Bautizar la sangrienta  reforma tributaria como Ley de Crecimiento Económico es  un gran engaño, ya que las rebajas de impuestos ensayadas este año no generaron empleo y el crecimiento económico no fue por el lado de la oferta empresarial, sino por la demanda de los trabajadores. Decir que una ley para aumentar los impuestos no es una reforma tributaria es una gran falacia. También hay que repudiar que esta gran mentira se  alcahuetee con un indolente silencio, ante un proyecto de reforma que incrementará la pobreza y aumentará las desigualdades sociales.

Cobrar más impuestos en las circunstancias de recesión económica por causa de la pandemia en la que estamos es cruel y despiadado, porque hay familias que perdieron sus fuentes de trabajo. Muchos comerciantes y trabajadores independientes cerraron sus negocios y pasaron de dos ingresos a uno; los del rebusque diario se abandonaron a su propia suerte,  buscaron  apoyo en la pensión de sus progenitores o salvaguardados en la renta familiar.

En campaña se prometió bajar impuestos y subir los salarios de los trabajadores colombianos y no pasarle a la clase medio la cuenta de cobro  del derroche de los últimos años de la corrupción y  despilfarro oficial. La ley de Crecimiento Económico, no es más que un eufemismo, un sofisma retórico, un  discurso decorado con perversidades malévolas de lobo hambriento con piel de oveja. Un eufemismo es llamar las cosas de manera elegante para que no suene tan fuerte, es decirle alguien hijo de dañado y punible ayuntamiento en vez de hijo de puta. Un madrazo siempre será una falta de respeto, así se haga usando palabras bonitas.

Con la nueva reforma tributaria se pretende recaudar 25 billones de pesos, cuando Colombia pierde por cuenta de la corrupción más de 50 billones de pesos al año, un monto equivalente a dos  reformas de esta naturaleza y gracia.

Es urgente acabar con el despilfarro y los lujos, no es entendible que un gobierno pretende imponerle a la los asalariados, pensionados y consumidores, excesivas cargas tributarias, cuando en gastos publicitarios y asesorías de imagen el Gobierno derrocha más de 27.600 millones girados a la firma Du Brand MarKeting Group, donde trabaja el hijo del otrora gerente de la campaña Duque Presidente. No es posible que el Estado siga manteniendo más de  0cho mil camionetas asignadas a congresistas y altos dignatarios del Estado para brindarles seguridad y transporte cuando ellos tienen como solventar sus gastos pues perciben salarios por encima de veinticinco millones de pesos mensuales, asumiendo el erarios  los costos de mantenimiento, gasolina seguro todo riesgo, Soat, choferes, llantas y peajes  valen más de 370.000 millones al mes. El Estado paga con los impuestos de los colombianos, más de un millón de celulares. La Presidencia de la República gasta en un día  más de 4.350 millones de pesos, 1.5 billones  al año y cuenta con 67 carros, 23 camionetas blindadas compradas en cuarentena por más de 9.000 millones de pesos, cuenta con 4 helicópteros, tres aviones y tiene presupuestado adquirir 24 aviones de combate, cuyo costo supera los 14 billones de pesos, justo en un proceso de paz seguramente para defenderse de Venezuela. No a la reforma tributaria. Por favor no más engaños, no más corrupción ni despilfarros. El pueblo se muere de hambre mientras los abanderados del poder se regocijan en sus propias infamias.