En su aclaración, por causa de una carta abierta dirigida a la opinión publicada por el colega Armando Torres, La academia de historia del Cauca “Rechaza la forma agresiva empleada como método de manifestar el descontento del grupo Misak, frente a las circunstancias consideradas como históricamente lesivas”, firmada por sus directivas: Zamira Diaz, presidente y María Cecilia Velásquez López, vicepresidente, de fecha 31 de agosto de la presente anualidad; pronunciamiento frente a la reubicación de la efigie ecuestre del conquistador Sebastián de Belalcázar.

Comparto la posición mesurada de la Academia de Historia, pues destruir el patrimonio cultural de la Nación es violentar la memoria colectiva, no se puede justificar las actuaciones vandálicas de quienes se arrogan el derecho de ser los nuevos guardianes de la virtud, destruyendo nuestros monumentos y reinterpretando el pasado como revisionistas de nuestra historia. El revisionismo histórico es la crítica de los hechos y los relatos oficiales, con el fin de revisarlos y reinterpretarlos, bien como aporte académico, político o peyorativo.

Atentar contra la infraestructura urbana y dañar el patrimonio cultural, obligan a escrutar más de cerca a quienes son honrados por estos monumentos, y esto permite que la historia se vuelva a contar desde el punto de vista de la necesidad de construir una unidad nacional como proyecto político dado que la presencia de nuestros antepasados, cualquiera que sea su origen en nuestro caso indígena, español y afro, para emerger como una población mestiza tendiente a construir una nacionalidad con un proyecto social  incluyente y participativo.

Al derribar, destruir, grafitear nuestros monumentos y profanar nuestros sitios históricos, resulta necesario redefinir la visión de la memoria colectiva, con una simbiosis que obliga a conciliar el derecho de unas minorías raizales, hoy con un gran poder económico y social, con una sociedad mestiza que ha ejercido por siglos la autoridad política para embellecer la ciudad y conforma el entorno urbano de ancestro colonial, patrimonio inmaterial de la humanidad.

La  posición de la comunidad Misak, viene afectando el paisaje urbano de una sociedad multiétnica y pluricultural, lo que en aras de la convivencia pacífica, es urgente implementar nuevas reglas de tolerancia y coexistencia, máxime cuando se promueve el turismo con expresiones culturales clasificadas por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) como «Patrimonio de la Humanidad»,  de donde surge la obligación moral de cuidar nuestros monumentos y no tolerar que con fines protervos, se destruyan, bajo el pretexto del rechazo a la esclavitud y el colonialismo.

Las ciudades son cuerpos vivos que cambian de acuerdo con las necesidades, valores y deseos de sus habitantes, y estas transformaciones son el resultado de una culturización social. Derribar monumentos protestando contra una dimensión histórica de racismo y la opresión, es legitima pero injustificada, incluso me atrevería asegurar que es algo más que eso, al incorporar una forma de apostarle a la gentrificación de nuestra ciudad, que supone la metamorfosis del sector histórico, para degradar la ciudad a un rescoldo de un pasado glorioso sin futuro promisorio.

Comparto la posición de la Academia de Historia del Cauca, pues es inaplazable y urgente, fortalecer la unidad de nuestra sociedad multiétnica y pluricultural, sin dejarnos dividir con argumentos segregacionistas de raza, clero, género o de lucha de clases, bajo el sofisma de distracción anti esclavista. En el caso concreto de Sebastián de Belalcázar, la Academia de Historia del Cauca, interpreta que, si bien las acciones del conquistador frente a las comunidades nativas pueden interpretarse como reprochables, no hay que desconocer el contexto histórico en que se desarrolló, donde Belalcázar, juega un papel fundamental en la historia, como fundador de ciudades, instaurador de cabildos e instituciones de gobierno urbano que siguen funcionando en el país. Además, no podemos borrar de la historia a quienes representan al 90% de la población con ancestro español, y quienes diseñaron el trazó urbanístico del cuadrante español que permitió el desarrollo de nuestras ciudades.

Es necesario dinamizar los monumentos, acercarlos a la ciudadanía e insertarlos a la oferta turística como instrumentos pedagógicos para implementar políticas públicas de desarrollo social incluyentes y participativas, que, sin duda alguna, evitarán el derribo, vandalismo o intervención de los monumentos, los que deben ser estudiados con un modelo pedagógico lúdico y recreativo que amplie su conocimiento y su representación histórica cultural.