Por: Maritza Zabala Rodríguez

Las recientes manifestaciones dejan claro que cargamos con agendas políticas y sociales inconclusas y pospuestas por mucho tiempo, en un sinnúmero de temas. Tenemos altos pasivos sociales, a los que se suman, además, los pendientes de las marchas sucedidas antes del COVID19; que como deuda que se tiene, crece con el tiempo y siempre llega el momento de ponerla al día.

Hay que hacer claridad que la política no puede alejarse de nuestras vidas. La apatía, el rechazo y su negación, no la eliminan. Es necesario ser conscientes que la democracia no es sólo un sistema político, pues al soportarse en valores, genera una fuerte relación entre política y ética en busca del bien. Urgen renovación, carisma, postura, credibilidad y fuerza comunicativa en lo político.

Paralelamente leemos, vemos y escuchamos una preocupante degradación del lenguaje que, con baja calidad, sin altura y con hechos y palabras agotados e incómodos, muestran las heridas abiertas que como sociedad tenemos. Además, se malgastan las redes sociales y otras plataformas con insultos o discursos de fondo sin ideas políticas argumentadas que se puedan entender o seguir. Y entonces la mayoría cree lo que llega a montones por esos canales y plataformas, a lo que se suma la falta de ideas, de voces y liderazgos fuertes, claros, que expongan sin confusiones lo que sucede.

En momentos como estos el lenguaje simbólico es poderoso. Las manifestaciones que han hecho uso de narrativas, imaginación y formas de hablar en el marco de la protesta ideal, dan vida al arte: hay música, danzas y presentaciones que, sin agresiones manifiestan su oposición y voluntad, sin asaltar, destruir o violar el contrato social.

Es necesario tener claridad que el vandalismo es un tema de orden público mientras que las manifestaciones y los paros, son temas políticos. Estos deben diferenciarse, no cruzarse y atenderse de forma independiente: para no politizar el vandalismo y hacer de los paros un tema de orden público. Cada una de estas situaciones tiene responsables, niveles y esquemas de atención diferentes que, al cruzarse, profundizan las pugnas y dilatan las opciones de negociación y deliberación de las partes interesadas.

Como sociedad democrática debemos salvaguardar el contrato social y los derechos sin abusar de ellos. Válido respetar el derecho a la protesta y la libertad de reunión, no las jornadas de violencia, caos y daño a la comunidad, sus derechos o propiedad privada.

Marco Tulio Cicerón dijo hace tiempo que “En las horas de peligro es cuando la patria conoce el quilate de sus hijos", ahora es cuando las autoridades, que se deben a la protección de todos y al cumplimiento de los deberes sociales, deben tener, deben sentir, nuestro permanente apoyo como sociedad.

(c) Maritza Zabala Rodríguez | @mazarito1|

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