Sustentados en el derecho que la constitución otorga a las minorías étnicas, para que puedan actuar y decidir sobre medidas, proyectos o actividades legislativas y administrativas que pudieran afectar su forma de vida y su integridad étnica. Pero desnaturalizan el propósito de la carta magna cuando declaran que La Hacienda Calibío es uno de los lugares de restablecimiento de la memoria colectiva del Pueblo Misak.

Ya nos impusieron su voluntad al decapitar al conquistador y fundador de Popayán en la Pirámide Truncada del Morro, monumento que no representa el sometimiento a las comunidades indígenas, sino la hispanización del patrimonio cultural y como punto de reencuentro en un gesto de resignificación de la herencia mestiza.

Ayer fue el morro, hoy la Hacienda Calibío, luego vendrá el Parque de Caldas, la Torre del Reloj, el Paraninfo de la Universidad del Cauca, el Panteón de los Próceres, el Puente del Humilladero, Las procesiones de Semana Santa y hasta nuestra propia casa. Esa actitud arrogante de una minoría étnica, amenaza la integridad, la libertad, el bienestar y el desarrollo de la comunidad en general y atenta contra la unidad nacional del pueblo colombiano, hastiado de tantas divisiones y guerras, donde se necesita es respetar, escuchar y actuar como una nación multiétnica y pluricultural, con un objetivo común para construir nacionalidad.

Tanto los Pubenenses, como los Misak y los conquistadores españoles, hacen parte de nuestra historia. Los pubenenses fueron un pueblo pujante, debido a los continuos ataques de los pueblos vecinos y a la escasez de recursos económicos y militares, conformaron el "Imperio Confederado de los Pubenenses", bajo la autoridad del yasgüén. Llegaron de la polinesia por el pacifico hace más de 10 mil años. Los Misak y Yanaconas llegaron del Ecuador y se unieron con los españoles al mando de Sebastián de Belalcázar, para derrotar y liberarse de los Pubenenses que los tenía sometidos y esclavizados.

No es posible con una óptica moderna, censurar la historia, cuando los grandes imperios sometían a otros pueblos, lo hicieron los Incas con los pueblos de Perú, Bolivia y Ecuador. Los Pubenenses esclavizaron a los Yanaconas y Misak, por eso éstos se unieron a los españoles para destruirlos. Qué tal que las naciones antiguas del medio oriente, la India y Europa Medieval, se siguieran quejando de los romanos, los otomanos o de los vikingos o de los etruscos, o de las hordas árabes moras que los sometieron por más de 700 años.

Señores Misak, no es el momento para fomentar el resentimiento étnico y poner el interés de una minoría en contra de la nacionalidad colombiana que es multiétnica y pluricultural. Llegó el momento de forjar un proyecto incluyente y participativo de unidad social para resolver nuestras diferencias, sin mentiras ni resentimientos raciales, sociales o de género. Una unidad regida por principios de igualdad, solidaridad y fraternidad, con base en el servicio público; sin corrupción ni clientelismo, con pactos programáticos y sociales sobre lo fundamental. Un proyecto social progresista con un código de identidad ciudadana que respete la diferencia con motivaciones para atraer inversionistas, incentivar el desarrollo social, la equidad, el empleo, el turismo,