Violaron y empalaron a mujer que denunció agresión con excremento

El abuso sexual contra la vendedora ocurrió un mes después de que una mujer le lanzara excremento de perro a su puesto de arepas.

Violaron y empalaron a mujer que denunció agresión con excremento

Salió de su casa a comprar carbón para su negocio de arepas, Lina María Ardila Quintero lo hizo en su carro en la noche del lunes 7 de noviembre.

Un hombre la interceptó y abusó de ella sexualmente cuando transitaba por una zona verde de Villavicencio.

Esa es solo una parte del atroz relato de Ardila Quintero, recordada vendedora de arepas que fue agredida con excremento de perro en su puesto de trabajo. Hoy se recupera del hecho en una clínica de la capital del Meta.

“Me golpearon el carro en la parte de atrás, me bajé a mirar y vi que no era nada. Cuando me volví a subir al carro recibí un golpe en la cabeza y un hombre me dijo que tenía que dirigirme con él a un lugar oscuro”, relató la víctima a Señal Colombia.

Relató que sufrió empalamiento y cortes con bisturí.

Ardila Quintero denunció además que el hecho puede tener relación con un problema de convivencia que sufrió en el barrio donde trabaja.

Hace un mes, el pasado 7 de octubre, la vendedora fue agredida por una mujer que le lanzó excremento de perro en su puesto y con insultos le dijo que debía irse de dicha zona.

La Policía encontró a la mujer horas después de ser víctima del abuso y la trasladó hasta un centro médico donde se recupera de las heridas. La administración municipal de Villavicencio ofreció hasta 10 millones de pesos en recompensa por información que permita dar con los responsables de este abuso sexual.

“Los hechos sobre el episodio de violencia sexual contra una mujer se están investigando por autoridades competentes. Ofrecemos recompensa de 10 millones de pesos para dar captura al responsable”, expresó el alcalde de esta ciudad, Juan Felipe Harman.

La joven emprendedora tiene un hijo de 10 años, es tecnóloga en gestión documental y asistente administrativa del Sena. Encontró en las ventas ambulantes un sustento para su familia. Todos los días sacaba su carrito entre las 4 y las 11 de la mañana. Después de la primera agresión había reportado que sus ventas se triplicaron.