Nuestra época

/ Opinión
Por: Mateo MalaHora

Nuestra época


Nuestra época, con pugnacidades  ideológicas baratas, se caracterizó por ser un período completamente  vacío, en el que presumíamos tener ideas y doctrinas inamovibles en  todas las esferas del conocimiento.

Hoy sabemos que era una etapa vaporosa,  caracterizada por su desplazamiento hacia la incoherencia y el caos.  Nunca nos imaginamos que, a la vuelta de la esquina, había “una señal de  tránsito” que señalaba el fin de la posmodernidad.

Ni nos dimos cuenta, por andar en trivialidades  ideológicas, que todo era incertidumbre, que el piso de la  ciencia se había evaporado, que los modelos epistémicos de la  racionalidad habían colapsado sin hacer ruido.

Hoy queda claro que en las ciencias naturales,  económicas, políticas, sociales y en la cultura, existía un  dislocamiento en sus discursos sustentadores, sin que tuviéramos la  oportunidad de percibirlo.

El descentramiento de los viejos ejes de  la cultura dominante averiaron el idioma de la tribu y no hay leguaje  que ofrezca cohesión universal, tanto más cuando lo peor que podía  suceder ha sucedido, convirtiendo “al preso en carcelero,  al carcelero en preso, al rebaño en pastor, al pastor (solitario) en  oveja”, que entonan el himno de la desilusión.

Y hasta ahora, donde incluso el tiempo transcurre como una enfermedad crónica,  abocados a perecer como humanidad, donde el  afirmar que nos salvaremos es incierto, se impone la metáfora de la  esperanza para explicar el desconcierto, sin que la salvación plena  dependa de nuestra voluntad.

Rudo y hasta vulgar era el concepto de  posmodernidad que teníamos adherido a la piel, con un Estado colapsado  que, en nombre de la democracia, demostró su inoperancia para  intermediar las demandas de los ciudadanos más pobres,  frenados por una clase media que, vertiginosamente, se pauperiza y,  tarde, se ha cerciorado que sostenía, institucionalmente, cascarones  vacíos.

La misma categoría de crisis, cuando se  utilizaba, era una concepción social aplicada para identificar momentos  superables, pero no sirvió para precisar la anarquía en casi todo, que  nos deja ver, por ejemplo, la bancarrota de  la sociedad de la información y del conocimiento, de la que presumíamos  ser dueños y hasta nos vanagloriábamos.

Y, lo más doloroso, es saber que si se  domina la pandemia, al parecer, modificada en laboratorios comprometidos  con la brutal economía que nos rige, no se impondrá globalmente la  lógica de sabernos juntos, ni pasaremos de las  tinieblas a la luz,  porque la ética moderna,  asentada en la ética del capital, que “vino al mundo chorreando  sangre por todos los poros”, asaltará las economías dóciles y preparará  naciones para la expoliación, la trampa y el engaño, bajo el paraguas  del moribundo ‘sueño americano’.

Solo nos queda intacta la estética  de la poesía, altiva frente a todos los desafíos,  liberada, del miedo a la catástrofe y portadora de una ética  insubordinada que, en manos de los poetas, trabaja  como ejercicio de seguridad y protección.

No obstante, desde la residencia  universal del monstruo, extendida por la geografía global del miedo, nos  resistimos a desaparecer e imaginamos la salvación de los seres  humanos.

Rota la ilusión, derribada la algarabía  de la primavera, herida la savia que sostenía el bosque y vulnerado el  pacto social que suponíamos armonioso, los pueblos, los filósofos y los  pensadores, si superamos la peste, tendrán  que mostrarnos el camino para recobrar la vida, comprometernos con  ella.

Lo demás, es seguir creyendo en el  extremismo financiero mundial que, en los últimos años, ha proclamado,  con insolencia imperial, su dominio privado sobre la humanidad y la  naturaleza.

Salam Aleikum


Jorge Muñoz Fernández



jorgemunozefe@hotmail.com


"No por miedo a  la locura arriaremos

las banderas de la imaginación"

Gaston Bachelard


Correo alterno:

mateo.malahora@gmail. com

Do you have any presale question to ask?

Lorem Ipsum is simply dummy text of the printing and typesetting industry. Lorem Ipsum has been.