Por William Campiño

Hace un año Colombia y el mundo se conmocionó al enfrentar una inpensada pandemia. El caos llegó a la puerta de nuestra casa, muchos escépticos jamás dimensionamos los daños irreversibles que causaría este virus de muerte.

Vivimos el día a día, confiados en que mañana seguiría nuestra rutina de trabajo, de relaciones, de estudio, etc, sin que pasara por nuestra mente que un virus cambiaría nuestro destino. Desde la primera puesta de sol hasta el último murmullo de los grillos, al llegar la noche, era normal vivir. Todo era una rutina, para algunos de dicha y felicidad, para otros, de vicisitudes.

Antes del Covid-19, creíamos más en la longevidad y en lo generoso de la vida en gozar de tantas cosas. Se nos olvidó que la vida es un 'ratito', que es un mundo de matices que incluye caos y felicidad, que a pesar de tener tiempo y espacio ahora todo parece impredecible.

Parece ser que 'hágase tu voluntad' del Padre Nuestro es la mejor decisión para confiar.

Hoy, claramente, vemos la fragilidad del ser humano.  Para muchos, el orgullo, la arrogancia, la prepotencia y el poder efímero que se esfuma como el viento, quedaron en el pasado. Los bienes, sin dejar de ser importantes, no son prioridad.

Muchos partieron sin retorno, muchos abandonaron sus sueños, muchos perdieron hasta la vergüenza.

Aspiramos a convencernos que con este golpe tan fuerte aprendimos sobre el verdadero valor de la vida, la familia, el amor, el respeto y hasta la misma fe, que muchos  dejamos relegada pero que ahora ha surgido con mucha fuerza, aprendiendo de la importancia de nunca perderla, menos en los tiempos difíciles.

No permitamos que la violencia se agudice, ni que la familia se destruya, pues si bien los tiempos no han sido fáciles, parece ser que el ser humano requiere hoy más nunca de la resiliencia para no derrumbarse en el caos o en el sinsentido.

Es necesario hacer un alto en el camino, y en ese espacio, hablar, pensar, escribir, evaluar, tomar fuerza, ánimo y valentía para  encontrar el camino.

Vivamos 'un día a la vez', hay mucho por hacer, pon tus propósitos en manos de Dios y él hará.

En cuanto al futuro, este vendrá con sus propios afanes, preparemos nuestro corazón y el de nuestras familias para enfrentar los desafíos y tomar las mejores decisiones.

La vida nos dio la oportunidad de empezar, de cambiar o de arreglar lo que estaba mal. Hoy es el día para salir del sin sentido. Si aún estás vivo, es por qué hay un propósito en tu vida.

Ahora, las nuevas generaciones tienen grandes retos, entre ellos enfrentar una vida con un sentido especial, el sentido del amor y de la empatía.

No hay tecnología que valga, si no hay responsabilidad y compromiso. Es el momento de activar el chip del sentido de pertenencia y el de hacer por la vida.
Somos fuertes, valientes y eso está demostrado. En nuestras manos está cambiar el rumbo de nuestras vidas.

Los sueños se sueñan y las metas se conquistan con esfuerzo y valentía.

"No temas, esfuérzate y sé valiente que Dios está contigo y conmigo".