Fuga de la modernidad y surgimiento posmoderno

/ Opinión
Por: Mateo MalaHora

Fuga de la modernidad y surgimiento posmoderno


En la actualidad, las ciudades como asentamientos humanos, emblemáticos símbolos civilizatorios, cada día se redefinen y han dado enormes saltos cuantitativos y cualitativos en las últimas décadas.

Asiento de históricas trasformaciones políticas, hoy  tienen un nuevo equipamiento integrado por dispositivos, módulos y conectores desde los cuales se mira el pasado, presente y  futuro con paradigmas posmodernos.

En su entorno observamos el repliegue intimista de un sujeto que prescinde del calor humano para comunicarse.

Consecuencia de un clima cultural donde los equipos tecnológicos se colocaron por encima de los seres humanos, que terminaron enajenándolas y cobijadas por el imperio de la imagen, bajo el formato interesado de la massmedia, que produjo habitantes seducidos por el mundo de la lúdica electrónica.

La televisión, aliada con el internet, penetró en todas las esferas sociales, hasta constituirse en un sistema que hoy domina la psicología de las muchedumbres, incrementando, culturalmente, la falsa conciencia.

Y es evidente que el salto social a nuevos comportamientos urbanos tiene vigorosas raíces en el acelerado proceso del individualismo, fomentado por la sociedad poscapitalista, carrera que comenzó con el liberalismo en el siglo XVIII, donde la economía, abandonada al libre juego del mercado, se autorregulaba gracias a la acción ‘generosa’ de la MANO INVISIBLE  creada por la competencia.

Los antiguos patrones comunicantes fueron sustituidos por modelos digitales que unificaron imágenes, voces y sonidos.

Llega el fin de la modernidad, la apoteósica razón que la sustentaba desaparece y se derrumban sus estatutos edificantes como la historia, el Estado y el progreso, que a su paso arrastran con el capitalismo clásico e instauran el posmodernismo,  con una hipertecnologización desmesurada que apenas comienza y apela a inéditos deslumbramientos patrocinados por la inteligencia artificial.

El mundo ha sido objeto de enormes mutaciones tecnoculturales, que han penetrado todas todos los intersticios de la sociedad, implementado espacios donde se confunden la realidad y la ficción, que nos hacen recordar a Don Quijote, cuando confrontaba en sus andanzas sueños y realidades y sostenía relaciones imaginarias y  simbólicas.

De cara a nuevos escenarios se plantea el desplome del contrato social moderno, llega a su fin la ciudadanía mediada por las instituciones liberales. Los conceptos como   soberanía, patria y nación, mitos del conocimiento triunfante, se esfuman, mientras  Heidegger afirma que en esa debacle el lenguaje ha quedado vivo, y, por fortuna, el lenguaje tiene poderes para superar las ruinas.

Metafóricamente podemos afirmar que el contrato social posmoderno, preocupado en el mercado de cadáveres, -(guerras por el petróleo, ajustes neoliberales y bloqueo despiadado de pueblos),- aparece como una segunda estafa; recordando que millones de seres humanos, durante los últimos siglos, le apostaron a la primera estafa del contrato social conocido como ‘democracia’ -(igualdad, fraternidad y libertad)-, modelo societal fundado en relaciones económicas estructuralmente asimétricas, generadora de desigualdades que siguen inhumando la vida.

Encontramos que el Segundo “contrato social”, en cabeza de la globalización, ha permitido al capitalismo mundial, con o sin cañoneras, someter a los países “emergentes”, capturar materias primas, depositar residuos tóxicos, expender fármacos adictivos y expandir tecnologías obsoletas, sumándose su acecho sobre el agua, convertida en factor de agudos desgarramientos nacionales que, junto a las migraciones y el terrorismo, son los ejes de la conflictividad contemporánea.

Globalización se le llama halagadoramente, proceso económico, político, tecnológico, social y cultural, que en la práctica, es la segunda expansión hegemónica del capitalismo, adversaria acérrima de la intervención del Estado en la tramitación de las desigualdades sociales.

Mientras esto ocurre, los países poderosos, en una esquina deslumbrante de la residencia planetaria del neoliberalismo, invitan a las naciones pobres a consumir caviar y hablar de los peligros que amenazan al “Nosotros”,  construcción deleznable que apenas dura mientras se encuentran reunidos a manteles.

Recordando que, hasta hace poco tiempo, a los países dependientes se les llamaba Países subdesarrollados, hoy Tercer Cerebro, que padecen ‘la peste del olvido’, en tanto que el Primer Cerebro, dueño del Disco Duro, opera plácidamente en los territorios del Norte, a expensas de los  países depauperados.

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