El peligroso dilema del CRIC

/ Opinión
Por: periodicovirtual

El peligroso dilema del CRIC

Por: Henry Mesa Balcázar

Basta ya de engaños, eufemismos y cobardía. Es hora de expresar con firmeza y coraje lo que tantos se empeñan en callar: el Consejo Regional Indígena del Cauca -CRIC- se encuentra inmerso en un accionar y en un dilema peligrosos que, llegado el momento, puede llevarlo a ser catalogado como una organización delictiva. Muchos de sus actos colindan con ello:

- Movilizan a miles de personas con el único objetivo de taponar y dañar, entrenadas en el uso de toda clase de tácticas y herramientas de ataque y destrucción.

- Cierran y bloquean las vías de comunicación y acceso de toda una región, dejando con ello a más de un millón de personas a la merced del aislamiento, la escasez y la desesperación.

- Utilizan a niños y niñas como escudos humanos, acudiendo con ello a una de las más atroces tácticas utilizadas por los grupos terroristas más sanguinarios del mundo como Estado Islámico, Hezbollah y Hamas.

- Atacan sin conmiseración alguna a las fuerzas constitucionales del orden, como son nuestra policía y nuestras fuerzas armadas.

- Utilizan como consejeros y estrategas a reconocidos expertos en estrategia narcoterrorista, como el sanguinario Pablo Catatumbo, quien martirizó durante décadas al Cauca.

Así que ha llegado el momento de que el CRIC decida de una vez por todas cómo quiere ser visto, tratado y asumido por el país, por el mundo, pero sobre todas las cosas por los caucanos: como una diáfana organización social que reivindique -al amparo de la Constitución y la Ley colombianas- los derechos y necesidades de las comunidades por él representadas; o como una siniestra organización cuyo propósito estratégico pareciera ser la desaparición del Cauca como departamento para transformarlo en una improductiva y empobrecida confederación de resguardos y entidades territoriales indígenas donde únicamente imperen sus leyes, sus prácticas y sus intereses.

En el primer caso, el CRIC debe dar pasos claros y sinceros que demuestren que sus propósitos genuinos son lograr mejoras sustantivas para sus comunidades sin afectar los intereses vitales del millón de caucanos restante, renunciando plenamente a todo accionar que involucre cohesión, coacción y daño individual o colectivo a personas, comunidades e infraestructuras. Sin duda alguna, un CRIC que luche por los derechos indígenas utilizando para ello los instrumentos democráticos, legales y constitucionales existentes recuperará el respeto perdido ante todo el conjunto de la caucanidad, y sería fundamental para avanzar en la unidad y cohesión que como región necesitamos para materializar las grandes soluciones y proyectos y, simultáneamente, resolver nuestras inmensas problemáticas.

Empero, si el CRIC persiste en la utilización de tácticas y estrategias que colindan peligrosamente con el terrorismo, habrá llegado entonces la hora de que el gobierno nacional, el Estado como un todo y la sociedad civil caucana y payanesa (porque la mediocridad del liderazgo político regional es vergonzosa e indigna) lo  enfrenten con todo el peso de la Ley y de los diferentes instrumentos legales y constitucionales que para ello dispone nuestra República, desenmascarando aquellos oscuros intereses y dobles agendas que pudiesen existir, desarticulando estrategias que recurran a la ilegalidad, judicializando a aquellos líderes, asesores y/o cómplices involucrados en hechos delictivos y, sin dubitación alguna, utilizar con firmeza todos aquellos medios disponibles en el marco de la Constitución de Colombia para acabar de una vez por todas con el bloqueo y el secuestro colectivo al que han sometido con total impunidad a más de un millón de caucanos y a más de trescientos mil payaneses.

Para el CRIC es el momento de decidir cómo lo recordará la historia.

Para el Estado colombiano y para la sociedad civil caucana es el momento del valor, del coraje y de la verdad!

Por: Henry Mesa Balcázar

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