"Con el paso de los años, se nos volvió costumbre enterrar nuestros muertos, producto de la cruda violencia que históricamente ha vivido el departamento del Cauca. A nadie le duele más, sino a la propia familia. Uno más, uno menos, es la fría estadística que nos muestra cómo estamos de mal en nuestra sociedad.

Se trata de que entendamos que en esta vida tan corta hay que disfrutar las cosas que la divina Providencia nos dio, hay que compartir, convivir y preparar la tierra para los que vienen.

Se debe trascender. Es hora de hacer cosas diferentes que nos permitan avanzar en un proceso serio de paz. Los compromisos deben ser institucionales, pero también personales.

Urge tomar decisiones, urge una transformación cultural, pero también se requiere con urgencia un liderazgo genuino que lleve al Cauca en el corazón.

La paz es la terminación de la guerra, pero también es la honestidad en la inversión del recurso público, es a la vez la transparencia y eficiencia en proyectos sociales, es deporte de verdad,  vida y en abundancia.

Cauca mi tierra querida no puede ser aplastada por una pandemia y por la maldita guerra.  El pueblo clama inversión, justicia, oportunidad y empatía. No para sobrevivir, pues lo que se quiere es alcanzar las condiciones para vivir tranquilamente.

Hagamos que el sueño de ver un Cauca próspero, sostenible, competitivo, turístico, diverso y lleno de oportunidades, se haga realidad".