Esos días raros

/ Opinión
Por: Marco Antonio Valencia Calle

Esos días raros

Todavía no comprendo lo que me pasó hoy. No logro comprenderlo bien. Supongo que hay días así. Situaciones que uno no puede interiorizar, ni comprender, y solo queda dejarlos pasar.

Tenía organizado un evento para hoy lunes en una empresa. Una capacitación de seis horas pactada hace cuatro semanas. Organizando el evento se llegó a la conclusión de pedir a la gobernación un funcionario experto para hacer la capacitación. Se solicitó con tres semanas de antelación y al funcionario se le dio la orden por escrito para asumir la capacitación. Yo estaría de apoyo.

El invitado del gobierno me escribe el sábado en la noche y me avisa que no puede ir porque le falta un trámite legal para salir de su oficina. Le digo que tarde para avisar que la empresa ya tiene todo el listo para el lunes, En vista de que no irá, asumo y madrugo el domingo y durante 12 horas seguidas en mi computador me doy a la tarea de organizar la charla taller.

El domingo en la noche me escribe alguien de la empresa vía wasap para decirme que la entrada es a las ocho, una hora más tarde de la habitual. Que todos se pusieron de acuerdo para llegar tarde (aun así, dos personas llegan a las nueve). Pues vale, normal, ¿no?

El funcionario del gobierno llega el lunes, dice que está por su propia cuenta y riesgo y ofrece una charla de 40 minutos sobre generalidades, por las ramas, no profundiza en nada, no dice mucho para lo que se le requiere. De todas maneras, se le agradece. Y como llegó se fue.

Estoy tranquilo. Al fin y al cabo, he preparado un buen taller con más de 250 fotocopias (para entregar a cada participante), vídeos, carteleras, dinámicas, elaboración de material propio. Estoy comprometido con el tema y con la empresa.

Pero cuando estoy iniciando la charla, a los cinco minutos irrumpe el gerente, dice que necesita al personal diez minutos, pero no, resulta que termina hablando 3 horas y media después en un tema que pudo abordar e informar en media hora, pero que además fue incómodo por los asuntos internos tratados allí. La gente salea tomar aire y un café.

Al final: Me queda una hora promedio para la capacitación. Les digo que trabajemos esa hora, pero los asistentes me dicen que no, que únicamente media hora porque se van una hora antes de lo habitual para saludar a un compañero que está de luto (llegan una hora tarde, se van una hora temprano, la agenda es saboteada, no pasa nada, respiro, manejo mis emociones).

Pido 40 minutos, trato de hilar un discurso coherente, importante, pero la gente ya no está en condiciones de escuchar... y yo mismo he perdido la motivación. Trato de salvar la jornada, pero no, no se pudo. Y para completar un empleado me interpela y me dice que ese tipo de capacitaciones no le sirven, que quiere otra cosa. Me siento agredido, le contesto con calma, respiro, manejo mis emociones.

Salgo y de camino a casa me pregunto qué pasó. ¿Dónde está la falla? Entiendo que charlar un tema administrativo es importante, entiendo que la solidaridad del luto es importante, entiendo que, si podemos dormir una hora más, hay que hacerlo. Pero... ¿hubo improvisación? ¿hubo falta de respeto para conmigo, para la empresa, para los empleados? ¿Quién le faltó el respeto a quién? ¿A quién le correspondía hacer respetar la jornada? ¿en verdad la gente de esta empresa quiere capacitarse? ¿Hay compromiso en esta empresa? Y lo más desagradable es que estaba ofreciendo mis servicios profesionales de gratis. ¿Sería eso, que la gente no valora si vas de gratis? En el fondo no estoy ofendido, pero si desconcertado. Yo hice lo que tenía que hacer, me preparé con profesionalismo, respeté… pero ya en casa, sigo pensando en el tema, un poco desconcertado. Es que no sé qué paso.

Estas cosas pasan.  Hay gente así, empresas así, días así, jornadas así,

Respirar, controlar las emociones, escribir para desahogar, escribir para dejar constancia de estas cosas, de éstos días, de esos momentos en que tú quieres darlo todo, pero todo sale mal y te dices, pero no pasa nada.

Y por un instante me digo: Tal vez, el que no ha entendido, el que está fuera de foco, el que no está haciendo las cosas bien sea yo (no creo esto, no me cabe en la cabeza, pero  puede ser, el mundo está al revés y yo sigo pisando la Tierra).

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