Por: Maritza Zabala Rodríguez

En cuanto a decisiones y grandes compras públicas, por transparencia es oportuno tener debates y deliberaciones que permitan ver las distintas caras de una situación. Lo sucedido recientemente con la incursión de la aeronave rusa sobre territorio nacional, interceptada por los Kfir o “Cachorros de León”, que es como se traduce Kfir en hebreo, ratifica el peso de este tema, por lo que consideré oportuno poner sobre la mesa algunos elementos alrededor de la comentada compra de aviones que es tema de agenda por estos días.

Primero, Todo es un proceso. La responsabilidad del Gobierno al que le corresponda esta determinación es alta, pues incluye tomar la decisión juntamente con la Fuerza Aérea Colombiana, FAC, de la mejor opción de los equipos a comprar, adelantar la negociación, de tal forma que, tras un proceso de compra financiada en el mediano plazo: 7 a 10 años, no se aminore la fortaleza estratégica que el país tiene.

Segundo: la evolución es necesaria, implacable e inaplazable. Los antiguos Kfir ya están viejos, son modelo 70. Colombia tiene hoy 24 de estos aviones, que si bien es cierto pueden lograr 7.000 horas de vuelo, están hoy refaccionados pues una parte de los actuales fueron comprados de segunda en los años 90 y otros hace más de una década, cuando llegaron a complementar los Mirage que teníamos para entonces y que, tras 4 décadas de servicio, son ahora reliquias.

Tercero, No decidir puede acarrear costos muy altos. Una cosa es la compleja coyuntura actual desatada y matizada por la pandemia global, los costos sobrevenidos con esta, el déficit fiscal, el proyecto de reforma tributaria presentado y otra, la situación puntual de esta compra aplazada desde hace casi dos décadas, según lo planteado en el Conpes 3293 de 2004. Además, los expertos coinciden en que el activo más estratégico para la defensa de la soberanía de una nación es su Fuerza Aérea. Sería incalculable el costo económico de no tener las capacidades para garantizar la disuasión de un ataque aéreo, blindar nuestros activos estratégicos, salvaguardar la soberanía, seguridad nacional y defender nuestro espacio aéreo o desconocer que, gracias al poder aéreo de la FAC, sentar a las FARC en una mesa de diálogo, es parte de nuestra historia.

Cuarto: es más costoso arreglar cosas viejas que comprar una nueva. Los Kfir que tiene Colombia hoy, son modelos muy antiguos que en el 2023 cumplirán su ciclo de vida y entran en periodo de obsolescencia, dado que ya no se consiguen repuestos y no están acorde con las tecnologías actuales. Colombia necesita aviones estratégicos que reemplacen estos que ya están modificados y readaptados, y cuyo mantenimiento y reparación acarrea múltiples costos de operación adicionales. Comprar estos aviones es costoso, tenerlos es caro, pero no tenerlos es aún más costoso y caro.

Quinto. La capacidad militar y de defensa del país se debe mantener. En atención a la situación hostil del vecindario y las amenazas activas dentro del territorio nacional, es necesario no olvidar la dimensión estratégica que la aviación tiene para la salvaguarda interna y externa de Colombia, al contar con las herramientas como los Kfir para conservar la capacidad de reacción disuasiva, defensiva y ofensiva al afrontar las posibles amenazas y velar por la soberanía y seguridad nacional. En palabras de un experto, estos son los "glóbulos blancos del país" que soportan el sistema inmunológico y defensivo en Colombia.

Sexto: La decisión de compra no viene sola. Las posibilidades y oportunidades país al realizar esta compra son amplias y diversas, pues además de los aviones se abre una ventana de oportunidad para desarrollos mayores en gestión del conocimiento y robustecimiento de nuestra industria aeronáutica y espacial que en el país lleva unas cuantas décadas de rezago. Es hora de tomar la decisión y desarrollar tecnologías propias, acción que se ha aplazado desde los año 40, y ha dejado pasar varias oportunidades: empresas soviéticas en los 70, canadienses en el 2000 y hace menos de una década desestimamos la iniciativa de Brasil y un consorcio entre Argentina, Chile y Uruguay para crear un avión de transporte. A este respecto y tal como sucede con España, por ejemplo, la aeronáutica es una industria vital para la economía y en Colombia es hora de que la Corporación de la Industria Aeronáutica Colombiana CIAC, siga este ejemplo.

Séptimo. Hay que tener presente y referenciar la historia y lo que pasa en la región. Colombia a lo largo de su historia ha perdido más de la mitad de su territorio: sucedió con Panamá, Brasil, Perú y Venezuela. Además, paralelo a compleja dinámica de Venezuela, en la región varios países han hecho la actualización de su flota aérea: Venezuela renovó sus F-16 al comprar Sukhoi Su-30; Perú por sus permanentes disputas tiene sus equipos modernizados, al igual que Nicaragua, Guatemala, Ecuador, Centroamérica y Brasil que adelanta la compra de aviones Gripen suecos para actualizar la suya. Colombia por una lado necesita renovar la suya y de otro lado, no debe minimizar la teoría de la guerra de distracción o del chivo expiatorio, usada años atrás en Argentina y al parecer en marcha por parte de vecinos cercanos, para fomentar su reputación positiva, alentar la unidad nacional, la cohesión y distraer problemas internos.

Sin lugar a duda este tema es de gran calado e importancia, que se da por desgracia en el momento más inoportuno. Pese a lo cual hay que tener presente que ya vivimos el futuro que construimos sobre las decisiones tomadas ahora para que suceda: la FAC debe contar con herramientas para ejercer la soberanía del territorio nacional, el espacio aéreo y espacial colombiano, tal como lo ha hecho y cada uno de nosotros, con más y mejor información podrá tomar posturas y tener argumentos frente a situaciones que como esta, demanda nuestra responsabilidad y criterio.

©Maritza Zabala Rodriguez | @mazarito1