Por: Carlos Eduardo Gómez

Una sociedad con pensamiento crítico, construye una democracia con criterios, que será dirigida por funcionarios con criterios orientados a hacer siempre lo correcto bajos los principios de la sana crítica, no solamente en la administración de justicia, sino en todos las instituciones del estado. La justicia es la columna donde descansa la paz de un país y donde se garantiza la libertad de una sociedad democrática, al resolver en una forma pacífica, civilizada los conflictos entre los particulares y entre estos y el estado.

Cuando esos criterios dejan de existir en la administración de justicia, está no será una garante de la paz ni de la libertad de una sociedad, será un símbolo de violencia y esclavitud para esa sociedad. Un estado tendrá instituciones fuertes cuando sus ciudadanos formen una sociedad con conciencia, entendiendo esta como la expresión máxima del criterio.

Solo así, se puede construir un contrato social con un acuerdo invisible sobre lo fundamental, donde el asociado haga o deje de hacer las cosas, no porque estén prohibidas o permitidas. Su actuar se deba a su conciencia de hacer o no hacer, porque él lo considera un comportamiento incorrecto. Además, tampoco las ejecuta porque nadie se va a enterar o lo va a saber.

Con el solo hecho que él lo sepa, le basta y le sobra, para no actuar incorrectamente. Lo anterior, es lo que diferencia una sociedad pacífica o violenta, un modelo de estado dictatorial, “esclavista", por ende, anti- democrático, o un estado democrático, libre, con igualdad y fraternidad.

Quien acuda a las emociones del votante, para imponer un modelo de estado, no es más que un anti-democrático, un dictador.

Desafortunadamente los emotivos son los que eligen al presidente, gobernadores, alcaldes, congresistas, diputados, concejales y ediles, después, se quejan de ellos, y llevando al país de lo malo a lo peor. Hay que votar con criterio, siempre entendiendo que lo malo de lo actual, es mejor que lo peor.