Helcías Martán Góngora “El poeta del Mar”

/ Opinión
Por: Álvaro Jesús Urbano Rojas

Helcías Martán Góngora  “El poeta del Mar”


Escribir sobre HELCÍAS MARTÁN GÓNGORA en el centenario de su natalicio, hace que se torne  difícil abreviar la inmensidad de su obra poética  en el reducido espacio de una columna editorial, exige una aventura de síntesis comprender el alcance de su inspiración literaria, surgida del mar del sur que remoja nuestra costa caucana, en cuyo  horizonte  declinan fastuosos atardeceres para vestir de estrellas las noches guapireñas, con la sonoridad exquisita de marimbas de chonta, cununos, guasás, tambores y el influjo afrodisiaco del chontaduro.

MARTÁN GÓNGORA,bardo autóctono, cuya fertilidad verbal se inspira en ese mar que lo  hizo crecer con el arrullo de sus olas y la brisa tropical de los vientos alisios, su poesía rima al compás de la marea  que impregna de salinidad el ceviche, el arroz endiablado y la cazuela de mariscos; su poesía se solaza en las notas hechizantes del currulao para atrapar sirenas ficticias en las redes dialécticas del arte y la belleza.

Nace del amor de Helcías Martán Arroyo y Enriqueta Góngora, el 27 de febrero de 1920. Sus primeros conocimientos los aprende en su pueblo natal Guapi; luego, para expandir su entelequia, el destino lo instituye como discente en los colegios San Francisco Javier de Pasto y San Ignacio de Loyola de Medellín, tentado por la masonería, estudia Leyes en la Universidad Externado de Colombia en Bogotá donde se recibe como abogado, disciplina del conocimiento que nunca ejerció, porque permaneció encadenando versos, como lo reconoce en su obra “Encadenado a las Palabras” sin duda su producción literaria es de las más extensas y significativas de la lengua castellana en todos los tiempos.

Vivió en  varias ciudades de Colombia y del exterior, imbuido en su Calíope afroamericana, musa del «pescador sin red ni barco», hasta establecerse en Cali. Su sobrino Alfonso Martán Bonilla, escribió para su biografía:  Miembro de la Academia Colombiana de la Lengua, Caballero de la Orden de Alfonso X el Sabio, Grand’ Croix d’Honner de la Orden Imperial Bizantina de Constantino el Grande, Profesor Honorario de la Cátedra Guillermo Valencia en la Universidad del Cauca, miembro de la Academia de Historia de Popayán y de la Sociedad Bolivariana de Colombia, director fundador de Esparavel (revista internacional de poesía), cofundador de la Revista Vanguardia de Guapi, columnista en periódicos y revistas nacionales e internacionales.

En su periplo político fue Personero de Popayán, Alcalde de Buenaventura, Diputado a la Asamblea del Cauca, Secretario de Educación del Cauca, Director del Teatro Colón de Bogotá y Representante a la Cámara por el Cauca.

El Cauca nunca condecoró su grandeza; en 1980 obtiene en México el premio Vasconcelos y recibe la Cruz al Mérito Cívico de Santiago de Cali por escribir la letra de su himno. En 1982 el municipio de Buenaventura le otorga la Medalla Cívica Pascual de Andagoya, en homenaje póstumo el Concejo Municipal de Santiago de Cali, le confiere la Orden de la Independencia en el grado de Caballero.

Su obra, traducida a varios idiomas, enaltecida por académicos y literatos como Mosses Harris, de la Universidad de Washington, en su tesis doctoral “Image Structure in the Poetry of Helcías Martán Góngora”; Guido Enríquez Ruiz, de la Universidad del Cauca, con su tesis doctoral. “Magia del agua y rito del silencio en la poesía de Martán Góngora”; Manuel Briceño (S.J.), con su ensayo “El mar: Esencia lírica de Martán Góngora”; José Sánchez-Boudy, de la Universidad de Carolina del Norte con su ensayo “La poesía negra de Helcías Martán Góngora”; y Alfonso Martán Bonilla, de la Universidad Santiago de Cali: “La poesía de Martán Góngora”, “El negro en la poesía de Martán Góngora” y “Socavón de Helcías Martán Góngora”.

Muere en Cali, el 16 de abril de 1984. En su sepelio, el poeta, Hugo Salazar Valdés expresó: “…El más grande, el más sereno, el más vibrante poeta marino de la Hispanoamérica”. MARTÁN GÓNGORA, exalta su ascendencia así: “A media noche escucho adentro/de mi latir, vibrar, sonar/ el tambor que tocaron mis abuelos./ Sus negras manos/golpean sobre el pecho,/por el camino cierto del corazón./ Sus negros dedos/posados en mis sienes,/transitan el sendero de los sueños./ Entre las pausas/del ancestral concierto/oigo romper cadenas/ en la esclavitud del silencio./ A media noche./ Solo. Soñando./ Despierto.”

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