Por: Maritza Zabala Rodríguez

Somos seres sociales. Eso lo sabemos, lo vivimos y mucha veces lo olvidamos. Pese a lo cual, los cambios y la incertidumbre recientes a nivel planeta, ratifican la urgencia de desarrollar en diferentes instancias, modelos de gestión colaborativos que nos permitan saltar de la esquina individualista a la esquina de la inteligencia colectiva y la colaboración.

Hoy más que nunca la productividad está ligada a sus personas, que deben interactuar, adaptarse y fomentar mejores prácticas, por lo que la ayuda, la generosidad y la colaboración como ventaja competitiva, deben ser parte de los comportamientos de equipos cohesionados y consistentes.

Al respecto hace poco leí Dar y Recibir, de Adam Grant. En este libro el autor plantea que los seres humanos, al relacionarnos con otros, calificamos en uno de estos tres perfiles: los “Givers”, que son los que siempre dan mucho más de lo que reciben, los “Matchers”, que dan para recibir luego o retornar un favor recibido, es decir, buscan equilibrio, equidad y reciprocidad y los “Takers”, que se mueren por “venderse” bien, recibir créditos por lo que hacen y prefieren recibir más de lo que dan.

Ahora bien, en atención al entorno saltamos de un perfil a otro, por ejemplo, en los círculos cercanos y seguros tendemos a ser “Givers” pues si lo somos en el trabajo podríamos ser tildados de débiles o inexpertos. Esto es importante pues hay que recordar que los comportamientos entre pares y el ejemplo son los que crean la cultura de las empresas e instituciones. En esta lógica sería ideal propiciar la consolidación de más personas “Givers” y minimizar el impacto de los “takers”. La apuesta exitosa según Grant es ayudar a otros a tener éxito, para lo cual es necesario identificar los comportamientos de los equipos que se deben impulsar y reconocer.

Es decir, la meta se enfoca en lograr que, gracias a las diferencias, las personas y sus quipos, tengan entendimiento, sentido, propósito y compromiso compartidos. Esto permitirá que distintos estilos de colaboración convivan y dejen de lado los modelos planteados en pos de una cultura y de un concepto de homogeneidad equivocados. Así es, hay que quitar las camisas de fuerza que son los esquemas, las formas y procesos para hacer las cosas, que no cambian desde hace años y que perviven en muchas empresas y organizaciones aún.

Por esto es importante que las organizaciones identifiquen y exploten la diversidad que les pueden traer a ellas, sus personas y equipos, el tener distintos objetivos, estilos de trabajo y variedad de personas. En últimas, cada organización tiene que identificar ¿cuáles son los espacios de colaboración que de acuerdo con sus rasgos y necesidades tiene?, al hacerlo podrá detonar sus recursos, gestión y creatividad.

@mazarito1

Maritza Zabala Rodríguez