Nuestro líder, nuestro gobernante, no escuchó las manifestaciones que se desarrollaron en todo el territorio nacional, ni el ruido de las cacerolas que por varios minutos sonaron en casas y apartamentos en Bogotá, sede del Gobierno, y en todo el territorio nacional.

La demostración de la inconformidad del pueblo colombiano no solo ante su nefasta gestión de gobierno en defensa de los derechos humanos, en el manejo sanitario de la pandemia y la actual reforma tributaria, que es un asalto al bolsillo de la clase media para sostener los programas sociales de los más pobres mientras a los más ricos les sigue sosteniendo los privilegios económicos.

Nada concreto dice el presidente de acciones reales en la lucha contra la corrupción que solo, a manera de un ejemplo, cito la sanción de la Contraloría General de la Nación, la cual llega  demasiado tarde, contra los presuntos responsables de Reficar por 8 billones de pesos; eso es la tercera parte de la reforma tributaria que quiere el actual gobierno implementar.  

Nada de los dineros que tienen los ricos de Colombia en paraísos fiscales sobre los que no pagan impuestos, nada se escucha de la disminución del aparato burocrático incrementado para pagar mermelada y sostener así una coalición en en el Congreso que, dicho sea de paso, son políticos que se enfrenta a darle el voto de respaldo a la reforma pero perder el apo en las próximas elecciones.

Queda claro también, que el gobierno no retira la actual reforma de su trámite en el congreso y en cambio buscaría llegar a un consenso para hacer algunas modificaciones. Así las cosas, y usando prácticas del dueño del Ubérrimo, “al que no quiere Caldo, se le dan dos tazas” y como decían los abuelos “rabo que quiere Fuete el mismo lo anda buscando”, la orden de paro nacional debe continuar hasta que el señor presidente y todo su gobierno entienda que durante cuatro años, para desgracia de Colombia muchos ciudadanos hoy arrepentidos lo nombraron como el administrador de una hacienda que se llama Colombia y no Polombia, y no como el dueño y señor de la misma.

Bájese de esa nube doctor Iván Duque Márquez,  deponga su actitud de hijo de papi y gomelo busca pleitos,  porque el pueblo no aguanta más el derroche de los dineros del Estado, mientras bajo el argumento de favorecer a los más pobres usted pretende quitarle a la clase media los recursos que honestamente reciben por su trabajo.

Vale la pena resaltar que la reforma tributaria busca recaudar 25 billones de pesos anuales y los programas sociales cuestan 5 billones, es decir que el argumento de favorecer a los más pobres de nuestra patria se cae porque los números no cuadran.  

¡Viva el paro nacional!