“La causa del Cauca es la de todos”, dijo Obando en 1860. Y lo es hoy también

/ Opinión
Por: Periodicovirtual.com

“La causa del Cauca es la de todos”, dijo Obando en 1860. Y lo es hoy también


Por: Juan Esteban Constaín

Todo allí

Lo único bueno que tiene la tragedia atroz que está  viviendo el Cauca, mi departamento, si es que algo de bueno tiene esa  tragedia, es que parece que por fin el resto del país se está dando  cuenta, ahora sí de verdad, de que allí, en ese olvidado pedazo de  tierra en el sur de Colombia, está el nudo gordiano, el centro de todos  nuestros problemas como sociedad. Y si el Cauca no se salva, lo demás  tampoco lo hará.

Así ha sido casi siempre en la historia de Colombia,  además, y esa especie de ‘república independiente’ del sur, con todos  sus enmarañados conflictos de clase y de raza, los conflictos por el  poder y por la tierra, que es una redundancia, ha sido también el punto  de partida de nuestras guerras más terribles; el origen, desde la  independencia, de los desafíos más profundos a la construcción de un  Estado que funcione en este país tan diverso.

Es una gran  paradoja que han señalado quienes han estudiado el tema: la de la  importancia política, cultural y económica que el Cauca tuvo durante el  periodo colonial, y la de su indudable declive, hasta caer casi en la  insignificancia, durante la república, sobre todo después de la segunda  mitad del siglo XX. Un departamento que cuando fue Estado soberano en  1863 colindaba con el Ecuador, Brasil y Venezuela.

Colombia es un país que tiene más territorio que  Estado. Y eso, en términos históricos, ha significado siempre que  distintas formas de la ilegalidad y la violencia ocupen el espacio,  llenen los vacíos

Pero la sola enunciación de esta paradoja es también su  explicación, porque la historia del Cauca es la de una sociedad que  perteneció, y pertenece, al orden colonial, cuyas estructuras señoriales  de dominación y de exclusión se quedaron ancladas en su pasado ideal y  eterno, “nostálgico pozo de olvido”, mientras la modernidad las dejaba  al margen o las usurpaba en su versión más violenta y corrupta. Eso es  lo peor, ahí está el problema.

Porque en últimas, ahora que  estamos en el año del bicentenario, se supone que ese era también el  mito de la independencia y la proclamación de la república: el del  ‘Progreso’ (así en mayúsculas); el del desmonte del viejo orden para  imponer un modelo, más allá de todo lo que uno lo pueda criticar, que  era el de la democracia, el liberalismo y el capitalismo: la modernidad,  mejor dicho. La modernidad.

Ese modelo tuvo aquí, en el siglo  XIX, distintas expresiones, muchas de ellas exitosas aunque no menos  contradictorias y opresivas: la del latifundismo industrial en el Valle  del Cauca, por ejemplo, o la de la llamada ‘colonización antioqueña’.  Eso, mientras se iba dando la difícil empresa de la invención de un  Estado democrático y de derecho; la invención de la nación. Y el Cauca  se quedó por fuera de esa historia. No atrás, afuera.

Con sus  élites pauperizadas y anacrónicas, cerradas, incapaces y desdeñosas de  una modernidad que sin embargo, y quizás por eso mismo, jamás llegó. Y  abajo, bullendo como un volcán, los conflictos étnicos de los pueblos  indígenas y negros que habían soportado, de maneras muy distintas y  complejas, esa estructura de la hacienda y la minería. Y los conflictos  de clase, los conflictos políticos y sociales. Una bomba.

Colombia  es un país que tiene más territorio que Estado. Y eso, en términos  históricos, ha significado siempre que distintas formas de la ilegalidad  y la violencia ocupen el espacio, llenen los vacíos. La maldición del  narcotráfico no ha hecho más que inundar esa estructura; adueñarse de  ella. Y donde más conflictos hay, donde más zonas grises se abren entre  la Constitución y la realidad, entre la ley y la vida, peor es su estela  de muerte.

Es lo que ha estado pasando en el Cauca. Pero desde  hace mucho, además, muchísimo: desde hace décadas, solo que cada día es y  será peor. Y hay que hacer algo, porque ahí se juega la suerte de  Colombia.

“La causa del Cauca es la de todos”, dijo Obando en 1860. Y lo es hoy también.

catuloelperro@hotmail.com

Nota tomada de: https://www.eltiempo.com

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