El menosprecio a la inteligencia colectiva

/ Opinión
Por: Álvaro Jesús Urbano Rojas

El menosprecio a la inteligencia colectiva


Los dueños del poder no pueden menosprecia la inteligencia colectiva, imponiendo candidatos que no generan confianza, ni cuentan con la experiencia y autonomía para organizar la casa y reencontrar el rumbo perdido. Gobiernos contrahechos vienen actuando de espaldas a los intereses de la mayoría. Esos candidatos, no han sabido descifrar el Inconsciente colectivo para entender que a pesar  de nuestras diferencias, tenemos una poderosa inteligencia social que clama por propuestas honestas, para vencer la pobreza, el desempleo y  la desigualdad,

Las campañas en lo local, son un sainete que tienen como escenario los tablados de la infamia estéril y vergonzosa. Los candidatos de la institucionalidad, denotan falta de liderazgo y capacidad funcional  para el ejercicio de lo público, sus  propuestas triviales y burdas, irrespetan la inteligencia colectiva y denotan falta de imaginación y recato. Hay candidatos que en su afán de conquistar electores fungen de animalistas sin serlo, se declaran enemigos de la corrupción y son producto de sus oprobiosas acciones, ofrecen de manera tangencial salud, comida y guarida y contaminan visualmente a la ciudad con publicidad inane, sin observar las bases de la semiótica y de la comunicación, con mensajes obtusos que  ofenden la estrategia profunda de la política moderna.

Los gobernantes de turno, utilizan sus gabinetes para nombrar familiares de la dirigencia partidista y comprar su respaldo. Además con posiciones imperiales, someten el apoyo de sus súbditos exigiendo trabajo proselitista a los prestadores de servicios profesionales para asegurar su contratación hasta el fin de sus precarios gobiernos.

El  poder político  local está concentrado en una dirigencia desgastada y desprestigiada, con falta de liderazgo nacional y regional, constituida por un reducido grupo de politiqueros que concitan una élite cerrada que de manera reiterada ha cegados espacios a las demandas de los sectores populares para incluirlas en su proyecto de región. Eso explica que el Cauca sea el segundo Departamento más pobre y desigual del país.

La concentración de poder en manos de fachadas de la malversación, han traído el desencanto estructural de los ciudadanos con la política. Los partidos atraviesan una crisis de legitimidad, que se expresa en datos contundentes: tres de cada cuatro caucanos se declaran insatisfechos con el funcionamiento de la política, nueve de cada diez tienen una opinión negativa sobre los partidos políticos y cuatro de cada diez se declaran “apolíticos”. Existe una mayoría silenciosa de ciudadanos que no se siente interpelada o que encuentra obstáculos para participar de los procesos electorales.

Hoy se ganan las elecciones caminando calles, abrazando y tocando la gente con líderes apasionados que no  escatiman esfuerzos para  destronar la política tradicional, logrando superar el desprecio que los abstencionistas tiene de los procesos electorales al negar la política como proceso de construcción social, navegando entre emociones y frustraciones, olvidando que los políticos son quienes toman las decisiones más  trascendentes para la sociedad.

La historia reciente, demuestra que se pueden neutralizar las maquinarias, los dineros de la contratación y a los financiadores clandestinos, con estrategias exitosas que inviten al voto crítico e independiente, con campañas limpias y transparentes dotadas de principios, valores y compromisos éticos y ante todo, propuestas para construir confianza con acciones efectivas para llegar directamente a la gente y hablar con la ciudadanía, eso sí, prescindiendo de  seudolideres  que venden su conciencia al mejor postor;  trabajando con pasión y compromiso para transformar la política, motivando el voto de opinión y siendo verdaderos adalides de la confianza para que el pueblo pueda expresarse y elegir bien.

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