Por: Rubén Erazo - @SoyRubenErazo

Que la ciudad blanca, que el parque caldas, que Belén, que las empanadas, el pipián, el ternero y el maní. Cuando uno está fuera, siempre recuerda con anhelo la gastronomía, los platos con los cuales creciste, y está bien, son remembranzas ; uno quiere y valora lo suyo con orgullo cuando se está lejos. Sin embargo, a parte de eso, me he preguntado desde hace mucho tiempo por qué no existe un imaginario colectivo que nos unifique como oriundos de Popayán. Con el tiempo y con las costumbres sociales te das cuenta que existen tres tipos de gentilicios que para muchos hoy son incompatibles entre sí, el patojo que es muy usual (Proviene y apela a los que caminaban con las piernas abiertas porque eran afectados por las niguas), el payanés al cual todos deberíamos referirnos y que puede ser el que aglutine más, y el popayanejo que es usado por cierto tipo de personas con creencias de superioridad moral autodenominándose como “los verdaderos de Popayán”.

Es así, y puede doler pero hoy vemos como la ciudad se cae a pedazos en todo sentido. No existe cohesión social, el egoísmo y la prelación por apellidos otrora “poderosos” volvió a la “comarca”. Quizás nunca se fue, pero hoy se siente con más fuerza. ¿No lo creen? Si antes existía un mediano orgullo por el centro histórico, ya no queda nada, vías colapsadas, desatención administrativa, ruinas sobre ruinas y hay que decir que el terremoto fue en el 83.

Hoy en pleno 2022, iniciamos el año con más divisiones, frustraciones, inquinas, que cada vez se incentivan más por el desgobierno al cual estamos sometidos, que muchos esperaron que diera un vuelco positivo y fue para peor. Los tres imaginarios hoy son incompatibles y las autoridades se encargan de que eso siga creciendo aún más.

Popayán es de todos y todas, de los de antes, de los que llegaron después del terremoto, de los que viven en las periferias, de los que merecen un techo digno, de los que viven en el nivel socioeconómico 1 al 6. Mirar hacia adelante es la única salida, si nos limitamos a la exclusión como política pública estamos condenados al fracaso total. Por dignidad, salvemos a Popayán.