¿En verdad, nos escuchamos?

/ Opinión
Por: Maritza Zabala Rodríguez

¿En verdad, nos escuchamos?

«Hablar es una necesidad, escuchar es un arte.» Johann Wolfgang von Goethe

En el mundo actual, tanto en el orden personal como profesional, saber escuchar y hablar son dos de las habilidades comunicativas que combinadas nos permiten ir más allá de solo decodificar palabras al permitirnos entender, debatir, cuestionar, opinar, y lo más relevante, dar peso y valorar lo que el otro dice. Es decir, que hay una doble función: aprender del otro y respetarle al escucharlo.

Sobre eso quiero hablar hoy.

Escuchar es decirle a quien me habla, de forma silente y leal, cuán importante es para mí esa persona, lo que piensa, lo que dice, a la vez que le manifiesto mi respeto.

Para nadie es ajeno que en esta aldea global en la que estamos imbuidos e hiperconectados con toda suerte de equipos, plataformas y programas, sería fácil pensar que la comunicación fluye, lo que no sucede, pues además de la soledad que invade a muchos, múltiples personas tienen voz a través de estos medios, pese a lo cual, muchos oyen y pocos escuchan.

En cuanto a las relaciones personales, la escucha nos permite mantenerlas de forma familiar, social o institucional. Muchos vínculos, fricciones y malos entendidos nacen de la incapacidad de escuchar, respetar al otro y lograr el entendimiento de su posición y opinión. Los ejemplos están a granel en los titulares de medios, que a diario evidencian la falta de respeto al hablar y escuchar en diversas esferas.

No quiero hacer una apología sobre la época actual, de su velocidad y dinámicas. Al contrario, amo esta era y disfruto de algunos beneficios de la red, a la vez que la desligo del proceso de relacionamiento. Desde mi óptica, en pos de generar contactos, sacrificamos muchas veces la interacción con los otros.

Antes, en las terrazas de las casas siempre había sillas, taburetes y las personas de la cuadra se sentaban a ver pasar a los vecinos, a saludar y a hablar. En estos espacios se recibía al otro, con un buen saludo y una conversación en la que se le escuchaba y se hablaba de verdad; era el medio ideal para conocer a otros y su entorno. Hoy de forma contraria, hablamos más al parecer, pero escuchamos menos. Recibimos múltiples mensajes, nos embolatamos y confundimos con el video, la cadena, la oración, la encuesta, los diversos grupos de WhatsApp y lo peor, a pocas cosas le damos la atención y el respeto que se merecen.

En estos días, hablar y escuchar, es uno de los retos que tenemos como personas y sociedad.

Es oportuno valorar al otro, como fuente de experiencia, de conocimiento, lograr que nos permita hablar y explicar lo que pensamos, a la par de escucharlo y atenderle, es un acto de auténtico respeto.

Y hablo del respeto en su línea humanista de admiración, consideración y aprecio por lo que el otro nos dice.

William Ury, experto en resolución de conflictos de la Universidad de Harvard, manifiesta que “los seres humanos tenemos una serie de necesidades emocionales —amor y reconocimiento, pertenencia e identidad, propósito y sentido en nuestras vidas” y, concluye, “si tuviéramos que resumir todas estas necesidades en una palabra, sería la de respeto”. En este orden, respetar conlleva el reconocer a los otros con consideración, pues antes de otra cosa, somos iguales y sobre esta base construimos confianza y ganamos la disposición para actuar por cuenta de otros.

Felices fiestas y ojalá nos podamos hablar, escuchar y respetar más en 2019.

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