Por: Jairo Hernán Ortiz Ocampo
DocentePrograma de Ciencia Política
Universidad del Cauca

Insistir en la implementación de otra reforma tributaria que deja por fuera los intereses de unos pocos y que afecta de manera significativa los ingresos de la inmensa mayoría, de las clases más deprimidas y vulnerables del país, aún en medio de una pandemia, es una muestra clara y suficiente que estamos evidenciando la degradación y/o declive de la clase política predominante, perpetuada en el poder por muchas décadas y que sus decisiones ya no responden a las necesidades de quienes los mantienen en el poder.

Por el contrario, esta clase política colombiana ha posicionado al país en dos deshonrosos puestos en desigualdad: octavo en el mundo y segundo en América Latina.

Las protestas sociales es un claro ejemplo de frustración que genera la desigualdad. Un número de personas buscan huir de la pobreza, del hambre, de la marginalidad y exclusión. Para la gran mayoría de colombianos la desigualdad los tocó en el momento de su nacimiento, definiéndoles su libertades y sus oportunidades; sólo han heredado de la sociedad desventajas de oportunidad.  Las desigualdades del desarrollo humano dañan las sociedades y debilitan la cohesión y la confianza de los ciudadanos en los gobiernos e instituciones.

Sólo ver las cifras del DANE (2020) de un factor de la desigualdad: para el año  2020, la pobreza en Colombia llegó al 42.5%. Un aumento de 6.8% frente al 35.7% de 2019. Es decir, 21 millones de personas son pobres. La cuestión se vuelve más grave si vemos la cifra de la pobreza extrema: 7.47 millones de colombianos están en esta situación. En el 2019 esta cifra representaba el 4.68 millones de personas. Es decir, los pobres extremos aumentó de 2019 a 2020, 2.79 millones.

El problema social y económico del país es estructural y las reformas tributarias que se proponen, especialmente ésta última, siguen ahondando en la desigualdad. Es posible combatirla, pero es preciso comprender mejor la dinámica y configuraciones de la desigualdad y los factores que la provocan. Las políticas que se adopten deben ir mas allá de la superficie e ir eliminando los factores subyacentes que la provocan.

Si los gobiernos no tienen la voluntad política para enfrentar este problema, lo harán y lo están haciendo las bases sociales. En esa nueva idea de la política en la cual estamos hoy en día, no es el centro sino las periferias (sociedades con muchos centros de poder) los que impulsarán los cambios necesarios que necesita la sociedad. Ya no es el centro hacia la base, sino las bases configurando el centro. Es el declive del poder central como paradigma principal  y gestor de la estabilidad social.