La intolerancia y la grosería

/ Opinión
Por: Marco Antonio Valencia Calle

La intolerancia y la grosería

Ser intolerante es una de las peores acusaciones sociales de hoy en día.  Los madrazos ya no ofenden a nadie. Pero una acusación de “intolerante” es cosa grave, duele y pesa.  Pero no todo el mundo sabe que es tolerancia o intolerancia.

Pero basta: La tolerancia debe llegar hasta donde llegan los derechos de las otras personas.

El diccionario define la tolerancia como la “Actitud de la persona que respeta las opiniones e ideas de las demás, aunque no coincidan con las propias”, y eso está bien, así debe der; pero no dice de aguantar la patanería, grosería, la humillación, ni mucho menos los ataques físicos personales o la delincuencia.

Otro diccionario dice: “Capacidad que tiene un organismo para resistir y aceptar el aporte de determinadas sustancias, en especial alimentos o medicamentos”. Pero no dice, capacidad humana de aguantar el ultraje del otro contra mi persona o dignidad.  Una cosa es tolerancia, otra es la afrenta.

El cuento viene porque servidores públicos, sicólogos, periodistas, maestros (que no tienen hijos abusivos, que no son víctimas) hablan a boca llena de “tener tolerancia” con los abusivos, groseros y delincuentes que irrespetan y cometen actos de barbarie contra cualquiera sus conciudadanos.

Las palabras “falta de tolerancia” no implica señalar aguantar el abuso y la delincuencia. Hay que buscarse otras palabras.  Veamos algunos ejemplos donde se usa mal.

Los periodistas dicen “en un caso de intolerancia un atracador resultó herido, el taxista por defenderse cuando lo estaban atracando hirió al joven… ¿la defensa es intolerancia? En mi opinión es legítima defensa.

En algún momento un niño pega, escupe, patea, tira, gruñe groserías, se da golpes en la cabeza, le pega a la mamá… ¿y por tolerancia…. hay que dejarlo hacer lo que le da la gana? En mi opinión, las cosas no deberían ser así.

Ya no se puede denunciar a los mariguaneros que se tomaron el parque del barrio para fumar mariguana, porque es falta de tolerancia con los “muchachitos”.  Y por la mal entendida tolerancia, ni los niños, ni los adultos mayores, ni las mascotas pueden disfrutar del parque.

Ya no se le puede decir nada al dueño del perro que deja su popó por todas las zonas comunes, porque es falta de tolerancia con los animales y con el pobre irresponsable dueño de mascota.

La pregunta es… ¿por tolerancia debo aguantar la grosería del otro?

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