Adiós a Piero, la voz que cantó a los viejos, al pueblo y a la esperanza de una América Latina herida

El cantautor ítalo-argentino Piero De Benedictis falleció a los 81 años tras atravesar un delicado cuadro de salud. Autor de himnos populares como "Mi viejo" y "Para el pueblo lo que es del pueblo",

Adiós a Piero, la voz que cantó a los viejos, al pueblo y a la esperanza de una América Latina herida

Y es que la música popular latinoamericana perdió este miércoles a una de sus voces más entrañables. Piero De Benedictis, conocido artísticamente como Piero, murió a los 81 años en Buenos Aires, según confirmaron fuentes allegadas al artista, tras un prolongado deterioro de su estado de salud que lo había mantenido alejado de los escenarios en los últimos tiempos.

Con su partida se apaga una de las figuras más queridas de la canción de protesta y la balada social en el continente, un artista cuya obra logró algo que pocos consiguen: que una canción dedicada a un padre desconocido se convirtiera en el himno afectivo de millones de familias en toda América Latina.

De Galatone a Buenos Aires: el hijo de inmigrantes que encontró su voz
Piero nació el 19 de abril de 1945 en Galatone, un pequeño pueblo de la provincia de Lecce, en el sur de Italia. Siendo aún un niño, su familia emigró a la Argentina en busca de mejores oportunidades, como miles de italianos que en la posguerra cruzaron el Atlántico para instalarse en el conurbano bonaerense. Esa experiencia de desarraigo, de nostalgia y de esfuerzo silencioso marcaría para siempre su sensibilidad artística y alimentaría las letras que décadas más tarde lo harían famoso.

Desde muy joven mostró inclinación por la música y la poesía. A mediados de la década de 1960 comenzó a presentarse en peñas y pequeños escenarios de Buenos Aires, donde rápidamente llamó la atención por su voz cálida, su carisma escénico y una capacidad poco común para conectar con el público a través de historias cotidianas contadas con una honestidad desarmante.

"Mi viejo": la canción que lo cambió todo
En 1969, Piero grabó la canción que definiría su carrera y que trascendería todas las fronteras: "Mi viejo". La balada, dedicada a la figura paterna ausente y trabajadora, fue compuesta a partir de su propia historia familiar y de la de tantos hijos de inmigrantes que crecieron viendo a sus padres envejecer en silencio mientras sostenían el hogar con jornadas interminables de trabajo.

"Es un buen tipo mi viejo / y aunque nunca me ha dicho te quiero / yo sé de su amor todo entero", reza una de las estrofas más reconocibles de la música popular en español. La canción se convirtió en un fenómeno continental, fue versionada por decenas de artistas y se instaló de manera definitiva en la memoria sentimental de países tan diversos como México, Colombia, Chile, Venezuela y, por supuesto, la Argentina. Hasta el día de hoy, es una de las canciones más solicitadas en los funerales y homenajes familiares en toda la región.

La canción de protesta y el compromiso con su tiempo
Pero Piero fue mucho más que el autor de una balada familiar. En una época en que América Latina ardía bajo dictaduras militares, desigualdades profundas y movimientos sociales que reclamaban justicia, el cantautor abrazó la canción de protesta con la misma pasión con la que cantaba al amor y a la familia.

Temas como "Para el pueblo lo que es del pueblo", "Canción para mi América", "Copla de mi país" y "José siempre José" lo situaron entre los referentes de la nueva canción latinoamericana, junto a figuras como Víctor Jara, Mercedes Sosa, Violeta Parra y Daniel Viglietti. Sus letras denunciaban la pobreza, la represión y la injusticia social sin perder nunca la ternura ni la cercanía con el oyente común.

Esa dualidad —lo íntimo y lo colectivo, la balada y la protesta— fue precisamente lo que le permitió construir un público masivo y transversal, capaz de cantar sus canciones tanto en una manifestación estudiantil como en una reunión familiar de domingo.


Cuando la dictadura cívico-militar argentina se instaló en el poder en marzo de 1976, Piero, como tantos otros artistas e intelectuales, se vio obligado a abandonar el país. Su música había sido censurada, sus discos retirados de las disquerías y su nombre incluido en las listas negras del régimen.

Durante los años del exilio, el cantautor recorrió Latinoamérica y Europa, llevando su repertorio a escenarios de México, España, Francia, Italia y Centroamérica. Lejos de su tierra, su voz se convirtió en un puente emocional para los miles de argentinos dispersos por el mundo y en un símbolo de resistencia cultural contra el silencio impuesto por los militares.

Con el regreso de la democracia en 1983, Piero volvió a la Argentina y fue recibido con un fervor que demostró que el tiempo y la distancia no habían erosionado su vínculo con el público. Sus conciertos de regreso fueron multitudinarios y sus canciones volvieron a sonar en las radios como si nunca se hubieran ido.


A lo largo de más de cinco décadas de carrera, Piero grabó más de una treintena de discos, compuso cientos de canciones y realizó giras por prácticamente todos los países de habla hispana. Su repertorio incluye títulos tan recordados como "Si vos te vas", "Linda linda", "El trencito", "Juan Boliche" y "Canción de cuna para un gobernante", entre muchos otros.

Además de la música, incursionó en la televisión y el cine, participando en producciones que ampliaron su presencia mediática y le permitieron llegar a públicos que no necesariamente lo conocían por sus discos. Su imagen afable, su eterna sonrisa y su manera directa y coloquial de hablar con la gente lo convirtieron en una figura querida más allá del ámbito artístico.


En sus últimos años, Piero había reducido su actividad pública debido a problemas de salud que lo afectaron de manera progresiva. Aun así, su nombre seguía apareciendo en homenajes, festivales y tributos organizados por admiradores de todas las edades, muchos de los cuales ni siquiera habían nacido cuando él grabó sus canciones más célebres.

Esa vigencia es, quizás, la mejor medida de su legado. En un mundo donde la música se consume y se descarta a una velocidad vertiginosa, las canciones de Piero siguen sonando en las guitarras de los fogones, en los homenajes a los padres que ya no están y en las marchas de quienes todavía creen que la música puede ser una herramienta de transformación social.

"Mi viejo", "Para el pueblo lo que es del pueblo" y tantas otras ya no le pertenecen solo a él: son patrimonio de la memoria colectiva de un continente que encontró en su voz un espejo donde mirarse con dignidad, con dolor y, sobre todo, con esperanza.

Piero se fue, pero su canción sigue.