Esta claro que los argumentos del Gobierno nacional en contra del paro de este 28 de abril se quedaron en la preocupación por las aglomeraciones en medio del tercer y más contagioso pico de una pandemia que ya lleva más de un año en el territorio colombiano; y en la crítica a los actos de violencia y saqueo, que efectivamente ocurrieron en ciudades como Bogotá, Cali o Medellín, y que dejaron un importante saldo de negocios, bancos y edificios públicos en mal estado.

Sin embargo, la protesta de hoy fue mucho más que un grupo de vándalos buscando la manera de incomodar a la ciudadanía en general, o de generar inseguridad en las calles colombianas. Fue también, mucho más que los enfrentamientos contra la fuerza pública, igualmente acusada de abuso y represión. El paro se presentó como un escenario para el arte y la reunión del pueblo colombiano en contra de no sólo la Ley de Solidaridad Sostenible, sino varias otras inconformidades en común.

/ Colprensa

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La historia del paro nacional comienza el pasado 6 de abril, cuando centrales obreras como Central Unitaria de Trabajadores de Colombia, CUT; la Federación Colombiana de Trabajadores de la Educación, Fecode; y la Confederación de Trabajadores de Colombia, CGT, convocaron a una movilización nacional “Por vida, paz, democracia y contra el nuevo paquetazo de Duque”, al que terminaron uniéndose las principales ciudades del país, entre muchas otras.

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La iniciativa, abierta para todas las comunidades del país, contó con el apoyo de los estudiantes universitarios, que muy temprano en el mes confirmaron su asistencia desde la Asociación Colombiana de Representantes Estudiantiles de la Educación Superior (Acrees) y la Unión Nacional de Estudiantes de la Educación Superior (Unees), proponiendo como puntos de partida en Bogotá a universidades como la Nacional, la Distrital y la Pedagógica.

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No tardaron en unirse también los sectores culturales que, siendo unos de los más golpeados por la pandemia del covid-19, no estuvieron de acuerdo con la propuesta de gravar a los agentes de la industria y cambiar las condiciones de la cuota de desarrollo cinematográfico en el país. Así, la cuota artística de la marcha fue aportada por cirqueros, bailarines y músicos.

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No se quedaron por fuera los hinchas de equipos del Fútbol Profesional Colombiano como Millonarios, Santa Fe y Atlético Nacional, siendo estos últimos los que más dieron de qué hablar al aparecer en hospitales de Medellín como el León XIII para alentar, como si del club se tratara, a los médicos que continúan luchando para mantener a raya la pandemia del covid-19.

/ Hinchada de Los del Sur

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Tampoco faltaron las comunidades ancestrales, representadas en esta ocasión por la Organización Nacional Indígena de Colombia, Onic, que el pasado 27 de abril reiteró su compromiso con la movilización “contra las diferentes políticas del gobierno de Duque y varios de los proyectos legislativos que, como la Reforma Tributaria y la fumigación con glifosato, atentan contra todos y todas los colombianos trabajadores formales e informales, pequeños empresarios, campesinos, afros, raízales, palenqueros, room, mujeres cuidadoras, jóvenes trabajadores y estudiantes”.

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En ese sentido, no faltaron quienes aprovecharon la marcha para recordar otros problemas históricos, que se han visto exacerbados durante el gobierno Duque, como las masacres y las muertes de líderes sociales y de excombatientes de las Farc, que de acuerdo con Indepaz ascienden a 33, 52 y 21, respectivamente, solo en lo que va corrido de 2021; o el hallazgo de la Jurisdicción Especial para la Paz, que indica que en Colombia se dieron, en realidad 6.402 ‘falsos positivos’.

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En las manifestaciones tampoco faltaron las muestras de astucia, materializadas en curiosas pancartas que usaron referencias de la cultura pop, como villanos de animé o canciones de reguetón, para expresar el desacuerdo con la restructuración económica radicada ante el Congreso de la República por el ministro de Hacienda y Crédito Público, Alberto Carrasquilla, el pasado 15 de abril.

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Tampoco se salvó, precisamente, Carrasquilla, quien se convirtió en tendencia la semana pasada luego de decir, en entrevista con Semana, que una docena de huevos cuesta $1.800, pifia que los colombianos no le han perdonado y que asocian con un desconocimiento profundo de la realidad económica de los habitantes de a pie, que piden que no se grave con el IVA a la canasta familiar.

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Con todo, y sin mencionar directamente el clamor ciudadano en las calles, el Gobierno nacional pareció entender el mensaje, pues en su introducción al programa ‘Prevención y Acción’ de este miércoles, el presidente Iván Duque señaló que, valora “las propuestas que hemos recibido desde distintos sectores, de gremios, de partidos, de líderes, de organizaciones”, e hizo un llamado para llegar a un consenso con respecto a la reforma.

Nota tomada de: https://www.infobae.com/