La otra Colombia

/ Opinión
Por: Periodicovirtual.com

La otra Colombia


Por: Pedro Pablo Burbano

Son las 11 de la mañana el sol esta casi por llegar al punto del medio día, en plena semana santa un miércoles 8 de abril 2020 con un calor de 34 grados en la vía panamericana que conduce de mojarras Cauca a puertoremolino, un corregimiento del municipio de Taminango en el departamento de Nariño, se observa un panorama que no es habitual , o por lo menos no lo es desde hace mucho tiempo, por el lugar no se observa pasar vehículo alguno, contrario a lo que sucedía el año inmediatamente anterior cuando se observaban caravanas de buses llenos de turistas, o vehículos particulares, unos que toman la panamericana al norte, dirigiéndose a la capital Popayán para disfrutar de las festividades de la semana mayor o simplemente viajan al norte para poder descansar en los municipios cercanos, como es ya tradicional, los viajeros que se dirigen al sur en busca de visitar lugares en el departamento de Nariño, mas exactamente la ciudad de Ipiales donde se encuentra el templo de nuestra señora de las lajas, que también es tradición por estas épocas normales del año.

Con suspiros las personas comentan su situación que laboran de manera informal de la venta de productos en las vías tanto del cauca como Nariño, cuentan que por estas épocas en años anteriores el transito y el turismo se convierte en una fuente de subsistencia, para poder lograrel sustento diario,que apenas si les alcanza para poder llevar algo a la mesa, en tiempos de pandemia la situación se ha vuelto cada día más difícil, a si lo comentaun vendedor informalde la zona, dedicado a la venta de helados, quien manifiesta que en las 2 semanas de cuarentena” no alcanzo ni a vender para una librade arroz por día, antes vendía 20 o 30 mil pesos, se trabajaba de 6 de la mañanaa 6 de la tarde, pero ahora solo me hago si acaso 4 mil pesos” y ni que hablar del comercio local, con apenas unos comercios de venta de víveres abiertas ya se comienza a evidenciar síntomas de escases y aparte de eso el acaparamiento, genera que se haga casi imposible poderse abastecer con los productos necesarios en sus comercios, la situación se vuelve cada vez más


dramática para estas personas que no encuentran una solución oportuna por parte de las autoridades locales.

Tanto en el lado Departamento de Nariño como en el lado del Departamento del Cauca las comunidades manifiestan la misma situación, las ayudas son simplemente paliativas de una enfermedad que hemos vividoen carne propiadesde hace muchas generaciones y que no existe medida o antídoto que sirva frente a esto, el abandono estatal, en estas zonas donde el empleo informal es la única fuente de ingreso, se ha visto la crisis de una manera más profunda, incluso más que en las ciudades capitales, donde el apoyo estatal ha sido insuficiente, comose ha hecho celebre la frase por estos días de las personas que desesperadas salen a la calle violando la cuarentena nacional obligatoria, “nos queda o morirnos por el coronavirus o del hambre, si no se busca a la mesa no llega el pan”

Por más crudo que parezcala realidad es mucho mas gravede lo que se puede ver en los medios de comunicación, en la Colombia invisible, que solo son sombras al pie de la carretera panamericana, los programas de ayuda estatal si bien es cierto han sido un apoyo financiero para algunas personas en esta comunidad no son suficientes para poder librarlas contingencias diariasque se presentan, ya era difícil en los tiempos por decirlo de alguna manera, normales, ahora en tiempos de cuarentena donde casi las 3 cuartas partes de la población mundial se encuentra confinada, y se hace duro poder llevar la situación para los países de primer mundo, mayor aun en estas comunidades que solo encuentran un alivio a su situaciónen el comercio informal, que por el momento se encuentra casi desaparecido.

La situaciónno mejora para los campesinos apostados a lado y lado de la carretera quienes, en su mayoría, manifiestan viven de la agricultura, que no han podido vender sus productos, sandias, mangos, naranjas, que son productos tradicionales por estas zonas, no han podido ser comercializados, solo queda utilizarlos, para el auto consumo, y las ayudas del gobierno nacional, no llegan.

Ya siendo las 5:30 de la tarde don lucho, como se llama el vendedor de helados a quien me encontré por casualidad dos veces en el mismo día, se despide con una sonrisa casi nerviosa, y la frente sudada por el calor que a pesar de la hora sigue golpeando con fuerza, va carretera arriba y poco a poco va desapareciendo como el día, en esta vía que en tiempos normales, es llena de vida, o por lo menos lo parece con el constante tránsito de vehículos, pero que hoy día, se ve tan vacía y con apenas uno que otro camión de carga que pasa, lento en su camino de norte a sury viceversa, poco a poco la sombra de don lucho se desvanece, y llega la noche, que lleva con ello el silencio sepulcral, silencio, que acompañalos días, y las noches en esta comunidad.

Por lo anterior debemos hacer un llamado a las autoridades locales, como Nacionales que las ayudas a estas poblaciones lleguen de la manera más eficiente posible y que sean dadas a personas que verdaderamente lo necesiten. En estos momentos de calamidades, se debe ayudar al más necesitado, pero también debe


ser una oportunidad de oro para que las cosas en nuestro país, cambien, y se implemente una política, donde verdaderamente se involucre a los ciudadanos que lo necesitan, sin distingo alguno, y sin buscar ventajismos de cualquier índole por parte de las clases dirigentes velando por buscar la justicia social, no puede ser que en estos momentos de crisis males como la corrupción se aprovechen aparezcan afectando como siempre a los más necesitados ala Colombia que casi nunca vemos pero que no por ello la debemos olvidar.

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