Popayán aislada: el otro rostro del paro indígena en el Cauca

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Por: Periodicovirtual.com

Popayán aislada: el otro rostro del paro indígena en el Cauca

Para algunos caucanos, el propósito del movimiento indígena es fundar una república independiente.

La carretera Panamericana, que une a casi todos los países del continente, tiene dos cuellos de botella: el Tapón del Darién y el departamento del Cauca. Eso dicen algunos payaneses.

De acuerdo a la Cámara de Comercio, en los últimos 30 años esta vía ha sido bloqueada 64 veces. El último taponamiento —que tenía incomunicado al sur occidente del país— dejó pérdidas estimadas en 60.000 millones de pesos. En cualquier región esa cifra sería un indicador económico muy preocupante. En este caso lo es más porque el Cauca es el tercer departamento más pobre de Colombia.

Una región de microempresarios

El bloqueo que mantenían los indígenas en el Cauca es quizá uno de los más largos de la historia (el más recordado es el de 1999). Esta situación, que se ha vuelto recurrente, tenía asfixiado al reducido aparato productivo de la región: el 90 % de los comerciantes y empresarios pertenecen a la categoría de las pequeñas y medianas empresas. “Aquí nosotros no tenemos conglomerados como el Grupo Argos o la Organización Ardila Lülle. Aquí somos pequeños y el impacto de los taponamientos es terrible”, declaró Ana Fernanda Muñoz, presidente de la Cámara de Comercio del Cauca.

En Acopi Cauca, el gremio que representa a los pequeños empresarios de la región, las alarmas están encendidas: “Día a día se nos quiebran los pequeños empresarios. Hablamos de empresas micro que tienen uno o dos empleados y que hoy están paralizadas. En muchos casos, son familias que invirtieron los ahorros de toda su vida o que incurrieron en préstamos y que con estos taponamientos están arruinadas”, afirmó Jailud Martínez, presidente de Acopi Cauca.

Este parece ser el caso del propietario de una tienda de fruticultura en el centro de Popayán, quien dejó de comprar insumos a los agricultores esta semana “porque el número de clientes se ha reducido en un 70 %. Además, tengo que pagar renovación en la Cámara de Comercio, Industria y Comercio, aportes a los Bomberos, impuestos a la Dian, seguridad social, Sayco y Acinpro, arriendo y servicios públicos como agua, luz, teléfono y gas, al igual que una nómina de tres empleados”.

El transporte: uno de los sectores más afectados

El pasado martes sucedió un hecho repudiable: un microbús con 23 pasajeros que cubría la ruta Piendamó-Popayán fue interceptado por un grupo de encapuchados que pretendían bloquear la vía. Los sujetos, que dijeron ser afines a la minga, le ordenaron al conductor que atravesara el vehículo y, luego, le encendieron fuego con las personas adentro. Afortunadamente, los pasajeros lograron escapar mientras el autobús comenzaba a incendiarse.

Esa misma tarde, cerca de allí, otro grupo de desconocidos detuvo un camión cargado de cerdos y lo quemó. El conductor y su ayudante fueron rociados con gasolina, pero lograron escapar segundos antes que se desataran las llamas.

Pero la afectación al transporte va más allá del vandalismo y del terrorismo:
“Suspendimos los despachos a Pereira, Armenia, Cali, Silvia, Pasto e Ipiales con unas consecuencias económicas graves, porque tenemos 500 vehículos paralizados y debemos responder por una nómina. Cada día, esta empresa pierde 1.500 millones de pesos”, declaró Luis Alberto Peña, gerente de la Cooperativa Tax Belalcázar, una de las empresas más reconocidas del Cauca. Sus afiliados son pequeños comerciantes que tienen un máximo de dos vehículos, de los que derivan el sustento familiar.

Los taxistas de la ciudad blanca también han sido golpeados por la minga indígena. Ante el desabastecimiento de gasolina, tienen que hacer —como el resto de payaneses— unas interminables filas de decenas de calles para adquirir el combustible: “Yo me metí a la cola a las cinco de la mañana y a la una de la tarde quedé cerca de la bomba, pero se acabó la gasolina. Me fui a almorzar. Luego, llevé a mi hija al colegio y regresé aquí, porque había combustible otra vez. Ya son las seis de la tarde y me faltan todavía tres cuadras para poder tanquear el carro. Hoy perdí todo el día: hice solo una carrera y me gané $ 4.000”, declaró Freiner López.

La construcción en crisis

El sector de la construcción ha sido duramente golpeado por el bloqueo: “En este momento no tenemos ni cemento ni hierro ni combustibles. Las ferreterías disminuyeron sus ventas en un 40 % y las constructoras en un 52 %. Las proyecciones que hemos realizado a partir de los paros anteriores nos indican que en este sector el desempleo podría aumentar del 10.7 % al 11.3 %”, dijo Mónica Valverde, gerente de Camacol Popayán.

En este momento no tenemos ni cemento ni hierro ni combustibles. Las ferreterías disminuyeron sus ventas en un 40 % y las constructoras en un 52 %

Al respecto, Ana Fernanda Muñoz, directora de la Cámara de Comercio del Cauca afirmó: “El sector de la construcción es el que más emplea mano de obra no calificada, el que le da trabajo a las personas que han sido desplazadas por la violencia, a los colombianos que no tienen una preparación académica y que son los primeros en quedar desempleados con una crisis de estas”.

Fuera de un edificio en obra negra, cuelga un letrero roto por el viento: “Obra suspendida por el paro indígena”.

El fique

Empaques del Cauca es una empresa que produce sacos en cabuya para productos agrícolas. Esta fábrica compra la producción de fique a 25.000 familias indígenas del departamento. En este momento, la firma tiene sus mercancías represadas y, a causa del paro, no ha podido adquirir materias primas. Este problema está desatando una enorme crisis económica y social en campo caucano.

Curiosamente, el fique pudo haber sido la fórmula para que muchos agricultores salieran de la pobreza en el Cauca, pero otra minga indígena arruinó esta posibilidad: “Hace más de 10 años, Empaques del Cauca selló una alianza con una empresa Suiza fabricante de paneleria, cojinería y tapetes para automóviles.

En esa época se estaba aplicando la regulación que obligaba a eliminar hasta en un 80 % los productos derivados del petróleo en ese campo. La firma iba a comprar el 100 % de la producción de fique del departamento e iba a montar una planta aquí, con un área de 15.000 metros cuadrados. Justamente cuando se iba a concretar la negociación, los funcionarios de la aseguradora europea garante de la inversión vinieron a Popayán y hubo un bloqueo que duró 17 días. Para ellos, eso fue nefasto. Decidieron no hacer ninguna inversión aquí y se llevaron su proyecto a Curitiba, en Brasil”, afirmó Andrés Castrillón, exmiembro de la junta directiva.

La hotelería y el bloqueo

La hotelería es uno de los sectores más golpeados por el paro indígena. Hoy, los albergues y hostales de la Ciudad Blanca permanecen vacíos. “De los 24 días que lleva el paro, pasamos de tener una ocupación del 90 % al 10 %”, declaró Philippe Rouillard, administrador de un hotel de Popayán: “Así abrieran la vía durante la Semana Santa, no recuperaríamos todas las pérdidas que hemos tenido. Tres días al año, que van del Miércoles al Viernes Santo, jamás van a compensar el daño que nos han hecho a este sector”.

El Cric atacado

El pasado miércoles, una turba enfurecida se agolpó fuera de la sede del Consejo Regional Indígena del Cauca (Cric) y apedreó sus instalaciones mientras gritaba arengas ofensivas: “¡Parásitos!”, “¡Fuera de Popayán!”, “¡Asesinos!”.

La marcha inició horas atrás en el terminal de transportes: “Nosotros queríamos solidarizarnos con los conductores. El martes unos encapuchados intentaron quemar una buseta con personas adentro. Salimos hacia el parque Caldas y, luego, fuimos al Cric. Protestamos porque nos sentimos agredidos, nos sentimos secuestrados.

Popayán no tiene por qué estar pasando por esto. Estuvimos manifestándonos pacíficamente, pero llegaron los mototaxistas y gente del transporte público que están cansados por no poder trabajar. Allí empezaron los disturbios. Nosotros nos fuimos, pero, luego, aparecieron varios estudiantes de la Universidad del Cauca apoyando a los mingueros y se armó una batalla campal”, declaró Juan Manuel Lemos, uno de los ciudadanos que marchó contra el Cric. En la noche, también fue atacada violentamente la IPS de los indígenas.

Los nuevos terratenientes

Algunos sectores de la ciudadanía rechazan abiertamente las políticas del Cric, haciendo coresponsable a esta organización del atraso del Cauca. A los indígenas se los culpa —al igual que a la corrupción de la clase política— de la destrucción del tejido económico y social del departamento.

En la actualidad, las comunidades indígenas conforman el 13 % de una región que tiene 1’400.000 habitantes. Pese a que son una minoría, poseen más de 600.000 hectáreas y exigen 49.000 adicionales. En el Cauca, los grupos ancestrales son considerados como los mayores terratenientes de un departamento empobrecido, poblado por pequeños agricultores.

Lo curioso de todo es que a pesar de los millonarios recursos desembolsados por la nación a través del Cric, las tierras indígenas permanecen improductivas y sus habitantes no mejoran su calidad de vida.

Los cultivos ilíctos

En el Cauca, para nadie es un secreto que un reducido grupo de indígenas se dedica al cultivo de coca, marihuana y amapola en las tierras que les ha entregado el Estado colombiano. En el Norte del Cauca, entre los municipios de Corinto, Miranda y Toribío, existe el llamado Triángulo de oro del cannabis, un territorio donde se produce la Creepy, una de las variedades de marihuana más apetecidas del mundo. Algunos de esos cultivos están asentados en zonas indígenas. Lo mismo sucede en el sur del departamento, donde existen amplias superficies sembradas con coca y amapola. Si bien este fenómeno es una realidad, no compromete ni a los dirigentes ni al grueso de la población indígena.

Un nuevo país

Para algunos caucanos, los paros y los bloqueos van más allá de la sola exigencia de tierras y dinero: consideran que el propósito real del movimiento indígena es fundar una república independiente dentro del estado colombiano. De ahí que en muchas de las escuelas ubicadas en los resguardos haya dejado de cantarse hace mucho tiempo el himno nacional y, en su lugar, los niños entonen el himno del Cric.

El paro indígena este sábado completaba los 27 días.

Nota tomada de: https://www.eltiempo.com

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