Si damos un vistazo a las situaciones complejas del 2020, estas fueron únicas. La pandemia COVID-19 cambió de forma drástica la vida como la conocíamos en la parte profesional, social y vivencial. Se nos metió en la casa y de forma directa, cambió abrazos por citas en diversas plataformas y la oficina por el trabajo remoto, a distancia y sin horarios fijos.

Todos tuvimos que aprender nuevas formas de llevar los días, convivir con el otro y jugar con agendas, reuniones, tecnologías y espacios. El salto nos adelantó varias décadas y aquí seguimos ahora con bioseguridad, distanciamiento, alternancia y mucho trabajo interior.

Positivo: la reducción de tiempo perdido en trancones, atascos y el llegar a cumplir citas en oficinas o sitios de trabajo, con lo que ganamos más tiempo para cada uno, para la familia y mayor flexibilidad laboral. Igualmente, bueno fue el reconocer que las sinergias pueden alinearse y que los grupos de trabajo son eficientes si hay claridad en metas, alcances y precisión en la narrativa y relacionamiento con diferentes audiencias.

Igual de importante que muchos, ya quisiéramos todos, somos conscientes y tenemos mejores hábitos de higiene, lo que redunda en la reducción del contagio y el fortalecimiento de la salud pública.

Como oportunidad de mejora, la angustia que hemos experimentado por la intoxicación de reportes, estudios, noticias, y toda suerte de contenidos sobre COVID-19 y los continuos altibajos en los procesos y espacios de socialización. Todos nos hemos visto lesionadas por la pérdida de interacción, de socialización y lo complejo de las relaciones y el entorno familiar.

Como toda medida tiene sus efectos colaterales, el distanciamiento físico nos llevó a pasar más tiempo frente a las pantallas, con consecuencias como el sedentarismo, el sobrepeso, los trastornos motoros, físicos, visuales y las brechas de inequidad que les rompen las rodillas a quienes no pueden acceder a recursos, medios y oportunidades. La educación a distancia y la virtualidad, demandan tecnología, asistencia y acompañamiento familiar con el que muchos niños y jóvenes no cuentan; situación agravada por la baja en los ingresos y la pobreza en la que han caído numerosas familias, tras la pérdida de fuentes de trabajo digno, lo que profundiza su vulnerabilidad.

La pandemia será nuestra compañera este 2021 en un escenario complejo: el mundo corre a inyectarse, comprar vacunas, algunos por segunda vez y otros aún las esperamos, mientras se busca lograr controlar todas las cepas que se multiplican en diferentes puntos del planeta, y se coordina la logística necesaria para distribuir una vacuna. Resulta utópico ¿cierto? En un mundo hiperconectado que fomenta a diario las compras en línea, con despachos a casi cualquier rincón del planeta, la cadena de distribución de la vacuna es compleja al ser un ejercicio logístico muy grande, con una operación costosa y compleja.

De ahí que es oportuno reflexionar sobre ¿cómo cuidarnos de manera responsable? y ¿cómo aportar a la solución desde la esquina en la que estoy? Las respuestas no son fáciles, pero demandan aquí y ahora, toda nuestra atención.

(c) Maritza Zabala Rodríguez | @mazarito1 | Mi blog