultades del Estado para enfrentar un sistema de seguridad social sostenible en el largo plazo.

"Las consecuencias visibles de esta situación es que en Japón en 1970 había una población joven trabajando en el orden del 60% mientras que en el 2015 esa población decreció al 56% y para el 2020 será del 47,8%. En tanto que los pensionados que eran en 1970 el 7,1% de la población en el 2015 fueron el 26,6% y hacia el 2020 serán el 37,7%", señaló Fukuda.

De esta manera, la proporción de los pensionados en aumento es mucho mayor que los nacimientos.

Hay otro dato interesante que señala el IPSS y es que el rol de la familia tradicional japonesa se esfumó casi por completo. Los niveles de nacimientos extra matrimoniales creció abruptamente de 0,8% en los años 1980 y 1984 al 2016 en que llegó al 2,3%. Los jóvenes ya no le dan importancia a casarse pero tampoco ponen demasiado interés en tener hijos.

La tasa bajísima de natalidad es fácilmente perceptible en las calles de Tokio o de Osaka donde brillan por su ausencia mujeres con niños o parejas con bebés a cuestas. Más bien se ven más ancianos o jóvenes milenians que tratan de disfrutar hasta donde se pueda de las bondades de la economía japonesa.

No se trata sólo de falta de interés en concebir criaturas o como dijo hace unas semanas el vice primer ministro Taro Aso, por "el problema de quienes no han dado a luz", es decir de las mujeres, frase que generó una fuerte polémica nacional.

Hay otro tema más profundo que hace a que la tasa de natalidad en Japón sea cada vez más baja. La tasa de desocupación alcanzó el año pasado la cifra récord del 2,8% y la ausencia de empleos estables hacen que las parejas lo piensen varias veces antes de tener hijos en una sociedad donde el nivel de vida es muy alto.

Para el profesor Fukuda "la principal política para generar fertilidad en aumento es crear sociedades donde la gente pueda cumplir sus expectativas y se respeten los derechos de aquellos que no quieran casarse y dar a luz".

Desde los años 90 Japón viene llevando adelante diferentes planes estatales para fomentar el nacimiento de los niños. Actualmente hay diversos programas destinados a sustentar con fondos o beneficios fiscales a aquellas parejas que quieran tener hijos.

Por ejemplo, hay programas para ayudar a aquellas personas que tienen un límite de ingreso anual al año para una familia tipo con dos hijos. En tanto, que el Estado también otorga subsidios de entre 150 dólares y USD 100 mensuales por cada hijo para ayudarlos en el estudio desde los 3 años a la vez que se han diseñado planes de exención impositiva o de ayuda fiscal del Estado a parejas con hijos.

A su vez, el Estado japonés creó programas de ayuda de hasta un 90 % para cubrir los costos de la cobertura de salud de los niños y hay programas de licencia muy amplios y flexibles para los trabajadores que tienen hijos antes y después de tener a luz.

Pero nada parece sencillo para resolver esta gran amenaza de una tasa de natalidad en franca disminución y que podría golpear a una economía que en los últimos años dio muestras de datos preocupantes para la administración del primer ministro Shinzo Abe.

Los últimos datos de crecimiento de Japón fueron del orden del 2,1%, las exportaciones bajaron y la deuda pública se eleva al 245% del PBI. Todo ello hizo prender una luz amarilla para la históricamente cuidada economía japonesa.

La tasa de natalidad en baja no ayuda a generar optimismo y los niveles de migración extranjera también son muy bajos por lo que no alcanzan para poder cubrir vacantes en los empleos y hacer crecer la economía ya que las reglas migratorias de residencia en Japón son muy rígidas. No sólo ello. Japón se encuentra entre uno de los países donde hay menor nivel de corriente migratoria.

A todo este combo se le añade la tasa de envejecimiento cada vez más elevada. Japón se encuentra entre los primeros cuatro países con tasas de envejecimiento poblacional más elevados del mundo gracias al buen nivel de vida de sus gente y los avances de la medicina.

Según datos del Banco Mundial el promedio de expectativa de vida de un japonés era después de la segunda guerra mundial de no más de 50 años de vida. En los años 1970 a 1980 fue de 65 años y en el 2016 se registró un nivel de expectativa de vida de 83 años para un japonés. El IPSS reveló cifras dispares. Planteó que en el 2001 la expectativa de vida en Japón era de 72 años y en el 2016 fue del orden de 74 años.

Pero más allá de la diferencias de datos lo cierto es que esta tasa en alta del índice de longevidad genera un gran problema para el Estado porque debe sustentar un sistema previsional cada vez más amplio.

Es el lado oculto de Japón, el costado crítico que no se ve en las calles fácilmente pero que en silencio puede corroer aceleradamente una economía modelo.

Fuente: infobae.com    

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