La guerrera de los derechos de las mujeres

/ Opinión
Por: Periodicovirtual.com

La guerrera de los derechos de las mujeres


Conocí a Claudia Quintero Rolón en una rueda de prensa en la Policía, hace dos o tres años, no tengo la fecha precisa. Ese día hablaron de la patrulla de género, y ella, como líder social y de las mujeres, destacó la puesta en marcha en Popayán de esa propuesta para velar por los derechos e integridad de las mujeres en esta zona del país.

Tengo es recuerdo porque ella, de manera directa y frentera, rechazó el tema de la prostitución en mujeres, los feminicidios y la vulneración de los Derechos Humanos de todos. Ese discurso, al tiempo, fue la excusa para entrevistarla para ahondar más en dichas temáticas que, lastimosamente, golpean a la región, donde una mujer resulta herida en un hecho violento o es golpeada por su pareja en medio de discusiones en una semana o en menos de dos días.

“Es falso, completamente falso que la prostitución sea un oficio, un trabajo, una mujer que está en ese mundo es una sobreviviente, es víctima, por eso hay que erradicarlo, como han hecho en algunos países europeos Pacho”, fue la indicación, casi en tono de regaño, en una entrevista que realicé para el periódico donde laboro.

Desde entonces empecé hablar más de estas problemáticas con Claudia, pero a la vez ir conociendo su historia, desde que llegó al sector deprimido del Bronx luego de ser víctima sexual por parte de un confeso paramilitar, y para después huir de esa pesadilla, llegó a esta zona compleja del país.

“Siempre estuve insatisfecha con lo que me estaba pasando, siempre tenía presente que estaba sufriendo una violencia de carácter sexual como mujer, como desplazada, como negra, esa conciencia la compartía con personas de la calle, mujeres en condición de prostitución, por eso terminé asumiendo una lucha para pelear por los derechos de ellos, míos, como ciudadana colombiana y mujer”, dice Claudia cada vez que le se ve abocada a recordar sus inicios, duros sí, pero determinante para que ayudara en la creación de la Corporación Anne Frank, que hoy prácticamente rescata a mujeres de esos conflictos.

Luego, entre charla y charla, me fue contando su historia, como cuando le tocó salir de su región natal, Norte de Santander, tras ser víctima de los paramilitares del Bloque Catatumbo y huir a la Argentina, con su familia, para conservar la vida. De ahí que naciera esa actitud de lucha para vivir, sobrevivir o como se llame a la forma de continuar con la existencia, ayudando a otros hacerlo también y llevando ese mensaje, como los apóstoles, a las regiones del país, en este caso en el Cauca.

Ya después llegó el proyecto Anne Frank, con el cual lucha precisamente por mujeres como ella, sobrevivientes a la guerra, a la prostitución, la violencia de género, intrafamiliar; pagando un alto costo por ello: en el 2018 me tocó reportar un atentado que sufrió, al occidente de Popayán, cuando precisamente adelantaba esa labor, pero gracias a la reacción de los guardaespaldas de la UNP, la situación no pasó mayores.

Cuando ya me contaba más fondo los motivos de su lucha, me explicó, casi con plastilina, el por qué se debe abolir la prostitución del globo terráqueo, brindándome otra visión de esa práctica, las misma quedó plasmada en un artículo que publicó en el diario de mayor circulación en el país.

“¿Cuál sería la causa de despido en el trabajo sexual? Si el cliente huele mal o tiene pus en el pene, ¿debo devolver el dinero o acceder a él porque ya pagó? En el trabajo sexual, como en cualquier trabajo, ¿el cliente manda? ¿Quién alimentará el creciente mercado que traerá la reglamentación si no son la trata de personas y la prostitución forzada, como ocurre en Alemania y Holanda? Siendo el grupo humano con más riesgo de ser asesinado, ¿nos van a pensionar a los 35 años? ¿El sistema de salud está dispuesto a considerar VIH, VPH y otras enfermedades, enfermedades laborales, y pensionar a quienes las contraigan? ¿La selección de personal en la prostitución eliminaría del Código Penal la inducción a la prostitución? ¿Se expedirán permisos desde el Ministerio del Trabajo para los menores que quieran ‘trabajar’ en dicha ‘labor’, como se hace con cualquier trabajo? ¿Quienes compran sexo recibirán factura? ¿Nos empadronarán en una base de datos que daña nuestra necesidad de anonimato?

Esa es la postura de esta mujer, quien ahora, en medio de la grave crisis social y económica por la Covid-19, trabaja fuertemente para acoger aquellas mujeres que huyen de la prostitución, la pobreza y la violencia. Gestionando, tocando puertas en el país, en el exterior, esta mujer fue una de las crearon la Casa Refugio Cuidar Vidas, que es no otra cosa que un espacio para aquellas víctimas de ese flagelo para que tengan un apoyo en sus luchas para que se alejen de esa dureza social y se acerquen la esperanza, y perfeccionen esa lucha, recibiendo capacitaciones en derechos humanos y temas para se vuelvan más guerreras en esa lucha.

Esa Casa Refugio es solo uno de los tantos frutos del trabajo de Claudia en Popayán, donde llegó para  dictar talleres, redactar documentos y denuncias por las víctimas, haciendo visitas de sensibilización a las autoridades, entre ellas a la Patrulla de Género y la Mesa de Diversidad de Colombia, para bien de las payaneses, pero un poco engorroso para aquellos que quieren silenciar a las personas que denuncian o hablen de derechos. No, ella está firme, denunciando, interviniendo y hasta corrigiendo a nosotros los periodistas, para que aprendamos más de las mujeres e informemos de sus realidades, visibilizándolas ante la opinión pública.

Pacho Calderón
Periodista

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