Un cumpleaños de Popayán derrotados como sociedad

Por Juan Pablo Matta

Un cumpleaños de Popayán derrotados como sociedad

Hoy cumple 486 años de fundada Popayán, una ciudad llena de historia, con un presente en crisis y un futuro incierto.

Buscar a quien echarle la culpa de nuestros problemas se ha vuelto un deporte municipal, pero pocas soluciones se proponen y a quien las propone también nos dedicamos a señalarlo.

Muestra de ello es la situación del Centro Comercial Anarkos, una demostración de nuestra derrota como sociedad, con unas fracturas económicas, culturales y generacionales que parecieran irreparables.

No, la culpa no es totalmente del gobierno; no, la culpa no es totalmente de los comerciantes; no, la culpa no es totalmente de los funcionarios públicos; no, la culpa no es totalmente de los concejales; la culpa no es totalmente de los transportadores, ni de los pensionados, ni de los artistas, ni de los mototaxistas, la culpa es compartida y es de todos.

El Anarkos se va convirtiendo con el tiempo en el monumento más grande a la inacción. A la inacción de la sociedad completa y hay que revisar por qué, para encontrar modelos de discusión para este y muchos otros problemas que nos agobian.

Todo el mundo espera que alguien más brinde las soluciones a los problemas, pero el que se atreve a darlas es linchado inmediatamente  de manera mediática en la hoguera del prejuicio, o por lo que es, o por lo que representa, o porque es de derecha, o de izquierda, o liberal, o conservador, o comerciante, o indígena, o blanco, o negro, o simplemente porque no da la solución individual que cada uno espera.

Las soluciones deben ser generales y de consenso para que sean legítimas y las apropie la ciudadanía, pero para que eso suceda, hay que construir los espacios de debate y discusión a los que se puedan llevar los problemas y se puedan plantear las fórmulas para solucionarlos.

Popayán después del terremoto de 1983 no fue capaz de comprenderse en la diversidad social y cultural,  no construyó un espacio de diálogo ciudadano productivo. De ahí heredamos la crítica destructiva que nos consume, el temor a la acción y el miedo a la iniciativa.

Ningún individuo, o institución, o gremio puede generar y llevar a buen puerto alguna propuesta si no tiene el respaldo general, y ahí es donde el Anarkos se nos presenta como la evidencia, pero también como la oportunidad de corregir el rumbo.

¿Qué hacer entonces? ,  Yo pensaría que hay que atreverse a pesar de todo, decir, proponer y a hacer desde lo individual y colectivo.

Debemos discutir unos mínimos de convivencia para que el futuro exista como una posibilidad de un mejor vivir para todos y para cada uno, ese puede ser nuestro regalo de cumpleaños para Popayán, yo me arriesgo con los siguientes:

Todas las opiniones son respetables, podemos tratarnos sin agravios.

Todos somos dueños de una pequeña parte de la verdad general.

Todas las propuestas deben ser tenidas en cuenta, toda visión es válida.

Los problemas de cada uno son importantes y necesitan solución.

Las discusiones deben ser sobre las cosas, no sobre las personas.

La responsabilidad de todo lo que necesitamos, es de todos los que vivimos aquí.

Es mejor ser solidarios que incendiarios.

Si hay unos mínimos acuerdos de convivencia para la discusión colectiva, podremos solucionar cualquier reto, empecemos con el Anarkos, busquemos la solución entre todos para que ese recordatorio enorme de nuestra derrota actual, la podamos convertir en el pretexto para reencontrarnos en el camino del diálogo y las soluciones.

Si lo logramos con esta situación, problemas como la seguridad, el empleo, la justicia, el tránsito y todos los demás que nos asfixian, tendrán solución.