Unos en la minga y todos en la inmunda

/ Opinión
Por: Periodicovirtual.com

Unos en la minga y todos en la inmunda

Por: ANA MARÍA RUIZ PEREA
Así es la realidad diaria en el Cauca infartado. Las esperanzas de darle a este departamento un respiro de bienestar, de la mano de la implementación del acuerdo de paz, se van al piso cuando el Gobierno vuelve trizas lo pactado en términos de tierras, de desarrollo rural territorial, de políticas de sustitución de cultivos ilícitos.

El paro provocado por el bloqueo de la carretera Panamericana en el Cauca ya cumple tres semanas, y su efecto irradia a más de cinco departamentos directamente, y a muchísimos sectores de la economía en todo el país. Que el departamento más afectado es Nariño, dicen los medios en Bogotá tratando de dimensionar el problema; sin embargo el meollo está en el Cauca, la ciudad sitiada no es Pasto, es Popayán. Son los indígenas del Cauca los que bloquean la vía, de manera que el problema está en este departamento.

Cuando una carretera no es transitable es como si una arteria del organismo estuviera tapada, trayendo consecuencias calamitosas para toda la circulación. Eso lo sabemos muy bien en el Cauca, y no solo los mingueros. El Cauca no tiene vías, se han tragado en corrupción toda la plata de las obras que, cuando las hacen, se caen al mes como el puente de Córdoba, llegando a Tierradentro. Siempre hemos sido cenicientas del presupuesto nacional, y el departamental vive en la ruina. El estado de las trochas del Cauca, Panamericana incluida, ha sido históricamente desastroso, y así sigue. El Cauca es como un cuerpo que sobrevive con la presión arterial altísima, el colesterol por los cielos y sin oxígeno.

De manera que bloquear la Panamericana es producir el infarto a un territorio que con dificultad sobrevive. En los últimos 20 años se ha bloqueado en 64 oportunidades la carretera Panamericana, con mayor o menor duración, desde que en 1999 el Estado colombiano, en el Gobierno de Andrés Pastrana, se comprometió con su firma a cumplir con un pliego de compromisos. 20 años de exigencias acumuladas, de los gobiernos burlando a los indígenas sus derechos adquiridos. 20 años de bloqueos o amenazas de cierre de la carretera lo que indican es que el método no funciona. Con todo el respeto y la solidaridad que me producen cada una de las exigencias de la minga, no puede ser que parando el sistema circulatorio del departamento se siga intentando alcanzar éxito en las demandas.

Popayán es una ciudad de regiones, todos los espacios territoriales del departamento están ahí adentro reflejados. Más allá del centro, los barrios se construyeron y crecieron alrededor de parientes y amigos, el único lugar donde una persona sin techo quiere estar después de un terremoto, de una toma guerrillera o de un bombardeo. En Popayán hay cuadras y barrios que son de los de Almaguer, los de Guapi, los de Caldono, los misak, los nasa. Todos tienen primos en un pueblo del Cauca. Los bloqueos joden a todos los caucanos que no están en la minga, los afectan en Popayán, en municipios cercanos y en toda la región. Pero, además, políticamente el cierre de las carreteras aleja la posibilidad de crear un frente común de caucanos en apoyo a exigencias que, de raíz, son justas.

¿Cómo se puede pedir un apoyo a la señora Matilde que vende empanadas en la Terminal de Transporte de Popayán y lleva tres semanas sin hacer lo del diario? Ella, y sus hijos que sobreviven con lo que vende, no tienen la culpa ni de las atrocidades históricas cometidas contra los pueblos étnicos ni de las barbaridades que comete el gobierno actual. El señor de la tienda en Tunía que perdió la cita médica en Popayán. La leche que se daña. La gasolina que se agota. Los medicamentos que comienzan a escasear. El bloqueo de carreteras levanta muros aún más altos entre grupos sociales que deberían estar exigiendo, al unísono, respeto por el territorio a unas autoridades nacionales indolentes.

Unos en la minga, y todos en la inmunda. Así es la realidad diaria en el Cauca infartado. Las esperanzas de darle a este departamento un respiro de bienestar, de la mano de la implementación del acuerdo de paz, se van al piso cuando el Gobierno vuelve trizas lo pactado en términos de tierras, de desarrollo rural territorial, de políticas de sustitución de cultivos ilícitos. No se puede entender que la ministra Gutiérrez se presentara ante la minga con una libreta y un lápiz a “tomar nota” de la “lista de quejas” de los indígenas, dizque para pasarle la razón al presidente. Semejante actitud no solo es un irrespeto, es una demostración de ignorancia superior.

No podemos hablar de desarrollo territorial para las comunidades étnicas sin atender a la geografía que nos une a todos, irremediablemente. Los ríos que nos cruzan, los páramos que nos dan agua, los atardeceres que nos iluminan. El Cauca somos todos los caucanos, campesinos e indígenas, mestizos y negros. El Cauca votó mayoritariamente por el Sí, administra a medias una pobreza histórica y sufre el hecho de tener tantos malandros enquistados en sus territorios. No deberíamos darnos tan duro entre nosotros mismos, porque es muy difícil sobrevivir a tantos infartos.

Nota tomada de: https://www.semana.com

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