¡Hasta dónde hemos llegado Sancho!

/ Opinión
Por: Mateo MalaHora

¡Hasta dónde hemos llegado Sancho!


“A cada hora el poder en el mundo se  concentra y se globaliza. Veinte o treinta empresas, como un salvaje  animal totalitario, lo tienen en sus garras” Ernesto Sábato

Vivimos una era de colosales desafíos.

En países severamente dependientes, el  nuestro no es una excepción, el reto es el de adoptar posturas críticas y  asumir la vida con dignidad política para que el cambio sea.

Ninguna sociedad, autodefinida como  libre, puede considerar redimidas a poblaciones que viven en condiciones  de pobreza y miseria.

La idolatría por el poder, el capital y  la servidumbre,- esclavitud moderna-, convierte la enorme dimensión del  ser humano en prosaico signo de intereses económicos y engranaje oxidado  de la economía.

Víctimas somos de la ética neoliberal del  consumismo y, para ello, nos han engendrado una cultura del consumo,  adiestrado como especímenes  consumidores, productores de objetos consumibles que despiertan, simultáneamente, ansiedad por perseguir nuevos consumos.

Una sociedad seducida por beneficios  cómodos produce deshumanización y estimula la comisión de infracciones y  delitos, mientras la corrupción, privada y pública, concibe la  existencia humana como un ‘destino manifiesto’.

Basta mirar la racionalidad tecnológica  de las comunicaciones en las que navegamos, glorificada por el  capitalismo, donde el individuo sobrevive como hipnotizado.

Abatida la Historia, así con mayúscula,  el sujeto posmoderno presume vivir una Segunda ilustración. La tónica es  la de “dejar hacer y dejar pasar”, vivir plenamente el individualismo,  en detrimento de la solidaridad.

Y es, en este contexto, que los poderosos  hablan de la necesidad de crear sociedades desarrolladas, los mismos  que saquean los recursos de la naturaleza y la función creadora del  trabajo,  cautivando con su discurso alienante las voluntades débiles.

Deprimente es la exclusión social. Más de tres mil  millones son los marginados en el mundo.

Las políticas públicas de los estados no dan paso a sistemas que cierren  los abismos sociales, “brechas” les llaman candorosamente,  junten lo dividido, agrupen lo disperso y comuniquen lo distante.

Atónitos observamos que la defensa de la  ecología se limita a restringir el uso de bolsas plásticas y, la  cianuración, protegida industrialmente, hace visible el oro y visible la  desaparición de los ríos.

Y aún, en estas condiciones, escuchamos  falacias que hablan de la necesidad de insertarnos en el ‘Tercer Mundo y  los Países subdesarrollados’, ideologías en desuso, que hacen suponer  que el desarrollo es alcanzable.

Entre tanto, las grandes metrópolis, que  viven a nuestras expensas y expolio y saqueo, tienden un manto de  groseras fábulas políticas para que los “esperemos”.

Notorio es que los costos sociales de las  medidas impuestas por la banca multilateral, como el IFI y el BID, han  consolidado la pobreza extrema en amplias capas de la humanidad y,  hablar de luchar contra ellas, produce una sonora  carcajada en los dueños del poder financiero mundial, que han hecho del  statu quo de los países sojuzgados una realidad rentable.

No hay duda de que el individuo contemporáneo ha sido idiotizado y se encuentra arrodillado ante la  tecnología comunicativa  que expanden los países opulentos.

Las luchas que ayer forjaron la soberanía  de los pueblos se han perdido. Las innovaciones civilizatorias modernas  son opresivas, asfixiantes y tiránicas.

No hay convivencia empática, entrañable y  solidaria en las nuevas formas de sociabilidad impuesta por las grandes  metrópolis. La solidaridad y la ayuda humanitaria son un estilo y una  moda, formas de atrapamiento vergonzantes.

El embeleso existente en las naciones de  la periferia, sometidas políticamente a los poderes globales, que actúan  como centrifugadores de la economía y patrocinadores del cambio  climático, han hecho de pueblos y continentes sujetos  atados a la monstruosa destrucción ambiental, que atentan  provocadoramente contra la especie humana. ¿Hasta dónde hemos llegado  Sancho?

(Malahora, militante de ECODEMORACIA)
Salam Aleikum

Jorge Muñoz Fernández

jorgemunozefe@hotmail.com

"No por miedo a la locura arriaremos
las banderas de la imaginación"
Gaston Bachelard

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