Violencia, viejos y nuevos actores

/ Opinión
Por: Mateo MalaHora

Violencia, viejos y nuevos actores


La fuerza instalada en el Estado  constituye un tejido de relaciones que, con voluntad política del poder,  puede tejer el bienestar de la sociedad.

Son muchas las formas conminatorias de  fuerza y violencia que se ejercen en la disputa por los intereses que en  un momento están en juego, y, aunque, regularmente, no siempre se acude  a ellas, como las directas, no se excluyen  de su ejercicio otras formas más refinadas y sutiles.

La violencia, en cualquiera de sus  formas, por sí misma, ilustra el punto cero de la convivencia, el  agotamiento de la tolerancia y las reglas de juego pactadas por un grupo  social, nación o sociedad.

Hasta donde se conoce, históricamente,  tienen solución con el triunfo de una causa, el acuerdo político  negociado, la coerción y mediante la supresión de las causas que las  generan.

Sin embargo, en el caso colombo  granadino, si Bolívar regresara comprobaría que los mantuanos, clase  social a la cual perteneció y vivió en la mayor holgura, siguen en  mejores condiciones sociales, el Bolívar que luchó por los  derechos de los indígenas, por la educción popular y la explotación de  subsuelo únicamente para beneficio del Estado.

Por eso mismo, una de las vías que de  manera rigurosa debe asumirse para superarlos es la de otorgarle a los  conflictos sociales categoría política,  para que el Estado se haga cargo de las raíces  históricas, sociales, económicas, educativas y culturales que están  detrás de estos fenómenos.

Sin esta compresión de fondo, sin conocer  sus causas, filosóficas y sociales, pero, sobre todo, sin aceptarlos,  no hay procedimientos que puedan por si solos resolverlos.

Es, en este contexto, que se observan las  muertes políticas, los asesinatos de los líderes y lideresas, con  características conflictuales hermanadas con el soborno, la anomia  social, la violencia estructural, el fascismo, el chantaje,  la corrupción y la droga, entre otras.

Lo que sí es evidente y claro es que el  discurso político contemporáneo en la actualidad es un recetario de  fórmulas vacías, que se sostiene sobre la base de expandir el contrato  social democrático, sostenido por las urnas electorales  y la pretendida pureza de las elecciones, lo que constituye un rotundo  fracaso, ante la negativa del Estado de intervenir en la solución de las  demandas sociales que los ciudadanos y movimientos sociales exigen,  soslayadamente desautorizadas y, lo que es peor,  impugnadas por quienes manejan el poder desde las esferas estatales y  privadas y no representan plenamente a los marginados y a quienes, en su  nombre, exigen reivindicaciones.

Buscar la paz significa ir más allá, no  encerrarla en la paz política, para que sea asumida como paz interna,  biocultural, ecológica, que sostenga la vida, la paz con la mujer, con  el agua, paz entre todos los grupos sociales,  ciudadanos y pueblos.

Paz, que como desarrollo humano  sostenible tenga hermandad con los derechos humanos, civiles, políticos,  económicos, sociales, culturales y solidarios, contemple el desarrollo  con equidad, preserve un medio ambiente sano, equilibrado  y garanticen el bienestar de las generaciones futuras.

En definitiva, hablar de paz es trabajar  por el advenimiento de su multiplicidad, tanto que mantener  instituciones desgarradas por la violencia, es sostener la fuente y  origen de los conflictos y tolerarlos, como si su existencia  fuera consensualmente admitida.

Si la óptica oficial legitima, justifica y  habilita la violencia mediante simples y retóricos comunicados y,  considera, candorosamente, que ‘el perdón y el olvido son las más  grandes y meritorias expresiones de la reconciliación’,  minimizando las soluciones sociales, la paz nunca llegará, ni será la  fiesta de la democracia.

En cambio, con los asesinatos recurrentes y periódicos, será asumida ideológicamente  por la sociedad como un encuentro normal,  siniestro y cotidiano de los cuchillos y los disparos fúnebres, como  ocurre en el Cauca, cuya capital, según informaciones de última hora de  la Fiscalía, publicada en los medios, no solo es Ciudad  universitaria, sino ‘blanca, de alta pureza”, convertida en sede  bucólica y tranquila de los narcotraficantes.

Salam Aleikum

Jorge Muñoz Fernández
jorgemunozefe@hotmail.com

"No por miedo a la locura arriaremos
las banderas de la imaginación"
Gaston Bachelard


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