Las pirámides de Popayán

Por estos días se vuelve a hablar de un tema de mucho interés para los payaneses, El Morro de Tulcán.

Las pirámides de Popayán

Y el diálogo se desarrolla por fortuna en un reposado ambiente académico y científico, muy alejado de la crispación y polémica que se generó a su alrededor, desde aquel 16 de septiembre del agitado año 2020, cuando la estatua ecuestre del conquistador español Sebastián de Belalcázar, fue derribada de su pedestal en lo alto del emblemático Morro de Tulcán.

Efectivamente se levantó una virulenta discusión pública desde el momento en que las impactantes imágenes de los indígenas con sus cuerdas sometían la figura de Belalcázar a un lento pero firme balanceo, hasta lograr su derribo, se regaron como pólvora por redes y medios periodísticos.

Desafortunadamente la mayoría de las opiniones, lanzadas desde el acaloramiento o fundamentadas en prejuicios y el desconocimiento de elementos culturales e históricos, carecían como es lógico de solidez. Eran más emocionales que profundas.

Por eso es importante que se vuelva sobre este asunto, con la calma que el tiempo trae y desde una perspectiva más racional. De ahí la importancia de la presentación que realizó el Semillero de Estudios Arqueológicos y Patrimonio de la Universidad del Cauca, de los resultados parciales de la prospección con sensores remotos en las colinas de El Morro de Tulcán y Molanga. El proyecto se titula: “Caracterización de las pirámides prehispánicas en Popayán, Cauca”, y tiene un carácter exploratorio que busca arrojar luces alrededor de varios aspectos sobre los que aún rondan muchas incógnitas, toda vez que se tiene poca información.

El proyecto busca construir preguntas cada vez más interesantes sobre el pueblo que habitaba el valle de Pubenza en tiempos precoloniales. Y es desde la rigurosidad científica que se debe reconstruir la narrativa histórica payanesa, para poder repensarnos a nosotros mismos, en el plano histórico y cultural.

Y como lo dijimos en aquel entonces hay que empezar con una verdad de Perogrullo, antes de la estatua, y por supuesto antes de que Sebastián de Belalcázar arribara a estas tierras, ya estaba el morro de Tulcán. De ahí, lo interesante que puede resultar el trabajo de este grupo de arqueólogos para arrojar más luz sobre nuestro pasado, y de esa manera proyectar mejor el futuro. Esperamos que este grupo de estudiosos reciba todo el apoyo posible para que su trabajo sea continuo y eficaz.

Nota tomada de: https://diariodelcauca.com.co/